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LOS PROFESIONALES / UNIDAD DE VENENO DE LA GUARDIA CIVIL

 

Los “cazacebos” del Seprona: Tiétar, Hornos y Jhony

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Por Emerre IGLESIAS

En la Escuela Cinológica de la Guardia Civil ubicada en Madrid hay tres “agentes” caninos que son el “terror” de los cebos envenenados objetivo del Seprona. El guía encargado de la especialidad de cebos y guía de Tiétar, Dani Garrido, junto a sus dos compañeros, Julián Calles con Jhony y Manuel Taboada con Hornos, los ejercitan a diario, por lo que los canes tienen su trabajo totalmente mecanizado y no hay cebo escondido, ni en los más recónditos lugares, que se les resista.

Un día en la Escuela Cinológica de la Guardia Civil para Tiétar y Hornos, malinois, y Jhony, pastor alemán, se desarrolla entre los frondosos bosques madrileños de El Pardo. Estos tres “agentes” caninos preparados para “cazar” cualquier cebo envenenado usan poco los cheniles del centro cinológico, ya que suelen ir con sus respectivos guías a sus casas. Daniel vive en el interior de la Escuela, por lo que sus perros son prácticamente de los más “mimados” de la Guardia Civil. 

Llueva, salga el sol, nieve o el frío o la niebla invadan el monte, siempre que las condiciones climatológicas no sean extremas, los tres guías tienen una rutina preestablecida para entrenar con sus respectivos perros. “Trabajamos todas las prácticas como si fuera real. Uno del grupo saca un animal que tenemos congelado y ha muerto por cosas ajenas al veneno, como atropello, disparos, electricidad”, indica Daniel Fernández a LADRIDOS.

Estos cadáveres se los facilita el Centro de Recuperación de Madrid cada cierto tiempo y ellos los mantienen en un congelador. “Lo primero impregnamos el veneno que queremos que aprenda a buscar en gasas para cuidar el medio ambiente y evitar cualquier tipo de riesgo. Se lo colocamos en alguno de sus orificios naturales: ano, fosas nasales, boca...” Uno de los tres guías, normalmente el que no trabaja ese día, sale al bosque y lo esconde y “los demás a ciegas salimos a buscarlo. Para evitar que siga el rastro de nuestro olor residual, lo dejamos en un sitio y los compañeros van desde el otro lado con el coche, así el perro coge seguridad y confianza”. 

LADRIDOS acompaña a Dani y Tiétar a uno de sus ejercicios en un día cualquiera. “Acabo de sacar un hurón que fue atropellado en San Martín de Valdeiglesias. Le pongo una gasita en la boca con el olor que queremos detectar y vamos a colocarlo en un árbol en alto”.

venenoGraficoPor la parte trasera del edificio de la escuela subimos unos 150 metros y en la parte alta de un roble queda el hurón. Bajamos y recogemos a Tiétar que sale de su chenil con una energía envidiable. Rodeamos el monte y en una parte alejada de pinos lo suelta y le manda a buscar. Apenas podemos seguir su ritmo vertiginoso.

En menos de dos minutos, el pastor belga malinois está junto al roble ladrando a todo pulmón: veneno detectado. Recibe su premio: un mordedor que está estrenando, corre y salta de alegría alrededor de su guía. “El perro lleva siempre una campana, un pequeño cencerrito, sobre todo por las búsquedas en zona de matorral donde no hay contacto visual y así nos vamos guiando. Intentamos que no se alejen mucho, pero a veces tienen que dar la vuelta.

También para los sitios de ganado, para que les resulte más familiar y no los ahuyente, les da tranquilidad porque es el sonido de los perros de pastoreo”, matiza Dani.La forma de trabajar es diferente si el veneno es en zonas ganaderas o cinegéticas o, incluso, urbanas. “En el sector ganadero los cebos son muy grandes, medio cordero, una pata de vaca. En el cinegético es más pequeñito, los ejercicios son diferentes”. Ahora los tres perros son machos. “En episodios urbanos tenemos más problema con los machos, marcan y vuelven a marcar. La próxima remesa serán hembras”.

La unidad cinológica de cebos de la Guardia Civil trabaja siempre con venenos reales: “Muchos de estos fito-sanitarios están retirados por la UE y prohibidos, pero todavía hay excedentes. Hicimos un curso de manipulador cualificado para no tener ningún riesgo ni para las personas ni para el medio ambiente”. 

La salida de Tiétar, Jhony e Ibor siempre es con el Seprona. “Como unidad cinológica damos apoyo a otras unidades, no salimos de por sí, sólo cuando nos llaman. Dani, de cebos, siempre va con el Seprona, que es quien hace todas las gestiones”, indica a LADRIDOS el brigada del Centro Cinológico, Fernando Espronceda. 

“Aquí tenemos la base, hay varias especialidades. Todos los perros están aquí en la escuela, otras unidades hacen peticiones y nos movemos a cualquier sitio. En cebos ahora somos tres guías y tres perros y, a partir del año que viene, hemos introducido en cada comandancia un guía y un perro para que nos apoye, en concreto en Andalucía, Valencia, Galicia, Extremadura, Castilla La-Mancha y la zona del norte. A final de año los evaluaremos para ver si están operativos y empiecen a trabajar”, añade Garrido.


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