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La cárcel, una segunda oportunidad

 

 CarcelPereirodeAguiar


Por Elvira A.GAYO

La compañía de un perro ayuda a tratar problemas de afectividad y autoestima de la población reclusa. Más de 400 presos españoles participan en el programa Terapia Asistida Con Animales (TACA), que desarrollan desde 2008 la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias y la Fundación Affinity. La interacción con los perros participantes en este programa fomenta el sentido de responsabilidad de los internos, mejora sus relaciones sociales y reduce estados de ansiedad y depresión. 

Los perros se han convertido en un excelente aliado para los funcionarios de prisiones y para la población reclusa española. La Administración penitenciaria mantiene un innovador y exitoso programa de Terapia Asistida Con Animales, en el que las mascotas colaboran para el tratamiento de personas que están privadas de libertad. 

Princes y Rey trabajan en la prisión de Valdemoro, en Madrid. Peseta y Granuja lo hacen en la de Málaga. Son algunos de los perros que la Fundación Affinity tiene en prisiones. Un convenio entre Affinity y el Ministerio de Justicia protocolarizó estas funciones, estableció las condiciones que deben reunir las instalaciones, las garantías para los animales y qué corresponde a cada una de las partes.

Princes y Rey son dos perros, de unos seis años, procedentes de protectoras. La prisión ha sido para ellos una oportunidad, ahora son tan queridos que en el centro penitenciario presumen de tener una “pareja real”. Maribel Vila, de la Fundación Affinity explica a LADRIDOS que Rey es un perro enorme, uno de esos a los que cuesta encontrarle una familia, muy juguetón y muy grandote. Afortunadamente en estos momentos, “Princes y Rey tienen una calidad de vida extraordinaria, son muy queridos, están muy controlados, la educadora me envía vídeos cuando van con ellos al río, y les hemos podido dar una oportunidad de mejorar su vida”. Miguel fue uno de los presos de confianza encargado de su cuidado, cinco años después de salir la Fundación lo contactó, ahora está intentando montar una residencia canina, y “le propusimos volver a encontrarse con Princes y Rey, fue un momento muy intenso y emotivo cuando se encontraron”, relata Vila.

Otro ejemplo del fuerte vínculo que se crea con algunos perros fue con una pareja de bóxer en una prisión de Lleida. “Se criaron desde cachorros en prisión y un interno que había estado con ellos, cuando se fue del centro pidió llevárselos, porque no concebía vivir sin ellos, así que salió de allí con dos perros jubilados”, nos cuenta Maribel Vila.

La Secretaría General de Instituciones Penitenciarias afirma que la Terapia Asistida Con Animales (TACA) “ha demostrado ser de gran utilidad como complemento de programas de tratamiento destinados a internos con problemas de afectividad y autoestima” y que “proporciona un mayor sentido de sí mismo y de los otros”. En este sentido, indica que con esta terapia “el interno consigue integrarse más fácilmente en la dinámica del centro mejorando muy notablemente su cuidado personal y el de sus pertenencias”. “Los internos con mayores carencias afectivas y emocionales son los que tienen un mayor aprovechamiento del programa TACA (Terapia Asistida con Animales)”, señalan desde Instituciones Penitenciarias. 

En total, son 418 los internos que participan en este programa de Terapia Asistida con Animales. En cuanto al perfil, Instituciones Penitenciarias manifiesta que “va dirigida preferentemente a aquellos internos emocionalmente inestables, con baja autoestima, con problemas de adaptación y dificultades para controlar su conducta, con carencias afectivas y déficit de relaciones interpersonales e internos con patología psiquiátrica”.

Los perros no son presos

Por Maribel VILA, responsable de Terapias Asistidas por Animales de Compañía de la Fundación Affinity

-¿Qué valores aportan los perros a la reinserción? 

-Una prisión puede ser un lugar duro e impactante a nivel emocional y los perros pueden hacer una tarea muy importante, nos aceptan siempre, hayamos hecho lo que hayamos hecho nunca nos juzgará. Éste es un programa caro, por desgracia, pero que aporta muchísimo cuando hay una implicación grande por parte de la dirección. La persona que hoy está presa un día saldrá, así que nos interesa que salga lo mejor posible, por tanto, los perros pueden hacer un trabajo maravilloso en las prisiones.

-¿Cómo viven estos perros? 

-Viven en el centro penitenciario, pero no son presos. Salen de manera regular, por ejemplo, en el centro de Valdemoro, en Madrid, una educadora acompañada de presos de confianza los llevan al río todos los viernes. En otro centro penitenciario, se los llevaron quince días a hacer el Camino de Santiago. También hay muchos funcionarios que se los llevan los fines de semana. Nosotros insistimos en que no están presos y deben tener la vida lo más normalizada posible.

-¿Trabajáis con alguna raza?

-Al principio se trabajaba con labradores o golden, pero en los últimos años son también animales de protectoras, tras una buena selección y un adiestrador profesional se encarga de enseñar a internos y profesionales de prisiones a manejar y educar a los animales. Así se ayuda a presos y a perros abandonados.

-¿Cómo trabajan los perros?

-De dos formas. Por una parte, están los llamados presos de confianza, que se ocupan de atender a los perros, los sacan del lugar donde duermen, asean su espacio, se ocupan de darles medicación si la necesitan, como ocurre con un perrito que tiene diabetes, ellos están pendientes, siempre bajo la supervisión de un profesional de la prisión al que se ha dado formación y que acostumbran a ser psicólogos o educadores. En otros casos, el educador o psicólogo utilizan a los perros como herramienta terapéutica. Con los perros uno puede permitirse expresar emociones, ser tierno y cariñoso con ellos. Muchas veces he visto hombres grandotes, que parecen serios y duros decirles “ven aquí, chiquitín...”, no sé si en otra circunstancia hablaría así. 

-¿Qué presos se benefician de estas terapias?

-El grupo varía porque los internos se van, cambian de prisión, de módulo o ingresan. La Junta terapéutica, que forman psicólogos, juristas y funcionarios, es la que decide a quien le conviene más usar la terapia con perros, algo muy codiciado. 

-¿Los perros son siempre los mismos?

-Sí, aunque por ejemplo el centro penitenciario de Villabona, en Asturias, llegó a un convenio con la protectora de la zona y trabajan también con perros que tienen miedos o fueron maltratados. Los internos y los perros de la Fundación, que son muy tranquilos, les ayudan, les enseñan a perder el miedo y, cuando consideran que se han recuperado, pasados seis o nueve meses, vuelven a la protectora y entra uno nuevo.

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