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Laboratorios: caldo de experimentación con perros

 

IrenecuestaRabiaDatos

Infografía: Irene Cuesta / Cnic

 

Por Emerre IGLESIAS

Si hay una raza canina que lidera la experimentación con animales en laboratorios esa es la de los beagles. Según los resúmenes no técnicos de los proyectos en marcha publicados por el Ministerio de Agricultura, Mapama, a los que ha tenido acceso LADRIDOS, sólo durante ese año se ha podido llegar a eutanasiar más de doscientos perros de esta raza tras ser utilizados en experimentos y las cifras previstas para los próximos años son similares.

Proyectos de investigación como el efecto de un nuevo fármaco antihemorrágico (etamsulat); la toxicidad de un producto de ensayo; la eficacia y la dosis mínina de una nueva sustancia para la reparación de inestabilidades vertebrales; la tolerancia a un implante dental; la cicatrización temprana y tardía en un proceso de regeneración ósea o la respuesta ante una infección con Leishmania para buscar una vacuna, son estudios de experimentación en laboratorios que utilizan perros para las pruebas

Aunque los ratones son los animales más usados en laboratorios, y los que hasta ahora han proporcionado más cantidad y más valiosa información sobre el mal funcionamiento de los genes humanos, como por ejemplo los que provocan las enfermedades raras, y son los ejemplares por excelencia para testar los nuevos fármacos cuando son descubiertos,  a realidad es que antes de que estas medicinas puedan usarse en humanos deben probarse en al menos otra especie de mamíferos ya que así lo exige la Agencia Europea del Medicamento. Y aquí es donde entran los perros, ya que son los elegidos generalmente para esta etapa. Esto significa que en muchas ocasiones hay que inocularle la enfermedad para observar la efectividad del fármaco.

En muchos de los proyectos autorizados por las consejerías de Medio Ambiente, Agricultura o Sanidad de las diferentes comunidades autónomas y publicados por el Mapama, los investigadores utilizan, junto a perros sanos a los que inoculan la enfermedad, otro grupo de perros sanos  denominados de control. Para que el proyecto reciba la autorización final y comience a realizarse debe especificar con total claridad las razones por las que es imprescindible usar animales y no otras técnicas, el número de animales que va a participar, cuáles son las consecuencias previstas y los daños que pueden sufrir así como el destino final de estos perros.

La experimentación con animales se rige en Europa, donde hay una legislación que cuida hasta el extremo el bienestar animal, por el principio de las tres erres: reemplazo, reducción y refinamiento. Es decir, reemplazar siempre que se pueda el uso del animal por otras alternativas que lleven a los mismos resultados y no usen animales; reducir al mínimo posible el número de ejemplares usados en la investigación y garantizar que los animales sufran lo menos posible y una mejora de sus condiciones de vida junto a una clasificación muy delimitada de la severidad de los procesos. 

En la mayoría de los experimentos en laboratorios, los animales son eutanasiados al final para recoger muestras y hacer los estudios pertinentes. En el caso de los perros, en algunas ocasiones no es así y pueden cederse a protectoras para su adopción. En los proyectos en marcha que hay en la actualidad, según el Mapama, hay varios que contemplan esta oportunidad, pero son un porcentaje pequeño. Por ejemplo, el  trabajo para determinar la respuesta inmunitaria de la proteina BNT005 para el posible desarrollo de una vacuna ante la Lesihmania, de un año de duración, utiliza 25 perros de experimentación de la raza beagle que al final de la investigación serán dados en adopción. Pero por cada trabajo en el que los animales siguen vivos hay diez en los que perros, casi todos beagle, son eutanasiados o por los daños severos o para recoger muestras y estudiarlas. 

Según cálculos a partir de los proyectos publicados, unos dos centenares de beagles han sido sacrificados en 2017 después de haber experimentado con ellos.  

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El informe sobre usos de animales de experimentación realizado por el Mapama indica que en 2016 se utilizaron perros 1.083 veces (algunos fueron reutilizados por lo que no es posible saber el número de canes) lo que representa el 0,12% del total, muy lejos del 58,82% de ratones, los más usados. Con respecto a la severidad de los usos de los animales, un 52,48 corresponde a usos leves; frente a un 8,12% de severos, que se mantienen en cuanto a porcentaje con respecto a 2015; un 33,93% de usos moderados y 5,47% de usos sin recuperación. 

COSCE: ¿compromiso de transparencia? 

La Confederación de Sociedades Científicas de España (Cosce), que integra a más de 40.000 investigadores, ha promovido un acuerdo de transparencia sobre el uso de animales en experimentación científica coordinado por Juan Lerma, quien indica que “la información sobre la experimentación con animales ha de facilitar la comprensión precisa sobre los beneficios, perjuicios y limitaciones que puede conllevar este tipo de investigaciones”. El acuerdo parte de la base de que “el uso de animales en investigación es vital para el avance de la medicina y la veterinaria, para continuar mejorando la salud humana y animal”. Según Lerma: “No es cierto que existan métodos alternativos para todo. Un  organismo vivo presenta una enorme complejidad, la que deseamos analizar, y aún no existe una forma de sustituirlo al 100%”. Aunque el acuerdo contempla entre sus compromisos hablar con claridad sobre cuándo, cómo y por qué o proporcionar información adecuada a los medios de comunicación, LADRIDOS se puso en contacto con COSCE vía tlf y e-mail y no facilitaron la información demandada.

Proyectos de experimentación animal publicados por el Mapama

 

Proyectos de experimentación animal publicados por el Mapama

 

 

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