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El medio natural sufre con los perros incontrolados

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Los “perros incontrolados”, perros con propietarios que, en presencia o no de los mismos, vagan sin control por zonas rurales y naturales, provocan un serio e infravalorado problema ambiental. Los propietarios tenemos una responsabilidad directa en la educación y control de nuestros perros. Vivamos en zona rural, o acudamos a zonas naturales para nuestro esparcimiento, próximas o no de nuestros domicilio urbanos, debemos ser conscientes de que los perros no pueden vagar de forma incontrolada por el medio natural, y de que las interacciones que pueden acontecer con otras especies domesticas y/o silvestres es posible que finalicen en problemas para las mismas, dañando la convivencia con la población local, dedicada a la actividad agropecuaria.

POR Gonzalo Palomero García. Técnico Ambiental en el Medio Natural
Las zonas periurbanas y el entorno de las urbanizaciones situadas entre poblaciones, en ocasiones colindantes a ecosistemas naturales relevantes, se han convertido en áreas de esparcimiento de propietarios de perros urbanos; es aquí donde surgen los mayores conflictos relacionados con el respeto a la propiedad privada y a los valores naturales.
La afluencia de personas a entornos naturales ha ido en aumento. Existen múltiples formas de acercarse a la naturaleza para disfrutar del tiempo libre o de practicar deportes y actividades al aire libre, bien de forma individual, en pequeños grupos u organizadas en eventos. Y cómo no, donde está presente el ser humano, están también sus compañeros caninos compartiendo el ocio. Las propias administraciones fomentan el turismo rural y la afluencia a la red de espacios naturales protegidos.
Los perfiles de propietarios de perros urbanos y rurales son variopintos. Generalmente la gente atiende correctamente a sus perros, pero lamentablemente en algunas zonas rurales hay asignaturas pendientes en cuanto a estado sanitario, registro legal y control de la población de perros. Dentro de los casuística de perros incontrolados, aparecen también perros de caza y perros ganaderos, que ejercen su actividad de forma irregular.
Durante muchos años de profesión como Agente del Medio Natural en Asturias y Cantabria he observado numerosos daños que los perros incontrolados realizan al medio natural. Daños en huertas y cultivos, problemas en gestaciones, heridas y muerte de ganado doméstico, grandes escarbaduras en sistemas dunares o turberas en recuperación, pisoteo y arranque de flora amenazada, persecución y/o muerte de mamíferos silvestres, perturbación de especies en peligro de extinción, molestias a mamíferos marinos varados, destrucción de nidos, molestias a aves migratorias en zonas de reposo y alimentación, muerte de reptiles, alteración de pequeñas áreas de reproducción de anfibios...
Los daños a prados y cultivos, las molestias, ataques y muertes provocadas por perros incontrolados a la ganadería doméstica de forma reiterada, bien por desconocimiento o por irresponsabilidad de algunos propietarios de perros, originan como es lógico enfrentamiento con los propietarios de los terrenos y del ganado afectado, generándose problemas sanitarios (por ejemplo, parasitosis en ganado por heces de perros no saneados, que han defecado en sus pastos) y conflictos innecesarios, que en algunos casos han sido origen de de acciones delictivas injustificables, como es el uso de veneno.
Los perros incontrolados actúan en solitario o en grupo, uniéndose en ocasiones perros de diferentes casas y/o poblaciones. Pueden provocar desastres delante de sus propietarios o a kilómetros de distancia. Los daños producidos a la ganadería generan o aumentan conflictos en la gestión de especies silvestres como el lobo ibérico, Canis lupus signatus, animal al que frecuentemente pretenden atribuir daños que no ha cometido. La presencia de estos canes es, además, un factor de riesgo de pérdida de diversidad genética de la citada especie, al haberse constatado ya varios casos de hibridación entre lobos y perros.
De forma indirecta con sus acciones incontroladas sobre la fauna pueden provocar otro tipo de daños: los accidentes de tráfico durante las persecuciones de perros a ungulados silvestres, frecuentemente a corzos que al verse acosados por los perros, acaban cruzando las carreteras pudiendo ser atropellados con la peligrosidad para la seguridad vial.
Un perro controlado, no implica un perro recluido, al que se le saca de paseo únicamente atado. Es un tema de sentido común, respeto a los demás y cumplimiento de las normas. Los perros pueden y deben disfrutar de la naturaleza, lo que no implica que tengan que destruirla. Según la Normativa aplicable en cada lugar, el perro podrá ir suelto pero controlado o deberá ir atado.
Según el caso y naturaleza de los daños que pueda causar el perro, además de los establecido en el Código Civil y el Penal, puede ser aplicable legislación específica en materia de conservación de la naturaleza u otra normativa que haga referencia específica al acceso y tránsito de perros por determinadas zonas naturales. Hay que consultar la normativa de los espacios naturales protegidos que se pretenda visitar, la legislación autonómica en materia de caza (sea el perro o no de caza) y la normativa de las zonas litorales.
Si somos objetivos analizando las acciones de nuestros perros y nuestras reacciones al respecto, tal vez disminuyan las personas que opinen que es una simple travesura que nuestro perro cada dos por tres aparezca con un lagarto en la boca, corra las ovejas del vecino o merodee a su antojo por los montes, molestando a la fauna silvestre.
El resumen es sencillo: “propietarios educados y responsables = perros educados y controlados = perros libres”.

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