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Un vínculo destrozado por el afán de cría

BorjaySimba

Esta sección surgió para contar historias de perros concretos, para dar voz a los que, generalmente en el anonimato, son extraordinarios en algo. Deben ser narraciones agradables, o por lo menos, con finales felices. Pero en esta ocasión rompemos el molde y no podemos por menos que relatar una historia que, por el momento, ha caído en un final triste y doloroso. Una situación farragosa en la que se mezclan criadores, cesiones, clubs caninos, adiestradores, guías… que ha finalizado arrancando a Simba, malinois de dos años, de su familia, la que conoció cuando tenía sólo 60 días y con la que ha convivido estos dos años...

Por Emerre IGLESIAS

Cuando nació, de la mano de un criador malagueño, acabó “cedida” al dueño de un club canino de Jerez para que la socializara y creciera entre obediencias y comandos de educación. El dueño del club, a su vez, se la cedió a uno de sus compañeros, el adiestrador Borja Villanueva, para que se encargara de ella y la cuidase en su casa sin, en ningún momento, hablar nada de que ya era una perra cedida por un criador.

Borja se la llevó a su casa y Simba enseguida se ganó el corazón de todos, niños y mayores. Fue una más de la familia, y creó un vínculo especial con Borja. Ya no se separó de él en ningún momento. Allá dónde iba Borja se veía a Simba. Comenzó su aprendizaje y despuntó en competición deportiva canina. Aunque en realidad en lo que despuntó fue en la mirada especial que siempre le lanzaba a su guía, en su vínculo como ninguno que les unía y que nunca paró de crecer. Llamaba la atención por dónde iban. Yo la ví en una competición canina y enseguida el objetivo de mi cámara se dirigió a ella. Saltaba, le abraza, le dedicaba miradas, no perdía compás de su guía y sus ojos derrochaban un equilibrio y felicidad como casi nunca vi en un perro.

Pero esta serenidad contrastaba con el intento de disimulo de un gesto de preocupación de Borja: se acababa de enterar que era una perra cedida y que el criador la reclamaba, seguramente para ponerla a criar y aprovechar la impresionante genética que tiene.

Borja le daba vueltas a la cabeza, buscaba, sin salir de su asombro, cómo encontrar una solución, qué inventar o qué hacer para evitar lo inevitable: tener que entregar a Simba. Por 24 horas aparcó el “problema” y compitieron juntos en el Grado 2 de las pruebas TI de la Copa Master en Illescas. Su grado de complicidad destacó en los ejercicios, y Simba subió al pódium. El último pódium que compartirán, por lo menos de momento.

Todo pasó rápido, y casi sin tiempo a reaccionar, Villanueva tuvo que entregar a Simba en un centro canino donde se supone que el criador la recogería al día siguiente. De nada sirvieron sus ruegos de poder quedársela, de ofrecerle un acuerdo económico o como fuese para no tener que abandonarla. Mientras que se alejaba la oía saltando y ladrando en la valla pidiendo que no la dejase. El corazón de Borja se rompió. Pero aún le quedaba un segundo mal trago: llegar a su casa sin ella y enfrentarse a los llantos y miradas perdidas de sus hijos.

El futuro de Simba pasará por criar, quizás una y otra vez, y mientras vivir en una jaula a la espera de ser montada de nuevo. Borja siente que la ha abandonado, y asegura que pasarán años hasta que toda la familia pueda superarlo, si es que ese momento llega. El único rayo de esperanza son las últimas palabras del criador malagueño: “tú tráemela, yo la tengo unos días y luego vemos”. ¿Tendrá Simba una nueva oportunidad con su familia? ¿Tendrá su familia una nueva oportunidad de disfrutar de Simba? Todo está abierto, pero una lección se aprende: no todos los criadores son iguales, y como dice Borja: hay criadores y criadores, los que buscan sólo el dinero y los que realmente se preocupan por los animales. ¿Cuántos hay de éstos últimos? ¿Con cuántos os habéis cruzado? Con los dedos de la mano se pueden contar.

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