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SOS... ¡mi perro es reactivo!

 

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(Información facilitada por ANACP)
Por Marcos Ibañez, Takoda

Cuando se habla de perros reactivos, habitualmente se trasmite la idea de ser un perro agresivo de baja intensidad. Pese a que ciertas respuestas reactivas están muy relacionadas con la agresión, esta visión está sesgando de forma peligrosa la imagen que socialmente se tiene de perros “reactivos”, dificulta su integración social y además de aplicar tratamientos erróneos.
En mi artículo publicado en la web de formacionescaninas.es, explico las diferencias esenciales entre reactividad y agresividad. El siguiente es una ampliación para ayudar a entender este confuso término y permitir un mejor pronóstico y tratamiento.
Lo que entendemos por reactividad, a nivel químico o emocional, es ejercer una acción relevante ante la presencia de un componente. El cuerpo del perro “reacciona” ante el entorno sobre el cual intenta adaptarse (estímulos externos). Así, el sistema nervioso autónomo permite a los animales responder eficazmente a los estímulos de los desafíos cotidianos a través de cambios (Ej: la frecuencia cardíaca y respiratoria).
La reacción en parámetros “normales” no es problema. Se considerará “reactivo” si responde de forma “intensamente fuera de lo normal” y con una reacción “no adaptada y exagerada”. El uso del término “perro reactivo”, puede también confundirse como “perro sensible a” o “perro influido por”. Por ejemplo, Ádám Miklósi y su equipo, realizaron este año un estudio titulado  “reactividad emocional de los perros”, para probar la empatía y determinar si los perros son sensibles a los estados emocionales y “reaccionan” en consecuencia. En nuestro caso (modificación de conducta), el término “reactividad en perros”  se centra en las conductas problemáticas que requieren la aplicación de estrategias de trabajo para su mejora conductual.
“Perro reactivo” debemos asociarlo a la idea de “hiperreactivo”,”excitación emocional” o bien un perro cuya conducta es “exagerada” debido a un “estado emocional intenso” que activa el sistema para afrontar una situación desconocida o que no sabe gestionar y puede ser amenazante.
Los perros se vuelven “reactivos” por muchas de razones, entre las que destacaríamos querer saludar a otros perros de forma efusiva junto con una mala gestión del propietario, tener miedo de otros perros o personas, sentirse abrumados por una emoción o la frustración, así como por la utilización de técnicas duras por parte del guía o propietario.
El perro reactivo (incapacidad de adaptarse a la situación) se ve afectado por el ambiente, siendo habituales cuatro tipos de “reacciones” por inadaptación al entorno: Físico, reacciona a ruidos, olores, clima, etc; Social humano, reacciona a las  personas;  Social canino, reacciona ante perros y aprendido/asociado, reacciona por aprendizaje inculcado por el propietario, por ejemplo por una mala gestión en una fase inicial durante las primeras veces que sale a pasear, o por utilizar de forma errónea la correa, lo que condiciona al perro.
Destacar que existen ciertas razas, o individuos muestran cierta predisposición genética hacia conductas reactivas, siendo más reactivos que otros expuestos a las mismas circunstancias.
En nuestro programa formativo AMCLIDER, doy detalles de estudios científicos donde se ven reflejados las razas más sensibles, aunque no solo en perros ocurre esto. Un estudio llevado a cabo por un equipo de científicos de la Universidad Northwestern (EE.UU.) y  la Universidad de Ginebra (Suiza) determinó que la reactividad emocional depende del ADN. “Las personas con alelos cortos pueden florecer en un ambiente positivo y sufrir en uno negativo, mientras que las personas con alelos largos son menos sensibles a las condiciones ambientales”, explicó Claudia M. Haase.
El perro “reactivo” suele mostrar conductas asociadas que solemos etiquetar como hiperexcitación, ladrido excesivo, hipervigilantes, muy nerviosos, incapacidad de calmarse, hiperpreocupados, baja frustración, ansioso, así como erróneamente “agresivo”. Es un problema que debe ser tratado, sino evolucionará hacia otros estados, como puede ser “miedo”, “ansiedad”, “bloqueo” inclusive la temida “agresividad”.
En cuanto a la planificación de trabajo, para un perro “reactivo” no hay soluciones rápidas. Pese a que existen profesionales que anuncian soluciones milagrosas en minutos, estamos hablando de un problema emocional.
Mediante técnicas duras y de imposición, con golpes, amenazas e incluso collares diseñados para hacer daño (ahorque, púas, descarga), lo que se hace es cohibir temporalmente la respuesta, pero es tan solo temporal. Celebridades como Skinner ya nos advertían del lado oscuro y poco duradero de estas estrategias.
Además, existe una relación directa entre reactividad y técnicas duras,  ya  que el perro focaliza su atención en la agresión sufrida, el dolor, malestar, lo dañino de la situación que vive, y no en buscar soluciones. Aunque  parece que estas técnicas  funcionan, la experiencia y la ciencia nos demuestran que son el origen de muchos de los problemas de conducta actuales.
La reacción emocional que pretendemos cambiar está vinculada a conexiones neuronales y el trabajo para la creación de nuevas y adaptadas conexiones neuronales no suele ser un proceso inmediato. Hay que entender el estado emocional del perro y desarrollar estrategias y técnicas que le ayuden a gestionar el entorno de forma adecuada.

TÉCNICAS DE TRABAJO.

-Contracondicionamiento
En muchos casos, la respuesta reactiva es por la mala gestión de los propietarios. El caso típico es el mal manejo de la correa. En la calle el perro se emociona y el propietario erróneamente intenta solucionar la situación con golpes, enfados y/o tirones de correa. Esto es más habitual de lo que creemos, y es una de las principales fuentes generadoras de reactividad en la calle. Se puede realizar una conducta alternativa mediantes técnicas de educación o adiestramiento amable. Una forma sencilla, solo útil en casos de perros de baja reactividad en el paseo, es relacionar la presencia del foco de reactividad con comida. Suele ser fácil de aplicar por los propietarios y tiene buenos resultados con muchos perros.  
-Descompresión
Es una de las primeras estrategias que podemos aplicar de forma sencilla, inclusive por particulares. Consiste en retirarle de las zonas que le generan el estallido. Si la reactividad se debe al exceso de “presión” del entorno, lo que haremos es suavizar este entorno. Por ejemplo, si el problema está en el exterior, podemos mejorar la entrada de ruidos al hogar, evitando así la exposición del perro. En el paseo, sería clave buscar zonas tranquilas o agradables.
-Enriquecimiento del entorno
Enriquecer el entorno en el que vive con cosas agradables. Existen infinidad de juguetes que ayudan a que se lo pasen bien, como pueden ser los tipo Kong y sus derivados.
-Natural Leash Connection ©
Si el problema está en el paseo, es importante conocer nuevas estrategias de paseo amables que ayuden a pasear de forma correcta y placentera. Existen diversos sistemas para hacer que el perro no tire de la correa, como el quedarse quieto cuando estiran, cambiar de dirección o irles dando algo de comer mientras caminamos, pero todos ellos suelen ser insuficientes para perros que muestran reactividad elevada. Para ello existe un sistema, creado por Marcos J. Ibáñez & Miriam Perera, que consiste en establecer una conexión afectiva en el paseo, donde el conjunto de elementos que conforman el paseo son claves.
-Exposición gradual
Una vez conseguidos los pasos anteriores, podemos realizar exposiciones graduales, exponiendo al perro justo antes del umbral reactivo. Es relevante tener en cuenta las señales de fluencia de Baja reactividad, poniendo especial énfasis en las señales de control, y evitando las defensivas.
-AMCLíder para perros reactivos
En casos donde todo esto  no es suficiente, la recomendación es o buscar ayuda profesional, o evolucionar hacia un sistema avanzado de modificación de conducta moderno y de verdadera gestión emocional. El AMCLíder es la formación más avanzada y de mayor contenido en la materia de modificación de conducta que se está realizando en nuestro país (más de 1000 horas formativas), y está acreditado por la ANACP en el programa único de “Expertos en modificación de conducta Canina”. Se trabaja la reactividad en perros mediante la sanación emocional y la creación de nuevas conexiones neuronales que no solo mejoran la conducta, sino que mejoran la calidad de vida del perro, su bienestar y relación social y familiar.

Marcos J. Ibáñez; Experto Internacional en Comunicación y Modificación de Conducta Canina; Creador del método AMCLider®©; Author & Speaker & Professor; www.takoda.es. Protegido con Copyright: ©: 1709243588182

 

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