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El cartero no llama dos veces

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Los propietarios americanos con perros sueltos no recibirán la visita de los trabajadores postales y tendrán que recoger sus envíos en la oficina. El pasado año 6.244 carteros americanos fueron atacados por perros cuando estaban desarrollando su trabajo. La oficina federal considera que estas cifras, aunque suponen una disminución de alrededor de 500 con respecto al año anterior, son inaceptables y ha implementado sus sistemas de seguridad con tecnología que alerta a los carteros si hay riesgo de ataque, exigiendo a los receptores que informen si hay algún perro en su casa y pidiendo a los clientes que recojan los envíos en las oficinas de correos mientras que haya un can suelto en su vivienda.

Por M. ARAMBARRI

USPS, el Servicio Postal de EE UU, también lanza unos consejos a los propietarios de mascotas centrados en que tengan controlados en todo momento al can cuando llegue el mensajero con los envíos.
Linda De Carlo, directora de seguridad del Servicio Postal de EE UU, a la vez que ha mostrado su satisfacción por la reducción de ataques ha hecho hincapié en que los “totales de ataques siguen siendo muy altos para nosotros. Con la educación de propietarios, preparación ante mordeduras de perros y avance en tecnología para alertar si hay perros sueltos en las zonas de entrega, podremos mantener a más personas a salvo y los ataques a la baja”, matiza.
DeCarlo destaca las medidas de seguridad en marcha de USPS que alertan a los carteros sobre los perros en sus rutas de entrega. La aplicación de Recogida de paquetes en usps.com solicita a los clientes que indiquen si hay canes en sus direcciones cuando programan recogidas de paquetes. Esta información se proporciona a los transportistas en sus escáneres de entrega que envían alertas cuando les llegue la notificación de un perro desatado en un área de entrega.
“Los escáneres que usan nuestros operadores para confirmar la entrega de un cliente incluyen una función para que indiquen la presencia de un perro en una dirección individual”, dijo DeCarlo. “Esta información particularmente es útil para los transportistas sustitutos que reemplazan a los carteros regulares en sus días libres”.
El Servicio Postal tiene la seguridad de sus empleados como una prioridad, por lo que si un transportista se siente amenazado por un perro, o si un perro está suelto o desatado, se le puede pedir al dueño que recoja el correo en una oficina de correos hasta que se asegure que la mascota ha sido retenida. También si un perro vaga por el vecindario, a los vecinos del dueño de la mascota también se les puede pedir que recojan su correo en la oficina de correos del área.
En cuanto a los consejos a los ciudadanos, la empresa de correos americana recomienda a los dueños que cuando un transportista llegue para entregar correo o paquetes a la puerta de entrada, coloque a su perro en una habitación separada y cierre esa puerta antes de abrir la de la calle. Como algunos perros irrumpen a través de puertas con mosquiteras o ventanas de vidrio para atacar a los visitantes, solicita que se mantenga asegurada la mascota de la familia.
Esto no es suficiente para un servicio que tradicionalmente es objeto de cómics y viñetas de perros corriendo detrás de los carteros o mordiéndoles en cualquier parte del cuerpo, especialmente el trasero. También recuerda que nadie de la familia debe salir a recibir el paquete del funcionario con la mascota de la familia y pide a los padres que se lo inculquen a sus hijos “ya que el can puede ver a la persona que entrega el correo a uno de los miembro de la familia como un gesto amenazante y acabar atacando”

Educar al can, la solución

Los educadores caninos coinciden en la necesidad de educar al can para evitar estas situaciones.  Según Eduardo Ortega, de E-dog Educación Canina, los perros ladran al cartero un día sí y otro también porque “los sujetos víctimas de los ladridos se marchan acto seguido. La expulsión del intruso resulta autorreforzante para la conducta del perro. Acción-reacción
Para el adiestrador “La reiteración en el tiempo de un mismo resultado graba a fuego en la cabeza del perro que es él quien hace que la gente y los otros perros se alejen. Y descubre que hay algo que hace bien… expulsar a gente, aunque ésta se fuese por voluntad propia”.
Una de las formas de corregir esta conducta es, según Ortega, por “extinción”. “El dueño pide a la ‘víctima’ de los ladridos que se quede quieta, de pie, allá donde sea factible que el perro sienta sus presencias (pero de forma segura para todos). Podremos permanecer junto a él hablando tranquilos. Si nadie reacciona tal y como el perro espera que suceda, acabará por frustrarse y será él, por primera vez, quien se aleje. Será inmediatamente entonces cuando el extraño se marche y nosotros premiaremos también inmediatamente al perro por la conclusión que ha tomado. Este consejo es aplicable siempre y cuando no haya peligro de que el animal abandone su territorio para acudir a “dejar más claras” sus peticiones de que nos vayamos. Hablamos de perros domésticos, que de pronto se hacen cada vez más ladradores”.

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