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Estos son los síntomas que pueden indicar que un gato sufre leucemia 

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La leucemia es una enfermedad contagiosa que ataca directamente al sistema inmunitario, dejando a nuestro gato con las defensas por los suelos. Así, cualquier pequeña enfermedad que de por sí la superaría, aquí es un grave problema si no se trata a tiempo. La forma de contagio es por contacto directo, usar el mismo comedero, por mordiscos o a través de la leche materna

Por E. MUÑOZ

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La leucemia felina (FeLV) es una enfermedad preocupante, sobre todo, porque en muchos gatos pasa totalmente desapercibida durante meses o años, parecen sanos antes de comenzar a mostrar signos de enfermedad.
La FeLV debilita el sistema inmunitario y puede favorecer infecciones, anemia e incluso algunos tipos de cáncer. Se puede transmitir cuando hay contacto entre gatos y uno de ellos ya tiene leucemia. Puede ser mientras se acicalan (recordemos que los gatos son extremadamente cuidadosos con su pelo y patas), por compartir comedero común, por una mordida en alguna pelea, por contacto con orina o heces contaminadas o simplemente porque la madre se los transmita a sus crías.
Supongamos que nuestro gato ha contraído la FeLV, ¿qué síntomas puede presentar? Van desde fiebre recurrente, pérdida de apetito, decaimiento, bajada de peso, deterioro o caída de pelo, inflamación de los ganglios linfáticos, anemia, lenta recuperación de las enfermedades… entre otras.
Mal pinta esta enfermedad, pero si hay algo positivo es que aún con ella puede vivir muchos años con una calidad de vida aceptable, siempre y cuando reciban una atención veterinaria adecuada, con sus correspondientes controles rutinarios y que permanezcan en un ambiente seguro.
Pero vayamos por partes. Siempre se ha dicho que es mejor prevenir que curar, por ello lo importante es ir realizando pruebas diagnósticas para detectar algún síntoma relevante; vacunar a nuestro minino si sabemos que sale a la calle y puede mantener contacto con otros congéneres; por supuesto, evitar el contacto con otros gatos infectados; y lo más seguro: mantener a nuestra mascota dentro de casa.
Los especialistas en conducta felina destacan que una acción tan simple como observar el exterior desde una ventana puede ser muy valiosa, ya que favorece su estimulación mental y contribuye a su bienestar, especialmente en aquellos que viven exclusivamente en interiores.
La leucemia felina sigue siendo una de las enfermedades infecciosas más importantes en medicina felina, por lo que una buena información sobre la misma y la prevención serán las que nos ayuden a adelantarnos en su posible transmisión o en su futuro tratamiento.
Si la infección de nuestra mascota ya se ha producido, los síntomas pueden tardar en aparecer desde unos cuantos meses hasta varios años. En cuanto los síntomas aparezcan, la calidad de los cuidados y el tratamiento médico que se le proporcione serán los que faciliten una mejora en su estado de salud y en su bienestar general.
Todo esto, como se insiste desde los veterinarios, hay que ponerlo en manos de especialistas en cuanto se aprecie algún síntoma de los ya comentados para que el especialista pueda realizar un diagnóstico y pautar un tratamiento.

El proceso
El virus de la leucemia felina (FeLV) forma parte de la misma familia de virus que el de la inmunodeficiencia felina (FIV). Por ello, uno de sus efectos más comunes también es la inmunosupresión. Esto significa que el virus lo que hace es atacar a las células del sistema inmunitario, con el consecuente deterioro y eliminación de las mismas. El virus, al afectar a las células del sistema inmunitario, provoca su deterioro y eliminación, dejando a nuestra mascota desprotegida ante cualquier otro virus, infección o enfermedad.
Para su localización, es necesario utilizar kits de diagnóstico con el fin de detectar proteínas virales en la sangre de los gatos infectados. Los signos clínicos de la infección por FIV son muy similares a los del FeLV, por lo que puede provocar dar lugar a confusión y aparición de falsos negativos o positivos. Por ello, es importante realizar los test apropiados en cada momento y tener en cuenta las diferentes fases de la leucemia felina.
Durante la fase de viremia se produce la replicación del virus en ganglios regionales y una posterior viremia. Es entonces cuando pueden aparecer algunos síntomas como la letargia, la anorexia, la linfadenopatía y la leucopenia transitoria.

 

En la fase asintomática no suele haber signos de enfermedad ya que, aunque la carga viral puede llegar a reducirse, la viremia no desaparece. Por ello, en esta fase la infección viral aumenta y se produce un deterioro continuo y consciente del sistema inmunitario.
Y en fase de inmunodeficiencia conlleva una bajada importante del número de linfocitos T CD4+/ CD8+. Como consecuencia, una vez llegado aquí, puede dar lugar al desarrollo del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA).

Los datos
3 fases presenta esta enfermedad y cada una requiere una actuación distinta

(Páginas 34 y 35)

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