Acercarse a olfatear tras unos barrotes puede darnos un susto

La Instructora Canina en Operaciones de Seguridad y Protección Civil, Margot Matas, de MargotCans, alerta sobre el peligro que supone dejar a nuestro perro olfatear a través de barrotes de una valla. Después de que Thor, su perro, sufriera una agresión saca una sencilla enseñanza: “No demos por hecho que detrás de una verja no hay peligro, adelantémonos antes de llegar a este tipo de viviendas”. En los paseos con nuestro perro hay que anticiparse a los riesgos y no dar por sentado que detrás de una verja no hay nadie ni ningún animal
Por Margot MATAS
Todo sucedió en apenas un segundo. Thor paseaba tranquilamente por una zona de chalets, por una acera relativamente estrecha. Iba sujeto con una correa extensible de ocho metros que, en ese momento, estaba completamente desplegada. Como hacen tantos perros durante un paseo, se acercó a una verja para olfatear.
Lo que nadie podía ver era que, al otro lado, había un perro oculto dentro de la propiedad. Salió de repente. En una fracción de segundo atrapó el hocico de Thor entre los barrotes.
Hubo sangre. Mucha sangre. La fotografía solo muestra una parte de las lesiones. Uno de los colmillos penetró por uno de los orificios nasales y atravesó el hocico hasta salir por la parte superior. La hemorragia fue muy abundante y la escena, durante unos instantes, realmente angustiosa.
El día que Thor sufrió este incidente no paseaba conmigo, sino con un paseador que se encargaba de sus salidas. Reaccionó inmediatamente, pero la distancia que permitía la correa hizo que, cuando consiguió llegar hasta él, el daño ya estaba hecho. No existió margen material para evitarlo.
Correa extensible
No escribo estas líneas para buscar culpables. Tampoco para señalar al otro perro ni a sus propietarios. Y mucho menos para demonizar las correas extensibles. Al contrario.
Como educadora canina, considero que una correa extensible, bien utilizada, es una magnífica herramienta. Para muchísimos perros de ciudad representa su único paseo en semilibertad. Les permite explorar, olfatear y moverse de una forma mucho más natural que permaneciendo siempre pegados a nuestra pierna.
Privar a todos los perros de esa posibilidad por miedo sería, en mi opinión, un error. El problema no fue la correa extensible. El problema fue no anticipar un riesgo que permanecía oculto. Toda herramienta tiene un contexto de uso. Y toda libertad exige responsabilidad.
Como ocurre con las personas, la libertad también necesita límites; de lo contrario, deja de ser libertad y se convierte en libertinaje. Con una correa extensible sucede exactamente lo mismo.
Durante gran parte del paseo puede ser perfectamente adecuado permitir que el perro disfrute de esos metros extra. Sin embargo, cuando nos aproximamos a viviendas con verjas, vallados, esquinas, setos o muros tras los que puede haber perros que no vemos, es el momento de bloquear la extensión de la correa y recuperar una distancia que nos permita intervenir de inmediato si ocurre cualquier imprevisto.
No es barrera de seguridad
Porque una verja no es una barrera de seguridad. Si un perro puede introducir el hocico entre los barrotes, otro perro también puede alcanzarlo desde el otro lado. Y cuando eso sucede, todo ocurre demasiado deprisa.
Anticiparse forma parte de un buen manejo del perro. Igual que cruzamos de acera si vemos un conflicto, reducimos la longitud de la correa al acercarnos a una carretera o pedimos un sentado antes de cruzar un paso de peatones, también deberíamos modificar nuestra forma de pasear cuando transitamos junto a viviendas con verjas. No significa pensar que todos los perros van a atacar. Significa gestionar el riesgo de una forma inteligente. Basta con recoger la correa durante unos segundos y volver a dar libertad cuando el peligro ha quedado atrás.
La enseñanza que me deja esta experiencia es sencilla, pero importante: No demos por hecho que detrás de una verja no hay nadie. No permitamos que nuestro perro olfatee a través de los barrotes. Anticipémonos antes de llegar a viviendas donde puedan vivir otros perros.
Y, si utilizamos una correa extensible, recordemos que esos metros de libertad también reducen nuestra capacidad de reacción cuando aparece un imprevisto. Hay accidentes que nadie busca. Pero algunos sí pueden prevenirse.
Prevención
A menudo hablamos de obediencia, de socialización o de enriquecimiento ambiental, pero pocas veces hablamos de prevención. Sin embargo, muchas de las lesiones que sufren los perros durante un paseo podrían evitarse con pequeños cambios de manejo. Son decisiones que apenas requieren unos segundos y que pueden marcar la diferencia entre regresar tranquilamente a casa o terminar en una clínica veterinaria.
Si la experiencia de Thor consigue evitar que otro perro pase por lo mismo, todo lo vivido habrá servido para algo.
(Páginas 28 y 29)

