30 años para que el lobito herreño vuelva a ser lo que fue

Este perro pastor canario lleva mucho más tiempo del que se necesita para recuperar el estatus que en su tiempo tuvo. Originario de la isla del meridiano, con la emigración y el estilo de vida de El Hierro casi desaparece. Ahora comienza su remontada para ser reconocida y valorada su raza. Hay dos tamaños, grande para vacas y más pequeño para cabras y su color es el gris alobado en diferentes tonalidades
Por Miguel PELE
Razas españolas, minoritarias y casi desconocidas, salen de nuevo al “mercado” gracias a la constancia y resiliencia de unos pocos. Años, incluso décadas, cuestan sacar a flote a una raza con larga trayectoria, a la que las injusticias de la vida llevaron casi a la desaparición.
Los pastores, por su intrínseca necesidad, son los que lograron que esta raza no se extinguiera, como ocurrió con otras, tanto en las islas y mayoritariamente más en la península. Luego llegaron personas, a veces anónimas, que apostaron por su recuperación, pero sin prisas, que nunca fueron buenas consejeras.
Manuel Pérez es uno que lleva treinta años luchando por este perro originario de la isla más occidental de España. Cuando el camino a recorrer es largo, el destino cada vez está más cerca. Y de eso es lo que hablamos, porque este lobito está muy próximo de conseguir ser reconocido como raza.
Una vez superados los problemas de consanguineidad, desde la asociación Amilobo, formada en gran parte por los pastores de la isla, “Seguimos trabajando con una decisión consensuada para criar ejemplares que tengan la actitud de perro pastor”, aclara Manuel recordando la importancia de reproducir con un fin concreto.
La gran mayoría de los lobitos que salen de las camadas van a pastores, aunque también se les entrega a personas que tengan formación e interés por ayudar a recuperar la raza. Se parte de la premisa de que cuando un animal entra a la casa es para formar parte de la familia, es un ser vivo “Que depende de nosotros y en este caso no es un animal para una persona sedentaria, puesto que hablamos de un perro que necesita realizar ejercicio todos los días. Si no dispones de tiempo, este no es tu perro”.
En la isla de El Hierro tienen un control sobre unos 50 ejemplares, también grupos en Tenerife, Gran Canaria y algunos en las otras islas. Además, en Cataluña, donde trabajan en deporte como disc dog, agility o canicross o en Extremadura. Otros han cruzado el Atlántico, a Venezuela y a México, donde un descendiente de la isla fue a por una pareja, pues tiene un rebaño de cabras en dicho país.
Seguramente pasa del centenar de lobitos fuera de su origen, pero Manuel insiste en que “Hemos querido ir despacio para que no se convierta en una moda y que ese boom vaya en contra de la raza”.
Los últimos retoques
Llegados a este punto, con un perro equilibrado y con una labor muy definida, el reconocimiento oficial de la raza ya solo depende de la burocracia. Tras la reunión con el Director General de Ganadería, le indicaron lo que necesitaban de ayuda y orientación, para presentar el proyecto con su referente histórico previo como raza, relación de camadas, estudios realizados para saber si realmente se trata de una raza, el estándar, la morfología… Un ingente trabajo de oficina en el que se aportan todos los datos para que llegue el momento en que se reconozca al lobito herreño como raza propia.
El borrador ya ha sido enviado, pero siempre hay aspectos que se pueden concretar y mejorar. Así que la idea es que se presente en septiembre y se puedan hacer las correcciones que les pidan y para el primer semestre del próximo año se pueda hablar de la culminación del proyecto. De nuevo, sin prisas, por el bien de la raza.
El futuro
Centrándonos en el lobito, se hace una referencia clara a que si se ha conservado hasta hoy es por los pastores que han seguido confiando en este perro pastor. El Hierro estuvo muchos años aislada, pues llegaba un barco al mes y el transporte aéreo no se puso en marcha hasta la década de los 70 del siglo pasado.
La isla vivía principalmente de la ganadería, vendiendo el queso que producían los rebaños. Cuando se abrió el comercio con mejores comunicaciones, la ganadería bajó y muchos abandonaron esta práctica. Los perros sobrevivieron gracias a los pastores y ganaderos que se quedaron y continuaron con sus perros de siempre.
Manuel tiene en la actualidad 9 ejemplares en su casa, ha realizado numerosas camadas, los ha destinado a pastoreo, también a su unidad de rescate, donde hay tres ejemplares y dos más que van a entrar, viven dentro de su casa. Recientemente falleció una lobita con 17 años, lo que indica que la raza es longeva por su propia resiliencia en el medio que la rodea.
Su futuro está asegurado, en los dos tamaños. El más grande, de 21 kg y el pequeño entre 14 y 16. Los colores son grises alobados, en sus distintas tonalidades, no estando permitido “El blanco y por lo que respecta al negro vimos que tienen un carácter muy fuerte y muerden al ganado y cada vez se crían menos”, concluye Manuel Pérez.
Los datos
2 tamaños: el grande pastorea vacas y el pequeño, cabras
3 décadas para la recuperación de la raza
(Páginas 14 y 15)
Lobito herreño, nueva raza en ciernes

