El Ayuntamiento de Maracena reconoce el gran trabajo de Killa, la K9 con la que comenzó la Unidad Canina

Aunque no hay un reglamento para cuando un perro policía acaba su etapa de trabajo, el Consistorio de Maracena, Granada, ha decidido que Killa, la malinois con la que se inició la Unidad Canina, se vaya con honores como un funcionario más. Cada vez más ayuntamientos hacen reconocimientos a los perros de sus unidades caninas cuando se retiran. Le toca el turno a Maracena, Granada
Por Emer IGLESIAS
El 5 de mayo fue el último día que Killa, una pastor belga malinois rescatada con cuatro meses de un infierno, trabajó en la Unidad Canina del municipio granadino de Maracena.
Tras más de ocho años siendo la fiel compañera del policía local Ángel Rodríguez Pérez, le ha llegado el turno de descansar y vivir una jubilación feliz.
Aunque no lo hará junto a su guía en la familia que creció y comenzó a envejecer, el Ayuntamiento se ha encargado de buscarle un hogar donde disfrute y reciba de la sociedad todo lo que ella ha aportado en sus años de trabajo como perro policía.
“Es una jubilación de oro para Killa, ya tenía dolores de espalda y la familia que la ha acogido está centrada en ella, con masajes y muchos cuidados, hasta le ha conseguido quitar los dolores”, indica Ángel Rodríguez a LADRIDOS.
La historia de Killa comenzó cuando el policía local de Maracena hizo un curso de formación para ser guía canino en 2016, en la Escuela de Formación de Policías de Los Barrios. “Yo no tenía perro, y para el curso me dejaron un can de la Unidad Canina de Granada”, matiza Ángel.
Consiguió pasar la formación con la calificación de apto, pero no tenía perro. Y todo cambió a la semana cuando un instructor del curso lo llamó por teléfono y le dijo que en Algeciras tenían una perrita de unos dos meses que había sido rescatada de un criadero ilegal en el que todos los perros estaban muertos menos ella.
“Me dijeron que parecía tener buenas aptitudes para llegar a ser perra policía, que le diera de comer y la cuidara mucho. Lo primero que hice fue llevarla al veterinario y me dijo que tenía entre cuatro y seis meses”, relata el agente local de Maracena.
Al observarle los dientes, el veterinario comprobó que de no comer aún tenía los de leche y por detrás le estaban saliendo los definitivos. Le dio el mismo consejo que el instructor de Algeciras, que le diese de comer y que la cuidase mucho.
Y así fue, Rodríguez Pérez, que tenía su formación muy fresca, la integró en su familia, y comenzó a enseñarle cosas todo en positivo, todo con juegos. “Todo fue muy fácil, la preparé en casa con mis niños y cuando ya veía yo que empezaba a responder bien, presenté un proyecto al Ayuntamiento”.
Por aquel entonces no había unidad canina en Maracena ni en ninguno de los ayuntamientos de alrededor en los que poder apoyarse.
“Enseguida tuve el sí de la corporación municipal para ir preparando la Unidad Canina. Cuando tuvo año y medio la empecé a sacar a la calle”.
Antes firmaron el acuerdo de vinculación de servicios con el Consistorio, por el que la entidad municipal asumió compromisos, como la alimentación de la perra, la búsqueda de una residencia si el policía local estaba fuera, la compra o adaptación de materiales, en resumen “el Ayuntamiento comenzó a cubrir las necesidades”.
Tras el periodo inicial de preparación, Killa empezó a trabajar progresivamente con mucha formación detrás. “Se ganó enseguida a la platilla con su forma de actuar, cuando la expusimos a la verdad, a la realidad de la calle, fue un asombro por la operatividad que demostraba día a día”.
Y empezó a crecer a la vez que la Unidad Canina. “Cada vez era más veterana, más experta, sus resultados eran muy buenos en todos los ámbitos, como inspección de locales, en tráfico, en delitos de droga...”, relata con orgullo el guía de Killa.
Inteligente y dócil
“Siempre fue una perra muy dócil, muy inteligente, nunca tuvo problemas de socialización, nunca tuvo un mal gesto, siempre ha ido muy bien, nos sorprendió a todos su capacidad para meterse en el mundo humano”.
Sus ocho años de trabajo los resume Ángel con una pequeña frase: “Siempre que la necesitamos nunca falla Killa”, incluso en situaciones complicadas.
Una enfermedad en los huesos puso de manifiesto que era la hora de que la perra dejase de trabajar. “Comenzó con dolores de espalda por una enfermedad, ella siempre quería trabajar estando conmigo, pero era un quiero y no puedo, al bajarse del coche ya se le notaba”.
Y sin haberlo pensado, surgió la posibilidad de que la adoptase alguna familia. “En la Unidad Canina un compañero presentó por redes a Rolo, un cachorrillo que iría destinado a acompañamiento policial y en el texto puso que en algún momento se jubilará Killa”.
A raíz de esta publicación, el Ayuntamiento recibió una avalancha de peticiones para adoptar a la malinois. “En ningún momento se había hablado de adopción, solo de jubilación, surgió de repente y lo empiezo a pensar”.
Lo inmediato fue hablar la posibilidad de darla en adopción en casa, con su propia familia, donde todos pasaron un trance. “Conmigo iba a seguir jugando y haciendo cosas, porque es lo que siempre hicimos, ahora está mucho más tranquila en una familia que la conoce desde hace muchos años, vive aquí al lado y la vemos cuando queremos”.
Pleno municipal
Tras jubilarla y pasar a su nueva familia el 6 de mayo, Killa y Ángel están convocados al Pleno Municipal el martes dos de junio en el que se rinda homenaje a la perra con la que se inició la Unidad Canina en el municipio. “El equipo de Gobierno, quiere jubilarla igual que a todos los funcionarios cuando se retiran, con una placa, un reconocimiento, una medalla honorífica, como no hay reglamento hay que adaptar el homenaje”. Killa ya tiene los honores de ‘funcionaria jubilada’.
Los datos
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(Páginas 4 y 5)
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