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Los adiestradores ya en la Edad Media eran los encargados de conocer los nombres de los perros

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Nadie sabe dónde se encuentra en la actualidad un manuscrito de la Edad Media comprado en 2006 en una subasta por manos privadas por casi 200.000 libras y que a modo de ‘información laboral’ contiene una lista de 1.065 apodos usados para los perros de alguna granja inglesa. El tratado, que enumera más de mil nombres, remarca que eran los adiestradores los que debían conocerlos

Por M. ARAMBARRI

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La existencia de este singular y valioso manuscrito de la Edad Media ha llegado hasta nuestros días gracias a una investigación crítica realizada por David Scott-Macnab, profesor de inglés en la Universidad del Noroeste en Potchefstroom, Sudáfrica.
Scott-Macnab examinó el documento para comprender por qué se incluyó esta lista de nombres de perros tan exhaustiva en un texto escrito con un inglés de la calle.
“Lo que resulta particularmente fascinante de todas estas palabras es la posibilidad que ofrecen de brindarnos una visión excepcional —una instantánea, por así decirlo— del lenguaje hablado en la vida cotidiana del siglo XV”, remarca en su trabajo.
Entre sus hallazgos destaca que “los cazadores de alto estatus no sentían la necesidad de registrar los nombres de jaurías enteras; bastaban con mencionar algunos nombres representativos. Pero los adiestradores de perros, quienes entrenaban, bañaban, cuidaban y alimentaban a los sabuesos a diario, y quienes los azotaban para que se mantuvieran en orden durante la caza, debían regirse por un imperativo diferente, uno que les exigía conocer a sus perros individualmente”.
Este manuscrito forma parte de un documento más amplio con textos relacionados con animales y plantas, como un manual sobre cetrería, tratamientos y medicinas para caballos, y una guía para injertar y plantar árboles. Una de las obras incluidas se titula «Los nombres de todas las razas de perros» y enumera los nombres de perros a lo largo de 12 folios, todos en inglés medio.

Práctico para una finca
Se cree que, fechado entre 1460 y 1480, perteneció a la familia Dansey de Herefordshire. A diferencia de los lujosos tratados de caza que también se conservan de esta época, este códice parece más bien una compilación con finalidad práctica, pensado para el uso diario en una finca rural. Lo más singular sin duda es el inventario en orden alfabético de nombres de perros, lo que demuestra que, ya en la Edad Media, cada perro en una jauría era conocido y tratado individualmente por su nombre.
El profesor de Sudáfrica examinó diversos tratados de caza medievales y de principios de la Edad Moderna que revelan las actitudes hacia los perros de caza y que mencionan algunos de sus nombre. “Observé el entusiasmo que a menudo se expresaba en términos del placer que les producía el sonido de la jauría en persecución y la importancia de conocer a cada sabueso individualmente por su nombre”.

De caza, o no
La lista destaca, en primer lugar, por su extensión, pero también por la gran variedad y creatividad de los nombres. “Hay, por ejemplo, numerosos nombres propios reconocibles, incluidos varios de la historia, la mitología y las leyendas artúricas. Existe una gran variedad de otros tipos de nombres, muchos de los cuales tienen la cualidad de sobrenombres o apodos. Algunos son descriptivos, otros son claramente humorísticos, también hay relacionados con virtudes e incluso otros con vicios. Muchos de ellos pueden asociarse claramente a la caza, mientras que otros no tienen absolutamente nada que ver con este deporte”, analiza el investigador.
En general se dividen en varias categorías, como cualidades y habilidades deseables de los perros de caza; características físicas, temperamentos, muchos de ellos sugestivos de ironía; minerales plantas y animales; topónimos; nacionalidades; ocupaciones, títulos y categorías humanas; música; de la historia, la mitología e incluso la literatura artúrica. Incluye nombres que sugieren una variedad de actitudes, desde afecto, admiración y orgullo, pero no emerge ningún patrón general de nombres, ni predomina una sola visión de los perros.
“Gran parte de su interés para la posteridad reside en la singular perspectiva que ofrece sobre el funcionamiento de una casa de caza medieval, al parecer la lista resultó una ayuda práctica muy útil a la hora de lidiar con una jauría considerable de perros de caza potencialmente indisciplinados”, asevera el autor de la investigación.
El códice no es una pieza de lujo. Algunas hojas presentan imperfecciones notables (con grandes agujeros), y otras son claramente de baja calidad (con prominentes marcas de pelo). “Sin embargo, la escritura es de calidad profesional, y el códice en su conjunto muestra evidencia de una planificación y ejecución deliberadas. Las hojas que contienen los nombres caninos demuestran la gran atención prestada a la organización de su contenido. Están divididas en tres columnas y el texto cuidadosamente escrito con una caligrafía anglicana mixta, propia de finales del siglo XV, por el mismo escriba”, concluye Scott-Macnab.

SUBASTADO EN 2006
El último propietario conocido de este documento es el Príncipe Ricardo, duque de Gloucester, quien lo conservó en su biblioteca del Palacio de Kensington, Londres, hasta 2006, cuando el 26 de enero fue subastado por Christie’s, Londres, y adquirido por Bernard Quarich Ltd. (Londres) por casi 200.000 libras en nombre de un comprador privado que ha optado por permanecer en el anonimato.

Anteriormente, se encontraba en la biblioteca del padre del Príncipe Enrique, duque de Gloucester, en York House, Palacio de St. James. En la actualidad se desconoce su paradero y es improbable que el manuscrito esté disponible para su examen en un futuro próximo.
Según el investigador “No se sabe con certeza nada sobre los orígenes o la historia temprana del manuscrito, pero es posible que haya sido compilado para la familia Dansey, una familia con derecho a armas establecida en Herefordshire desde principios del siglo XIII.

 

(Páginas 16 y 17)

 

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