Grande de tamaño, el gran boyero suizo transmite tranquilidad a las personas
Empatiza muy especialmente hacia los que tienen autismo o ataques epilépticos, pues acompaña a sus dueños, los protege de sí mismos sin ser intrusivo ni molestar reclamando atención. A la vez es un estupendo animal de compañía que sufre la soledad. El boyero es un perro grande, con hasta 70 kg de peso, porte impresionante, pero nada agresivo. sus camadas son complicadas por el escaso número de cachorros
Por Miguel PELE
Como su nombre indica, es el más grande de los boyeros, junto con el de Appenzell, el más pequeño, el de Entlenbuch y el de Berna, único con el pelo largo. Su peso oscila “Entre los 45 kg en las hembras hasta los 70 kg en los machos, lo que los convierte en perros de gran tamaño. En belleza, se busca acercarse al estándar, no tanto cuando se trata de animales de compañía o de asistencia”, nos cuenta Mar R. Sar, criadora solo de esta raza con el afijo ‘Hocicos da montaña’.
Mar es autista y también sufre ataques epilépticos (dos de sus perros ‘aprendieron’ por sí a predecir estos ataques) y en uno de sus viajes conoció esta raza, comprendió que tenía todo lo que necesitaba como perro de asistencia. Lo que buscaba que cuando ella tuviese la crisis no se pusiera nervioso y se quedase a su lado, manteniendo la calma y la detuviese cuando intentase autolesionarse en esos momentos críticos.
El gran boyero suizo tiene estas aptitudes, pues se queda al lado de su dueña “Sin ser intrusivo, sin molestarte y sin demandar atención, transmitiendo tranquilidad”. En la calle, también transmiten a su guía esa seguridad que los boyeros llevan en sus genes.
A una persona con el trastorno de aspectro autista (TEA) un ruido repentino puede descontrolarlo, pero para eso está el perro, que lleva atado con un arnés. Un boyero con más de 45 kg es como un ancla del barco que impide que el guía se aleje de él. El arnés del perro debe ser azul (amarillo si está en formación) y el usuario lleva un carné para demostrar que se trata de un perro de asistencia.
Camadas pequeñas
Esta raza estuvo a punto de desaparecer en varias ocasiones a lo largo del siglo XX, tanto por su mal uso como por la dificultad que tiene la raza para procrear, pues sus camadas oscilan entre 4 y 8 cachorros, generalmente más cerca del primer número que del segundo. Para su recuperación se recurrió a sus hermanos de raza, pero no dio buenos resultados. También lo cruzaron con el san Bernardo, por tema de tamaño, y rottweiler, para recuperar la estructura.
Los futuros propietarios de uno de sus boyeros tienen que completar un cuestionario y ahí se depuran aquellos que lo quieren como guardián para fincas, nada aconsejable pues sufren la soledad, y se les canaliza hacia animales de compañía, terapia o asistencia. A los tres meses, con las vacunas en regla, cada uno va a su destino y con todos ellos se mantiene contacto de por vida. Muchos se quedan en España, pero otros viajan a Reino Unido, Estados Unidos, México, Costa Rica…
Cuando Mar va a tener una camada ya tiene una lista de espera para cada uno de ellos. Desde que nacen comienza la bioestimulación, la propiocepción y todo tipo de sonidos, ambientes, situaciones para que logren su total socialización.
Tricolor
Esta raza de perros tiene pelo corto, al igual que otros de su familia, a excepción del boyero de Berna, que lo tiene largo. Poseen doble capa que los protege del frío y apenas sueltan pelo, algo muy de agradecer.
En cuanto a la coloración es tricolor, predominando el negro por la mayor parte del cuerpo, con una gran zona blanca en el pecho y vientre y también en las patas, como calcetines y color marrón en cara y patas, con dos características manchas encima de los ojos.
Salud
Son perros muy robustos, tipo todoterreno y al igual que otros de gran tamaño la principal afección común es la displasia de cadera, codo y hombro. No se recomienda para personas que les guste salir a correr, porque a la larga sufrirán de problemas con sus articulaciones. Incluso en los cuestionarios se les pregunta si la casa donde vivirán tiene muchas escaleras o suelos de parqué que resbalen, que no son nada recomendables.
Además de la prueba de displasia, a los ejemplares destinados a la cría se les realizan otras pruebas genéticas de enfermedades que pueden afectar a la raza, como son la mielopatía degenerativa, la hiperuricemia, D-Locus (Dilución, Aclarados del color), hipertermia maligna y postoperative hemorrhage (P2Y12). Así se seleccionan siempre los ejemplares libres de ellas para seguir perpetuando la especie sana y acrecentando el número de perros de esta raza.
La prueba P2YP12 es importante porque si el animal tiene esta enfermedad se “Podría desangrar en una simple castración. No es admisible traer cachorros enfermos a este mundo”, afirma Mar. Con estas características, la media de vida que tienen los boyeros grandes es entre 10 y 14 años, siempre dependiendo del tipo de vida y cuidados que lleven. En ocasiones, pueden llegar hasta los 16, si bien son casos muy aislados.
Como datos curiosos de la raza, nos cuenta que cuando las hembras entran en celo “Los machos no se pelean entre sí. Y cuando nacen las camadas las madres cuidan de todos los cachorros, independientemente de quién sea la madre”. En su casa ha habido camadas simultáneas y así se han comportado ambas madres, cuidando una de todos.
(Páginas 14 y 15)
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