Síndrome de Noé, cuando la ayuda hace sufrir

Gatos recogidos de la calle malviven en lugares donde gente con buena intención pretende ayudar, pero la realidad se vuelve en su contra cuando los gastos de manutención aumentan y los problemas de multiplican. Este trastorno del síndrome de Noé no beneficia el bienestar de los felinos encerrados sin sus necesidades cubiertas. Lo curioso es que casi nunca se descubre esta situación. Hacinamiento en condiciones poco saludables, falta de higiene o plagas de parásitos son algunos de sus problemas
Por E. MUÑOZ
Recoger a un gato de la calle y darle cobijo, alimentarlo o curar sus heridas es un acto que honra al ser humano. Es dar tu tiempo para que un ser vivo esté cuidado y con sus necesidades cubiertas. Hasta aquí todo está perfecto. Pero, ¿qué ocurre cuando tras ese gato llega otro y otro y otro? Ni el lugar se puede llamar cobijo, ni la alimentación será la misma y las atenciones o la higiene pasan a un segundo plano. Comienzan las dificultades y aumentan los problemas hasta que un vecino denuncia la situación.
Esto mismo se repite en el tiempo y en el espacio de nuestro territorio nacional y salta a los medios de comunicación como una noticia de maltrato animal. Porque lo que comenzó con una buena intención “se le ha ido de las manos”.
Mantener gatos encerrados, con el gasto que supone darles comida, esteririzarlos, medicarlos cuando lo necesitan, tener camitas, areneros, algún juguete… y darles cariño uno por uno, no es fácil para una o incluso varias personas.
El síndrome de Noé, es un trastorno mental que refleja lo que hasta aquí estamos contando: personas que acumulan animales, como el famoso Noé, que metió en su arca para salvar a todas las especies del diluvio universal. Y como si fuesen el salvador de las especies animales están convencidos de que su labor es positiva para los mininos.
Cuando lo que se pretende hacer en una protectora es rescatar animales abandonados, colocarles un chip, curarlos y alimentarlos hasta que estén en condiciones de ser adoptados, en estas “casas del terror” ocurre todo lo contrario, porque el que pierde siempre, es el gato.
Habrá gente que piense que están mejor en una casa que en la calle, pero eso es si es una casa donde el gato sea el rey, no donde su papel se resigne al mendigo que espera una limosna.
Consecuencias
Cuando hay una masificación de animales en un reducido espacio, un sótano, una buhardilla o similar, donde no entra la luz del sol, donde apenas hay contacto con el humano que alimenta y que llega a olvidarse de la higiene, esto no puede ser bueno ni para un animal.
Lo primero debe ser un espacio sano y un buen cuidado de los gatos, cuando en realidad esto se transforma en todo lo contrario: mal estado de bienestar, condiciones físicas mermadas, heridas con las consiguientes infecciones, parásitos que incorporan al grupo…
Un espacio cerrado, como la vivienda, puede proporcionarles todo lo necesario para que el gato sea feliz, porque tiene libertad de movimiento, comida y afecto. En estos cuchitriles pierden todo contacto con el exterior y a cambio reciben un trato inhumano.
¿Cuántos gatos puedo tener?
Con la ley de bienestar animal en mano, aunque no especifica un número, a partir de cinco animales habría que registrarse como núcleo zoológico, algo que requiere unas licencias especiales. Además, dejando al margen la cantidad, es necesario garantizar que los gatos tengan un espacio adecuado, higiene, alimento y que su tenencia no genere molestias a los vecinos.
Recientemente, en el en el valenciano municipio de Daimuz se dio el caso de que varias mujeres tenían 70 gatos en los bajos de un edificio. Aparentemente, nadie vio ni olió nada, porque fue una de ellas la que solicitó ayuda.
Si cuando hay varios gatos siempre surge algún conflicto entre ellos, cuando son muchas decenas es impensable que no los haya bien por la comida, por la territorialidad de los felinos o por el celo, con peleas que pueden durar horas y horas.
Lo cierto es que estas personas que sufren este trastorno no son conscientes de la gravedad del problema y piensan que están beneficiando a los gatos, cuando a la larga todo se vuelve en su contra.
¿Maltrato?
Ahora llega la segunda parte, una vez localizado este problema los gatos deben pasar reconocimiento veterinario, volver a sus jaulas y esperar destino. Alguna protectora colaborará recogiendo parte de ellos para ofrecerlos en adopción y otros tendrán que esperar a que les llegue el turno.
Dada la situación en la que se encuentren los gatos no cabe descartar que haya una denuncia por malos tratos hacia esta megacolonia felina que había ido creciendo hasta hacerse incontrolable.
A la persona que sufre este trastorno se le puede ofrecer ayuda de Servicios Sociales, no siempre bien recibidos por su alteración mental, que les impide reconocer que la buena intención no solo no basta, sino que es perjudicial para para que lleven una vida saludable.
Los datos
+ 70 gatos en los bajos de un edificio sin condiciones higiénico-sanitarias
(Páginas 34 y 35)
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