Marrakech, ciudad donde los gatos campan a sus anchas

Tranquilos, habituados al contacto con la gente, tumbados en cualquier rincón o vigilantes y recelosos desde sus atalayas, los gatos de esta ciudad suelen ser muy sociables y demandan comida o caricias acercándose, levantando la cola y emitiendo maullidos como reclamo. Libres, estos mininos marroquíes sorprenden a los turistas en el día a día, incluso en bares o aeropuertos
Por E. MUÑOZ
El gato doméstico como lo conocemos hoy ya estaba presente en culturas de la antigüedad hace más de 4.000 años, como es el caso de Egipto, donde llegó a ser un personaje singular.
Ahora ver gatos por la calle en los pueblos es de lo más habitual, pero sorprende verlos por todos lados en una gran ciudad como Marrakech, con más de millón y medio de habitantes.
Por sus calles deambulan libremente de todos los colores y tamaños. Los llamados gatos comunitarios o salvajes no tienen dueño concreto, pero todos alimentan con los restos de sus comidas.
La cultura árabe no es especialmente cuidadosa con los animales, pues su creencia dicta que nacen con lo que tienen y así se deben apañar. Los habitantes de esta y otras ciudades marroquíes no alimentan habitualmente a sus gatos callejeros. Sin embargo, como nacieron en una cultura en la que no está permitido tirar alimentos esos restos van a los animales que sobreviven gracias a ellos, especialmente estos felinos y también las aves.
Lo cierto es que caminar por esta gran ciudad, por cualquiera de sus espacios tanto abiertos como cerrados, es hacerlo en compañía de los gatos. A veces solitarios, otras en grupos y, cómo no, una madre llevando detrás de sí a varios gatitos.
Los habitantes de la ciudad se encargan de ir colocando restos de comida, como pan, huesos o algo de carne en los lugares por donde suelen patrullar estos mininos en busca de comida y, por supuesto, de algún mimo. Así que hambre no pasarán. También es normal ver cómo los turistas les ofrecen algún trozo de lo que estén comiendo.
En un típico paseo sin prisas por la ciudad los veremos en las puertas de las tiendas, dentro de los mismos comercios, en las escaleras, bajo las sillas que suele haber en las entradas... Los comerciantes los cuidan porque saben que son un beneficio ante la presumible presencia de roedores, a los que no perdonarán.
Higiene gatuna
Los gatos son animales escrupulosamente limpios y pasan horas al día acicalando su pelo con su lengua, eliminando posibles insectos y quitando cualquier resto que quede en su cuerpo tras haber comido, tanto lo que le proporcionen los humanos como lo que eventualmente pueda haber cazado. Así que con la cámara en la mano no se puede dejar de tomar la foto del aseo gatuno.
Entre otros aspectos, esta higiene los hace ser preferidos frente a los perros, muy poco habituales como mascotas y que tienen más fama de sucios, al estar tumbados por la tierra y revolcarse sin problemas en el barro.
Los gatos también están presentes en los numerosos monumentos de la ciudad, como un pequeño y llamativo reclamo más. La mayor parte de los visitantes se lleva de recuerdo sus fotos de lo más llamativo de esta cultura almorávide y a su vez alguna que otra foto de los gatos y la familiaridad con la que son tratados por los habitantes de la ciudad.
Marrakech, al igual que otras ciudades marroquíes, tiene sus colonias felinas controladas, generalmente gestionadas con el método CES (Capturar, Esterilizar y Soltar), con lo que se puede decir que el número no aumenta. Pero eso es solo en cuanto a las colonias, porque el resto de individuos se multiplica exponencialmente, pues no existen depredadores sobre ellos.
¿Problema y solución?
En cuanto a la población total de gatos es imposible dar una cifra, si bien en los últimos años sí que esta superpoblación se está convirtiendo en un problema. No solo en lo relativo a cantidad, sino por la probable transmisión de enfermedades, como la rabia o el virus de inmunodeficiencia felina. Además, también hay que añadir otras situaciones, como la búsqueda de alimentos en la basura que termina en el suelo de las calles o el exterminio de las aves o reptiles que puedan estar presentes en este hábitat urbano.
Ante esta problemática, la solución debe abordarse desde la base: esterilizar a tantos gatos como sea posible para evitar el exceso de población. Tras varios años llevando a cabo estas operaciones el número parece no disminuir. No se centra solo en los gatos callejeros, sino también en los particulares.
Así que, lejos de la bucólica imagen del gato plácidamente tumbado al sol entre las numerosas piernas que pasean por las calles o la madre gata que lleva a su prole a descubrir el mundo, también existe esta otra realidad.
Lo llamativo es encontrarlos por cualquier calle, como otros habitantes habituales, y más verlo en restaurantes o aeropuertos, entre las maletas y los viajeros. Significa que es parte intrínseca de la cultura y que ha pasado a ser otro elemento de este bullicioso ambiente urbano.
(Páginas 34 y 35)
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