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 ¿Por qué se deprime un perro?

No hace tantos años, a los perros se les trataba como simples animales sin emociones ni ningún tipo de sentir. Pero nada más lejos de la realidad…el perro es un animal que siente emociones (como otros animales, por no decir todos, cada uno a su manera), y como tal puede sentir alegría, miedo, tristeza… La tristeza profunda continuada en el tiempo puede derivar en depresión, y aquí ya estamos hablando de palabras mayores.

Por Mónica CORCHADO    Directora y creadora del Instituto Dog Coaching

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¿Los perros pueden deprimirse?

Sí…no suele ser habitual, pero sí que hay situaciones que pueden superar al perro, y manifestar diferentes síntomas que nos hagan creer que está deprimido, ya que habrá un déficit de serotonina y dopamina y esto deriva o puede derivar en depresión. Para poder identificarlo hemos de conocer muy bien a nuestro perro, ya que, a diferencia de nosotros, él no puede hablar y decirte lo que siente, así que tendrás que observar muy bien su comportamiento y lenguaje corporal para darte cuenta de los posibles cambios en él.
Evidentemente, cuanto menos tiempo hemos convivido con el perro y menos le conocemos (por ejemplo, porque lo hemos adoptado recientemente), más dudas podemos tener de si estos síntomas forman parte del carácter y personalidad del perro, o si son síntomas de una posible depresión.

Causas de depresión

Pueden influir varias causas, pero ante la duda, lo primero es descartar cualquier problema de salud, de enfermedad, como pueda ser anemia, parvovirus, moquillo, etc…cualquier dolencia que afecte a su estado anímico. Descartada la enfermedad, las posibles causas pueden ser fallecimiento de un ser querido (sea otro perro u otro animal de la casa, o humano); cambio de rutina importante; embarazo psicológico; la llegada de un nuevo miembro a la casa (un bebé u otro perro), experiencia traumática (abandono, malos tratos, peleas de perros, etc.); alimentación no adecuada; pasar demasiado tiempo solo o estrés crónico.
Es muy importante saber identificar muy bien la causa, ya que un mal diagnóstico puede hacer que mediquemos al perro sin necesitarlo. Hay algunas causas que dependen exclusivamente de ti, por ejemplo, el que no pase muchas horas solo y el anticipar un poco la llegada de un nuevo miembro a la familia, cambiando poco a poco las nuevas rutinas hacia las que tendrá a futuro, o el tema de la alimentación. Otras causas requieren de tiempo, paciencia y comprensión, como la muerte de un ser querido, las experiencias traumáticas y los cambios de rutina importantes, como cambios de vivienda o cambios repentinos de horarios.
Y actualmente que estamos en tiempos de pandemias donde hay confinamientos (algunos más estrictos que otros), hace que la rutina para nosotros y para el perro cambien por completo. Hemos de entender que hoy día están cambiando muchas cosas, no sólo a nivel externo sino también a nivel interno en nosotros; han aumentado nuestros niveles de estrés, de ansiedad, de depresión, de angustia, etc. y recuerda que los perros son esponjas emocionales que “absorben” nuestras emociones y luego las manifiestan de diferentes maneras (más nerviosos que de costumbre, o más ansiosos, más “ladradores”, más miedosos, más excitados, pero también más tristes y deprimidos”.
Si ves venir un cambio en tu rutina (próximos confinamientos, ertes, teletrabajo, etc.), empieza a adaptar la “nueva” rutina que tendrá tu perro para que se vaya adaptando antes de que sea brusco. En el caso de los embarazos psicológicos, si son recurrentes en cada celo, es conveniente esterilizar.

Síntomas de depresión

Los síntomas pueden ser; apatía; falta de apetito; cambio de comportamiento repentino; falta de ganas de jugar; sueño excesivo; inactividad; se esconde para evitar interactuar; poca afectividad o actitud triste.
Como decía anteriormente, es muy importante fijarse en su lenguaje corporal ya que su cola y cabeza te dará mucha información. La cara de los perros es un reflejo de sus emociones, fíjate en ella…te dará muchas pistas. Eso sí…tampoco te obsesiones. Si el cambio es un día en concreto puede ser por cualquier historia, como que simplemente se encuentre mal de forma esporádica. Ahora no vayas a pensar que, porque no te recibe en la puerta dando saltos de alegría o que porque un día no se come toda su comida, esté cogiendo una depresión. Tienes que fijarte cuando es un cambio en su comportamiento de forma repentina y recurrente en el tiempo, ya que los síntomas por sí solos pueden confundirse. Tampoco lo confundas con aburrimiento o cansancio…
Si lo acabas de adoptar, dale tiempo para que se adapte a la nueva rutina y familia, cada perro tiene su propio ritmo. Y por supuesto, si viene de una experiencia muy traumática, hay que ayudarle a salir de ese agujero emocional evitando sentir pena por él ni sobreprotegerlo.

¿Qué puedo hacer? 

Aquí dependerá un poco de la causa, ya que cada una de ellas te requerirá unas pautas o metodología diferentes a otra. Lo más importante (quitando quizás la causa del embarazo psicológico, ya que estaríamos hablando de algo más físico), es animarlo, intentar que juegue, pasear con él, hacer que conozca a otros perros, hacer algo de deporte con él, pero sobre todo no forzar la situación. Llévalo a esas situaciones, pero no le obligues a que interactúe con nadie; dale su tiempo.
Y de vuelta al nuevo tiempo que estamos viviendo de confinamientos y por ende, menos tiempo para pasear a nuestros perros, hay que suplir la falta de paseos con estimulación mental pero también con trabajos de calma. Pero tampoco le sobreprotejas, por favor, flaco favor le vas a hacer a nivel emocional, porque de forma indirecta le estarás impidiendo que avance. No quiero decir que lo ignores, ni mucho menos…de hecho es todo lo contrario, pero vigila tus emociones. No sientas pena, tu energía tiene que ser segura, con templanza, animada pero sin exagerar para no sobrepasarle. Y ante la duda, consulta con tu veterinario. Si se descarta cualquier problema físico o de salud, entonces ponte en contacto con un profesional de la Psicología Canina para ayudarte con tu perro.

 

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