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Izhar y Edy, los dos perros que "trabajarán" en la cárcel de la capital nazarí

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La entrada de objetos prohibidos en las cárceles es el caballo de batalla de instituciones penitenciarias. Un pastor alemán y un malinois se están formando, junto a dos funcionarios de prisiones, para “trabajar” en la cárcel granadina de Albolote en la detección de móviles o drogas en el interior del recinto. Durante la pandemia, un equipo de instructores comandado por dos guías caninos de las policías locales de Maracena y Salobreña prepararon a estos binomios que ahora realizan el curso en la Escuela de Policías Locales de Algeciras para “licenciarse”.

Por Emer IGLESIAS / Fotos. Miguel PELE

     

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La presencia de droga en las cárceles siempre ha sido uno de los caballos de batalla de los responsables de los centros penitenciaros de nuestro país. A esto se suma ahora la existencia de teléfonos móviles en las prisiones, aunque están totalmente prohibidos, con los que los internos consiguen hasta subir imágenes a las redes sociales. Los reclusos inventan cada vez formas más sofisticadas para conseguir introducir objetos prohibidos en las prisiones, así como escondites en el interior muy difíciles de detectar por los funcionarios encargados de la vigilancia. Por ello con la presencia de los perros detectores debidamente preparados se pretende poner freno a las “nuevas modas” de una forma no agresiva para los internos y evitar así los posibles conflictos que puedan ocasionarse con los funcionarios en cacheos o inspecciones. El programa de Instituciones Penitenciarias, que refuerza la labor preventiva de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, se inició en forma de proyecto piloto en 2018 en la cárcel de Burgos poniendo en marcha el sistema denominado Marcaje Lapa, ideado por Javier Macho. Tras sus más que satisfactorios resultados, en una primera etapa se extendió a 12 prisiones con seis unidades caninas, algunas de las cuales cubren centros cercanos. Según Instituciones Penitenciarias, el objetivo de incorporar unidades caninas en las cárceles es mejorar las condiciones de salud de los internos a través de un mayor control y vigilancia que lleve a la reducción de la oferta de la droga en los centros penitenciarios; la reducción de la mortalidad y de las intoxicaciones en los mismos o a  realizar los controles con métodos menos “agresivos” que los tradicionales, dado que los perros no deterioran ni desordenan nada frente a los cacheos que traen como consecuencia múltiples quejas de los internos.

El uso de perros también ofrece mayor seguridad y garantía ante medidas como la aplicación de Rayos X a los internos, observación de celdas o cacheos integrales, etc. Tras esta primera extensión, el objetivo de Instituciones Penitenciaras era duplicar en un año estas seis unidades caninas que cubren un total de 13 prisiones, pero el coronavirus paralizó el mundo, también el de la formación oficial de futuros guías caninos, aunque no de los perros. Entre los centros penitenciarios seleccionados, la capital nazarí protagonizaría por primera vez la oportunidad de contar con una formación especializada para sus funcionarios de prisiones y la creación de una Unidad Canina de Instituciones Penitenciarias de Albolote, especialista en detección de drogas y sustancias estupefacientes. Durante la pandemia, dos guías caninos policías locales de Granada, Pruden Cano de Salobreña y Ángel Rodríguez de Maracena, junto a otros guías especializados en detección de sustancias de drogas y estupefacientes con una reconocida experiencia y formación en el sistema marcaje lapa, Antonio Raya, Gregorio Morillas, Carlos Capilla, Javier Segura y González Pelayo, han estado formando a los dos perros: Izhar, de cuatro años, una hembra de pastor alemán negro sólido de una funcionaria de la prisión de Albolote, y Edy, de apenas un año, un malinois de otro trabajador del mismo centro penitenciario, en este sistema de detección.

“Los primeros pasos tuvieron como base de operaciones las instalaciones de la Unidad Canina de Maracena, donde nos reunimos el grupo de instructores con los dos alumnos funcionarios de prisiones para marcar el programa de trabajo y calendario de entrenamientos, así como el asesoramiento a los funcionarios del tipo de especialidad en el adiestramiento de los canes, material básico para el entrenamiento diario, las nociones principales para el trato con los animales y una primera toma de contacto para conocer de dónde se partía y desarrollar un programa de adiestramiento que conciliara la vida laboral y familiar, con el objetivo de la construcción de una unidad canina para la prisión de Albolote”, indica a LADRIDOS, el instructor y policía local de Maracena, Ángel Rodríguez. Para comenzar, los policías cedieron sus propios canes a los funcionarios de prisiones, “así podían experimentar por ellos mismos las primeras sensaciones y toma contacto con perros ya veteranos y muy experimentados”. El siguiente paso para llegar a la futura unidad canina en la cárcel granadina de Albolote fue buscar los perros. La primera fue una hembra de pastor alemán negro sólido, cedida por unos particulares. Y el segundo, “un pastor belga malinois que tras varias intentonas para adecuar guía con su perro, fue seleccionado tras ser cedido por una protectora animales granadina con sede en la capital”, matiza el formador. Ya con los perros seleccionados, se pasó al programa de entrenamiento doble: “por una parte se seguía con la formación de los futuros guías caninos y, por otra, se comenzaba con el adiestramiento de los canes en la metodología marcaje lapa de detección de drogas y sustancias estupefacientes”.

En esta etapa, se hicieron los trabajos de socialización del animal y exposición al medio donde luego tendrán que desarrollar sus labores profesionales, así como los ejercicios para la adaptación del animal con su nuevo propietarioUna vez estabilizados los binomios llegó la hora de “los entrenamientos de bloque donde los animales comenzaban su experiencia en la detección de las sustancias, canalización de los estímulos puente de cobro, el posicionamiento de detección pasivo del marcaje lapa, la diferenciación de olores, la introducción de olores de las diferentes sustancias estupefacientes de interés en su localización, los trabajos de correa y de brusquedad en libertad”. La última etapa con los perros realizada por estos instructores incluyó los trabajos que denominan ambientales: entrenamientos en diferentes escenarios de su ámbito de trabajo como interiores o exteriores, paquetería, vehículos, escenarios sin luz, ruidos ambientales, sobre personas en movimiento o estáticas... Una vez que la pandemia ha dado su permiso, se ha puesto en marcha una nueva edición del curso “Guías caninos y adiestramiento de perros detectores de drogas y estupefacientes para Policía Local. Curso básico” en la Escuela de Policía Local de Algeciras y de los Barrios en el que participan 12 funcionarios de prisionesAl curso, que se inició el pasado 20 de septiembre en la sede de la Escuela en Algeciras, asisten además de los 12 trabajadores de prisiones de toda España, entre los que están los dos de la cárcel de Albolote, 22 agentes locales para especializarse en guías caninos. La formación, que se prolongará hasta enero, consta de 520 horas de duración en un formato semipresencial, una semana al mes realizan las prácticas con los perros en la sede de la Escuela en Algeciras y la parte teórica a través de internet.

 

Este nuevo curso busca tanto la especialización de las unidades caninas en las distintas jefaturas como la formación de los funcionarios de prisiones para que a través de perros detectores se evite la entrada de drogas o móviles en las cárcelesLos dos trabajadores de la cárcel de Albolote, una funcionaria y un funcionario, participan en esta formación con sus dos perros ya preparados, “durante toda la pandemia han estado entrenando con nosotros en el sistema marcaje lapa, ahora están haciendo el curso oficial con los perros ya enseñados para conseguir su titulación y comenzar a trabajar”, señala a LADRIDOS Ángel Rodríguez, guía canino en Policía Local de la localidad granadina de Maracena e instructor en marcaje lapa. Para hacer este trabajo, los binomios se han entrenado en el sistema denominado “marcaje lapa”, método de adiestramiento para los perros detectores pasivos de drogas y estupefacientes creado por Javier Macho Martín. Esta técnica consiste en que el perro al detectar la sustancia la marcará mirando al lugar donde se encuentre, a la vez que la toca con la trufa o con la boca sin morderla en ningún caso, y se sienta o se tumba. Si estuviese en algún lugar oculto, como suele ser en las prisiones, el can marcará el lugar por donde sale el olorAnte la peculiaridad de estos centros, los perros están adiestrados para ser totalmente pasivos, incluso si su guía es atacado por uno de los presos.  “No tienen ni el más mínimo gesto de agresividad hacia las personas, aunque éstas les provoquen o agredan, incluso si se lo hacen a sus guías, pudiendo llegar a mostrar indiferencia hacia las personas que generen esta situación asegurando que estos perros no ocasionen accidentes de mordidas indeseadas”, señalan a LADRIDOS desde Instituciones Penitenciarias.

Los datos

12 funcionarios de prisiones, entre ellos dos que trabajan en Albolote, están haciendo el curso de guía canino en la Escuela de Policías Locales de  Algeciras

Marcaje lapa Sistema de adiestramiento pasivo

92 centros penitenciarios

55.920 internos

(Páginas 4, 5, 6 y 7)

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