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Andalucía, ejemplo para rehalas y monterías

 como Bien Cultural

rehala

 

 

El 10 de agosto el BOJA, boletín oficial de la Junta de Andalucía, publicó la declaración de la rehala y la montería como Bien de Interés Cultural en la comunidad autónoma bajo el argumento de que “La montería y la rehala constituyen una actividad de interés etnológico que tiene incidencia social, cultural, económica y medioambiental en la mayor parte del espacio geográfico de Andalucía, sobre todo en el ámbito rural”. En Extremadura, el 31 de enero de 2018 se presentó el proyecto para la declaración como Bien de Interés Cultural de la montería y la rehala y el expediente sigue su camino, no sin detractores con movilizaciones y protestas inlcuidas.

Por M. ARAMBARRI

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Esta declaración supone inscribir en el Catálogo General del Patrimonio Histórico de Andalucía (Cgpha), como Bien de Interés Cultural (BIC), en la categoría de Actividad de Interés Etnológico la montería y las rehalas.

Según el decreto andaluz el origen de la montería como actividad reglada con sus propias normas se remonta “al siglo XII con la publicación del Código de las Monterías, aunque desde el año 990 existen referencias escritas de los grupos de monteros que asistían a la realeza en sus cacerías. En 1347 aparece el Libro de la Montería que se estructura en tres libros, dedicados, el primero, a las cualidades de monteros y del cuidado de sus perros, el segundo a la física de los canes y el tercero a los montes. Sucesivos libros publicados desde los siglos XIV hasta el XVII describen las características de monteros y monterías, de las rehalas y batidores que aún son reconocibles en las monterías actuales”. 
Esta declaración supone que «el Gobierno andaluz deberá, a partir de ahora, proteger y divulgar la montería y la rehala como parte de la cultura andaluza», según señala en un comunicado, el presidente de la Federación Andaluza de Caza, FAC, José María Mancheño.
Con este reconocimiento de la Junta de Andalucía, apoyado por más de un centenar de ayuntamientos y por las diputaciones provinciales de Córdoba, Jaén, Huelva y Cádiz, el Gobierno andaluz «cumple otro de los compromisos adquiridos con la FAC» firmado en abril de 2019, según el colectivo.
«Se trata de un día histórico en el que alcanzamos un logro sin precedentes», ha indicado Mancheño, que ha agradecido el trabajo de las consejerías de Cultura y Agricultura, que «culmina» un trabajo iniciado con el anterior Gobierno andaluz.

¿Qué es una montería?

Consiste en una práctica cinegética de caza mayor (ciervo, jabalí y gamo, fundamentalmente), que en su vertiente de caza social, recreativa y sostenible, representa, además de una forma de apropiarse materialmente de elementos de la naturaleza y de incidir en las relaciones ecosistémicas del territorio forestal en el que la actividad cinegética tiene lugar, un modo de relación cognitiva con ese universo que tiene una vertiente pragmática que guía los movimientos y estrategias en el monte, tanto de cazadores como rehaleros; así como una dimensión sensorial, emocional y ética que conforman tres valores culturales: la creación de asociaciones deportivas o uniones de cazadores y rehaleros; la titularidad de un terreno de caza, el coto, que custodian conservando las especias cinegéticas y no cinegéticas y la transmisión intergeneracional de tradiciones y conocimientos. Por ello, la caza constituye una práctica social integrada en la cultura del pueblo andaluz que se materializa en multitud de sociedades deportivas de caza y uniones estables de cazadores y rehalas.

Tipos de monterías

Tradicionales del siglo XX, reservadas a sectores sociales de alto poder adquisitivo o su correlato moderno. De invitación y comerciales o de pago que responden a la demanda de nuevos monteros de origen urbano y de sectores profesionales emergentes, pero sin vinculación entre ellos ni con el territorio.
Sociales, practicadas por las sociedades deportivas de caza en las que un grupo homogéneo de socios, nacidos o empadronados en una localidad, cazan regularmente en su propio coto de caza mayor sin fines de lucro,  mantienen por vecindad, parentesco o amistad, una sociabilidad cotidiana que se activa en la temporada de caza en su propio coto de caza, bien sea cedido por los propietarios de fincas o por la administración, sobre el que se produce una apropiación cognitiva de carácter práctico y simbólico al ser considerado el coto como un patrimonio común de uso al que la sociedad deportiva de caza destina tiempo y esfuerzo a su cuidado y mantenimiento.
Las practicadas por peñas de monteros que se diferencian de las anteriores en que la vinculación al coto y a la localidad rural no es tan estrecha pero los requisitos para la admisión de nuevos miembros las convierten en estructuras de sociabilidad aún más densa que las sociedades deportivas de caza.

¿Qué es un pueblo montero?

La impronta social en las sociedades locales con mayor tradición montera, el colectivo de cazadores y su sociedad deportiva funcionan como catalizadores de la identificación local. En aquellos núcleos de población donde las sociedades deportivas de caza y la práctica de la montería es una actividad regular de profundidad temporal, la identificación como «pueblo montero» es aceptada como seña de identidad por el conjunto de la población.

¿Qué es una rehala?

Es la jauría o agrupación de perros de caza mayor, entre 14 y 24, donde se establece una relación entre el rehalero y sus perros imprescindible para la eficacia durante las monterías. Desde el profundo conocimiento de los rasgos y características de cada perro, el perrero lleva a cabo un proceso de adiestramiento selectivo que crea un vínculo de triple contenido: de utilidad, de pertenencia y de afectividad. Las rehalas actuales han evolucionado desde las que se pueden considerar como pre-modernas en las que se fusionaban los roles de cazador y perrero en una misma persona. Fue a principios de siglo XX, con la extensión de las monterías de invitación, cuando se desarrolla el primer tipo de rehalas descrito, y a mediados del citado siglo, con el desarrollo de las monterías de sociedades deportivas de caza, cuando se extiende el segundo tipo. No es posible la montería sin la rehala, su función es determinante en el resultado final pues sin la acción de los perros, las presas continuarían encamadas y no se podrían dar los lances.

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Monteros y rehaleros

Ambos tienen funciones distintas e imprescindibles. Los rehaleros recorren el cazadero seleccionado o «mancha», conduciendo con sus voces la jauría por un recorrido planificado para acosar a las piezas encamadas y obligarlas a dirigirse hacia los puestos de tiro ocupados por los monteros. La montería y la rehala tienen lugar desde el amanecer hasta el ocaso de la fecha señalada, dándose toda la secuencia de actos formalizados que constituyen una estructura de carácter regular. Pero el tiempo real de la montería se extiende más allá de estos límites para podenqueros, rehaleros y organizadores, ya que la jornada de cacería es la fecha clave de un amplio calendario de tareas de planificación previas y posteriores.

¿Cómo se desarrolla?

Se inicia a primera hora de la mañana en un lugar más o menos cercano a la mancha. Monteros y rehaleros suelen ocupar espacios distintos, aunque cercanos y suele producirse poca conexión intergrupal debido a que los rehaleros permanecen con sus rehalas en los vehículos y no participan en el sorteo de puestos de la montería ni en el desayuno colectivo. Posteriormente se inicia la salida al campo. Cuando las armadas están «montadas», es el momento de «la suelta de las rehalas», en el que se rompe el silencio con los ladridos de los perros, la explosión de un cohete y los primeros tiros. El recorrido suele durar entre tres y cuatro horas. Tras, «el lance», encuentro entre el montero y la presa que finaliza con el disparo y la muerte o la huida del animal, los rehaleros llaman a sus perros con las caracolas y la montería en su fase cinegética ha terminado.

Evolución histórica

Es una actividad social de profunda tradición de carácter dinámico que integra los cambios y adaptaciones de los contextos históricos que atraviesa, siendo el más importante el tránsito desde la práctica elitista de la caza mayor para los estamentos aristocráticos y eclesiales, fijada desde el siglo XII, a la extensión en el siglo XIX del derecho a cazar para el conjunto de la población, consolidado en las Cortes de Cádiz. En el primer tercio del siglo XX, en la montería tradicional, aún destacan los cazadores extranjeros y los pertenecientes a la aristocracia y la alta burguesía nacional debido a los altos costes asociados a esta práctica, pero, a partir de la década de los 70 del siglo XX, se inicia el «boom cinegético» con un importante incremento de las licencias de caza. La Ley General de Caza de 1970 y las reglamentaciones autonómicas posteriores impulsan la ordenación de los terrenos cinegéticos mediante la creación de cotos, privados y sociales, que determinan la titularidad restringida del aprovechamiento y se autoriza el cerramiento de las fincas con vallas cinegéticas (a partir de 2.000 hectáreas en el caso andaluz), y favoreció que las asociaciones informales de cazadores que habían surgido desde los años cincuenta del pasado siglo, se transformaran en sociedades deportivas de caza con el objetivo de posibilitar las monterías a cazadores locales que no podían hacer frente a las tarifas.

En el medio rural

La montería y la rehala constituyen una densa red asociativa extendida por todo el territorio andaluz con especial presencia en el medio rural que se materializa en multitud de sociedades deportivas de caza y uniones estables de cazadores, así como en un número importante de rehalas que en ambos casos casi triplica el número total de municipios andaluces y que solo es superada por las entidades deportivas de la Federación Andaluza de Fútbol. Por su parte, las rehalas también han configurado una plataforma organizativa a nivel estatal en 1997 con el fin de defender la rehala como institución en el ámbito de la montería, extender la afición al perro de montería, así como promover la dignidad de la figura del rehalero y el respeto por su labor en el monte y valorar adecuadamente su trabajo.

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