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Agresividad  canina, problema de salud pública

 

La creciente preocupación por el aumento descontrolado de las conductas agresivas de perros surge de tres premisas: es el problema de comportamiento que se presenta con mayor frecuencia en la clínica veterinaria; tiene grandes implicaciones en la salud pública; y es una causa frecuente de abandono canino, estrés y eutanasia, según señala el etólogo Juan Pablo Damián. El enfoque “Una Salud”, en el que se aborden los problemas sanitarios en la interfaz hombre-animal-ambiente, es la solución a este problema relacionado con el 60% de las consultas clínicas.

 

Por Óscar REKALDE

  

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Durante su participación en el II Congreso Latinoamericano de Comportamiento y Bienestar Animal, celebrado en Colombia, Damián puso de manifiesto cómo los problemas de conducta de los perros que derivan en agresión hacia personas u otros animales, “se han convertido en un problema grave sobre la salud y el bienestar de la población por el elevado número de personas que sufren ataques por perros cada año en varias partes del mundo”.

Esta situación se agrava por el hecho de que “los niños son los que reciben más ataques, además de ser los más vulnerables a las lesiones ocasionadas por los perros”.

El etólogo pide una revisión del concepto de agresividad en perros, ya que en su opinión, se utilizan en muchas ocasiones herramientas con la idea de que ayudan a reducir la probabilidad de futuras agresiones, como la castración o fármacos, pero está demostrado que “el riesgo nunca es cero”.

Otro aspecto a tener en cuenta son los efectos negativos que genera la agresividad canina a nivel rural, atacando y generando lesiones y muertes en especies productivas (principalmente ovinos, bovinos y aves). “Este último elemento adquiere gran relevancia desde el punto del bienestar animal, dado que el animal que recibe el ataque puede quedar con grandes lesiones, dolor, estrés e incluso puede llegar a sufrir la muerte. Además, el ataque de perros a especies productivas puede propagar enfermedades y ocasionar pérdidas económicas a nivel productivo”.

Todos estos aspectos: la frecuencia de las consultas clínicas, el abandono o eutanasia, la implicación en la salud pública, el uso de fármacos ineficientes, o los ataques en los medios rurales, ponen de manifiesto cómo la agresividad canina es un claro ejemplo del concepto de “Una salud”; concepto formalizado por la OMS, FAO y OIE con el objetivo de abordar los problemas sanitarios en la interfaz hombre-animal-ambiente. “Es interesante resaltar que la agresividad canina puede ocasionar daños a otros animales, al ser humano y al ecosistema, como así también, el ser humano puede afectar el comportamiento canino, su salud y bienestar”, matiza en su ponencia el etólogo.

En cuanto a las altas cifras de abandono, donde nuestro país lidera el ranking de Europa, lleva a los perros además de a sufrir la ansiedad y estrés de la separación, a pasar hambre, sed, exponerse a enfermedades y ser causa frecuente de accidentes de tráfico, los cuales pueden terminar generando daños irreparables al ser humano.

Damián avisa que estas cuestiones son cada vez más preocupantes ante la tendencia alcista de perros que viven con familias, y denuncia que “sin embargo, aún carecemos de políticas públicas enfocadas al trabajo de “una salud”, en la cual tanto médicos, como veterinarios y varios profesionales de diferentes enfoques puedan pensar y actuar en conjunto para contribuir con una sociedad en armonía con los animales, el ambiente y el entorno”.

 

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