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Siete vidas tiene un gato (¿o no?)

 

Estos animales cuando enferman buscan un rincón solitario para pasar a mejor vida. Según Affinitty, el 4% de los que llegaron a las protectoras no tenían microchip por lo que solo un 3% consiguió volver a casa

La leyenda de que los gatos tienen siete vidas proviene de la antigüedad, incluso en algunos países como México, Perú, Grecia aseguran que nueve. Pero todos sabemos que viven una sola vez, aunque eso sí, son capaces de saltar distancias diez veces superiores a la longitud de su cuerpo o caer siempre de pie.

 Por Almudena NEGRO

 

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Conocida es la expresión de que los gatos tienen siete vidas. Aunque todo depende de dónde vivas. La creencia de la inmortalidad de nuestras mascotas felinas proviene del antiguo Egipto, donde estos animales eran sagrados. En países como México, Perú o Grecia se les atribuyen nada menos que nueve. Creían los egipcios que ocho dioses se unieron a Atum-Ra, el Dios del Sol, y formaron la Enéada de los nueve gatos. Otros, sin embargo, les atribuían tan solo siete vidas. Creían además los egipcios que cuando el gato había superado sus siete vidas renacía convertido en humano.

Lo cierto es que el número siete es, en numerología, el de la suerte. Y los gatos, curiosidad aparte, son animales con suerte. Dotados de grandes aptitudes físicas son capaces de saltar distancias diez veces superiores a la longitud de su cuerpo, caer siempre de pie o moverse con tal agilidad que esquivan no pocos peligros.

Todos sabemos, sin embargo, que nuestra mascota maulladora, territorial, individualista y caprichosa tan solo vive una vez.

Algunas de las enfermedades más comunes de estos animales pueden acortar notablemente su vida. Cuando un gato va a morir sufre cambios en su conducta. Comienza a mostrarse más irritable y a estar deprimido. Además, pierde sus hábitos higiénicos y sus constantes vitales sufren alteraciones claras. Suele notarse en que su temperatura corporal es anormalmente alta o baja. Además, sufren alteraciones en su respiración. Por otra parte, es normal que deje de comer o de beber y a rechazar incluso el que era su alimento preferido. Prefieren morir en soledad, así que es normal que se aparten de su entorno, buscando un lugar aislado para pasar a mejor vida.

Enfermedades más comunes

Leucemia felina: es un virus que se transmite por contacto directo o intercambio de fluidos corporales (saliva, sangre u orina) y que suele afectar a los más jóvenes. Sus síntomas son inapetencia, somnolencia, deficiencias en el pelaje, infecciones en la piel o la vejiga, enfermedades bucodentales, anemia o debilidad. Contagiado por el virus, el gato comenzará a desarrollar tumores y fallecerá en un plazo de entre dos y tres años. Afortunadamente, contamos con vacunas felina prevenir dicha enfermedad, aunque no existe cura.

Rabia: se trata de una enfermedad viral que se transmite por la saliva. Su síntoma más evidente es el cambio en la conducta del animal, ya que el virus afecta a su sistema nervioso central. También sufrirá de encefalitis, perderá sus reflejos y presentará estrabismo, mandíbula caída, convulsiones, temblores, desorientación, espasmos musculares, ataxia y parálisis. La muerte se sucede a los tres o cuatro días. Por supuesto, hay vacuna contra la rabia.

Panleucopenia felina o moquillo: es una enfermedad provocada por un parvovirus. Los síntomas más habituales son fiebre, hipotermia, vómitos, diarrea, deshidratación, anorexia y una bajada de glóbulos blancos y leucocitos. La vía de transmisión son las heces de un gato infectado o el contagio indirecto por objetos contaminados, como pueden ser cuencos de comida o bebida o la cama del animal enfermo. La vacunación es el modo de prevenir esta enfermedad. El tratamiento consiste en antibióticos e hidratación intravenosa. Al ser contagiosa, si tu gato se ha infectado, debes de aislarlo y cuidar mucho la higiene y limpieza de sus enseres, ya que el virus resiste hasta un año en el ambiente.

Lidiposis hepática felina. Es el síndrome del hígado graso felino. Es una enfermedad grave, no infecciosa que lleva a la muerte al 90% de los gatos diagnosticados que no reciben tratamiento. Relacionado con la obesidad del animal, sus síntomas son pérdida exagerada de peso, aumento del tamaño del hígado, deshidratación, ictericia, vómitos, inapetencia y diarreas.

Inmunodeficiencia felina. Es el VIH de los gatos y se transmite por la mordedura de un ejemplar infectado.  Si se asocia al lentivirus puede ser mortal. Afecta a ejemplares adultos no esterilizados. Sus síntomas son infecciones en la boca, problemas respiratorios, infecciones gastrointestinales o pérdida de peso. Contra esta enfermedad no hay tratamiento, su evolución es lenta, pero irremediablemente mortal.

Peritonitis: está causada por una mutación de un coronavirus que produce una enfermedad llamada PIF. Se manifiesta con una inflamación de los vasos sanguíneos. Sus síntomas son fiebre, hinchazón del abdomen, anorexia y acumulación de líquidos. La vía de transmisión son las heces. Suele afectar a los más jóvenes. En este caso contamos con vacunas que nos ayudan a prevenir la enfermedad.

Insuficiencia renal: esta enfermedad crónica severa es una de las causas más frecuentes de fallecimiento de gatos domésticos. Afecta al riñón y puede presentarse de forma aguda o crónica. Es difícil de diagnosticar y presenta una mortalidad del 40% de los gatos diagnosticados. Afecta a un tercio de los gatos mayores de quince años. La mayoría de ellos mueren dos o tres años después del diagnóstico.

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