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La irritabilidad canina va unida a una mayor inteligencia para concluir actividades

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Los perros tienen una alta capacidad de aprendizaje muy asociada al vínculo que les une a su dueño. De hecho, la inmensa mayoría de adiestradores insiste en que quien tiene que enseñar al perro es el propietario. Ahora esta teoría, si no se cae por tierra, sí queda en entredicho, al demostrar una investigación de la Universidad de Budapest que los perros gruñones son aprendices muy inteligentes también con extraños, lo que no son capaces los sociables.

 

 

Por M. ARAMBARRI

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El equipo del Departamento de Etología dirigido por la investigadora Paola Maria Valsecchi, se puso manos a la obra al constatar que ningún estudio investigó el papel de la relación perro-dueño en los procesos de aprendizaje del can diferenciado por los problemas de conducta.
Tras observar y analizar el proceso de aprendizaje de un centenar de perros mayores de 10 meses reclutados todos ellos en centros de adiestramiento de Hungría, comprobaron que los animales con puntuaciones altas en agresividad y gruñones en cuanto a defender su territorio, su comida o sus juguetes, aprendieron con mucha facilidad de los extraños, lo que no conseguían los amistosos ya que buscaban en todo momento a su binomio.

Estos perros “irritables” cuando reciben una orden o una enseñanza se ponen manos a la obra sin apenas distraerse y demuestran mayor inteligencia a la hora de concluir una actividad en la que se pone a prueba su capacidad de resolver.
Así, a todos se les escondió su juguete o golosina favorito detrás de una valla de alambre y para pasarla debían recorrer los tres metros de longitud que la valla tenía a cada lado. Se hicieron tres grupos: 36 en el de control, 31 a los que les mostró el camino un extraño y 31 a los que se lo indicó su propietario.
Con el grupo de control, el dueño se quedó con el perro en el punto de partida (sujetándolo por el collar), el experimentador sostuvo la recompensa en su mano, llamó la atención del perro con señales ostensivas (llamando al perro por su nombre, diciendo “¡Mira!” en húngaro) y le mostró la recompensa. Luego, fue hasta la esquina de la cerca en línea recta y colocó la recompensa en la esquina interior desde arriba (inclinándose sobre el borde superior de la cerca), mostró sus manos vacías al perro y regresó en línea recta. El dueño soltó al perro y comenzó la prueba que debe hacerse en 60 segundos. El dueño no podía dar órdenes ni señalar los extremos de la cerca, pero podía alentar al perro a seguir adelante. La prueba terminó cuando el perro alcanzó la recompensa (al desviar la valla) o se cumplieron los 60 segundos. La primera prueba de los dos grupos de demostración fue la misma que para el grupo de control.
En la esquina
Pero ya en la segunda y tercera prueba en el grupo donde el camino lo indicó un extraño, el experimentador no colocó la recompensa en la esquina interior desde arriba, sino que caminó alrededor de la cerca y dejó la recompensa en la esquina, y la dejó allí caminando hacia atrás por el otro lado de la valla.  Si el perro tuvo éxito en la primera prueba, el experimentador se desvió alrededor de la cerca desde el otro lado que el perro.
En la segunda y tercera prueba en el grupo de perros a los que el camino se lo mostraba su dueño, el experimentador mantuvo al perro en el punto de inicio mientras el propietario llevaba la recompensa a la esquina interior de la cerca de una manera similar a como se hizo con el grupo anterior. Luego el dueño regresó con el perro y fue él quien lo dejó en libertad.
En todos estos ejercicios los investigadores midieron tanto la latencia para obtener la recompensa, contando el tiempo entre que el collar del perro fue liberado por el dueño hasta que fue capaz de girar la valla y tocar su juguete o golosina, (a los que no fueron capaces de llegar le asignaron el resultado de los 60 segundos máximos), como la frecuencia con la que el perro miró al dueño durante la prueba.
Los resultados desvelaron que los perros más “irritables” o “gruñones” fueron capaces de llegar en menos tiempo a su juguete tras la valla después de que un extraño les mostrase la tarea. También miraron hacia atrás con menos frecuencia al propietario, lo que indica que cuando se quedaron solos, mostraron comportamientos menos dependientes (mirando hacia atrás) y pueden intentar resolver el problema de manera más persistente en comparación con los perros menos “hiperactivos” y más amigables con sus dueños.
Los autores de la investigación matizan que “Podemos suponer que los perros altamente “irritables” pueden estar más atentos a las acciones humanas, y esto podría causar que presten más atención al demostrador humano, por lo que podrían aprender de manera más efectiva de su comportamiento”. Y esta mayor inteligencia en respuesta social se basa en que el factor “irritable” consiste en ítems que describen comportamientos relacionados con la agresión, pero también asertividad y persistencia.

Observación
Como conclusión indican que “En el presente estudio, delineamos un nuevo paradigma, mostrando que algunos factores que caracterizan la relación perro-dueño (tendencia a ser agresivo con el dueño o ser en general irritable en contextos particulares) también pueden estar asociados con tales comportamientos sociales, como la capacidad de aprender a través de la observación de un demostrador humano. Nuestros resultados llaman la atención sobre la complejidad de las interacciones perro-humano, así como abren nuevas y prometedoras posibilidades para una mejor comprensión de la interacción entre la dinámica social perro-perro y la relación entre los perros de compañía y sus dueños”. 
Los datos
98 perros de centros de adiestramiento participaron en el estudio

 

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