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Un paciente con cáncer puede seguir

con su perro, pero con precauciones

Javier Román, director médico del Instituto Oncológico Baselga (IOB)

cancer

 

Tras el mazazo de recibir un diagnóstico de cáncer en los hogares en los que hay un perro, el miedo se apodera de la familia y su primer pensamiento es desprenderse de él. El doctor Javier Román, miembro de la Sociedad Española de Oncología Médica y director médico del prestigioso Instituto Baselga, referente en investigación y tratamiento del cáncer, es tajante al señalar que no hay por qué alejar al perro, eso sí, extremando las precauciones y, en los casos extremos, evitando un contacto estrecho con el perro. Advierte que un enfermo inmunodeprimido no debería dormir con su mascota en la misma cama, pero sí puede acompañarlo en cualquier parte de la habitación. Respecto a los niños, partiendo de que la mascota es un elemento de estabilización emocional, en los periodos en los que la inmunidad no esté alterada puede tener contacto con su perro pero evitando el contacto físico estrecho y lavándose mucho las manos. Por supuesto el can tiene que visitar mucho más al veterinario para estar debidamente desparasitado y ser mucho más higienizado tras cada salida.

Por Emerre IGLESIAS

 

- Tras recibir un diagnóstico de cáncer ¿es seguro que, en el hogar donde hay un perro, éste siga en casa?

- La persona diagnosticada puede tener muy diversa gravedad e intensidad de tratamiento y, por tanto, diferentes consecuencias. Solo un pequeño porcentaje de los individuos que tienen que recibir un tratamiento por cáncer, en concreto los que sufren disminución de leucocitos por la quimioterapia, los que están afectados por linfomas y leucemias, aquellos que se someten a un trasplante de médula ósea o los que cuyo cáncer está relacionado con el SIDA, van a desarrollar un importante nivel de inmunodeficiencia, es decir, que su capacidad para defenderse de las infecciones puede estar muy mermada, por lo que hay que tomar ciertas medidas.

- ¿Qué medidas especiales?

- La primera es informar al paciente de que las mascotas pueden transmitir enfermedades infecciosas y que si bien esto es poco frecuente en personas sanas y perros bien cuidados y atendidos desde el punto de vista veterinario, en los pacientes con cáncer y en tratamiento la situación es más delicada y hay que manejarla con más cuidado. Lógicamente, las personas de mayor riesgo sí que tienen que tomar medidas para evitar que su mascota le transmita alguna infección. Deberían evitar el contacto con las secreciones del perro, ya sea la saliva, las heces o los aerosoles resultantes de la respiración. Hay que vigilar que el perro esté adecuadamente desparasitado o que no sea portador de garrapatas o pulgas ya que las picaduras podrían ser de extremada gravedad. Es fundamental el adecuado manejo de la alimentación del perro ya que incluso los productos secos pueden estar contaminados por salmonella y debe estar perfectamente separada de la comida para humanos, manejadas con guantes y lavarse las manos con agua y jabón de forma abundante. Hay que extremar los autocuidados.

- ¿Hay que aumentar las visitas al veterinario?

- Sí. Es importante que las mascotas pasen revisiones veterinarias estrictas, evitar contactos estrechos y excesivos en los que el perro o el gato chupe, muerda o arañe a su dueño. Es muy importante que el veterinario asegure que la mascota no presenta enfermedades parasitarias y está adecuadamente desparasitado. Cuando el perro tiene diarrea o enfermedades de la piel el contacto con el enfermo de cáncer debe ser evitado.

- Los tratamientos de quimioterapia y radio son duros. ¿Interfiere la presencia de un perro de la misma manera en diferentes tipos de tumor?

- El perro en sí mismo no interfiere en absoluto los tratamientos de quimio o radioterapia, pero cuanto más intenso es el tratamiento antitumoral más probabilidad de coger infecciones, por eso en los casos extremos no deberían estar en contacto estrecho con sus perros. No olvidemos que la saliva de los perros está altamente contaminada por bacterias y que puede ser un peligro potencial para el enfermo.

- Hay mucha gente que duerme con su mascota. ¿Debería dejar de hacerlo?

- En principio un paciente inmunodeprimido no debería dormir con su mascota. Otra cosa diferente es que su mascota duerma cerca de él en su propio espacio y adecuadamente separado pero en ningún caso junto en la cama del dueño. Eso es un error.

-Separar al paciente de su mascota, ¿no puede suponer una angustia aún mayor y peor recuperación?

-Por supuesto que sí, un paciente oncológico que ya está adicionalmente afectado por su propia enfermedad, podría sufrir al separarse de su mascota dado que algunas personas tienen una estrecha relación afectiva con su perro. Sin embargo, si las circunstancias lo recomiendan, un alejamiento prudente y juicioso se impone temporalmente.

- Los perros son un miembro más de la familia, ¿no resulta muy drástico hablar de alejarlo aunque sea temporal?

- Es verdad que muchos perros son un miembro más de la familia y naturalmente puede ser drástico separarlos o alejarnos aún cuando se podría llegar a situaciones intermedias cuando la ocasión lo requiera y de forma temporal. La seguridad del paciente debe estar por encima de la tristeza temporal que supone un alejamiento de la mascota que no tiene por qué ser definitiva.

-¿Qué beneficios aporta a un paciente poder seguir acompañado de su perro?

- Desde el punto de vista emocional son enormes ya que las personas que conviven con su perro pueden tener adicionalmente un nivel de depresión mayor si se produce la separación. Naturalmente una mascota es un elemento de estabilización emocional para su dueño.

- Los expertos, avalados por numerosos informes de investigación, mantienen que los perros mejoran la calidad de vida de sus dueños e incluso los convierten en personas más sanas. ¿Eso es así también en los que sufren cáncer?

- Las mascotas claramente se ha demostrado que pueden disminuir el grado de depresión de sus dueños, incluso mejorar en algún grado la hipertensión arterial, pero desde luego en los pacientes con cáncer, aparte del confort emocional que les pueden producir, no se ha demostrado ningún otro beneficio y desde luego hay que balancear siempre la posibilidad de que produzcan infecciones cuando el paciente está falto de defensas.

- ¿Puede seguir el perro jugando con otros en los parques?

- Los perros pueden seguir haciendo las actividades normales pero en el caso de que convivan con pacientes con cáncer cuando el perro salga al exterior se deberían higienizar las almohadillas plantares de las patas así como el area anal y el hocico con toallitas húmedas que contengan jabón o antisépticos.

- En el caso de los niños, es donde surgen más dudas de los padres. ¿Pueden jugar con ellos como hasta ahora?

- Los niños con cáncer están especialmente expuestos a las infecciones por inmunodepresión por lo que el juego con contacto físico directo con los perros no es en absoluto recomendable.

- Entonces, ¿qué contacto debería tener un niño con tratamiento con su perro?

- Cuando el niño se encuentra en franco estado de inmunosupresión no debe tomar ningún contacto con su perro. En los periodos en los que la inmunidad no esté alterada, y con la seguridad de que el perro está adecuadamente desparasitado, ha pasado los controles veterinarios suficientes, se higieniza después de cualquier salida a la calle (hocico, patas y área anal) y el niño se lava las manos después del contacto con él, si su oncólogo infantil lo considera adecuado, podría tener contacto con su perro pero evitando el contacto físico estrecho, los lametones, y especialmente los mordiscos o arañazos, lo cual es muy difícil puesto que habitualmente ni el niño ni su perro guardan las distancias de forma razonable. Lavarse las manos abundantemente con agua y jabón después de tocar a su perro es absolutamente fundamental.

- Hasta ahora hablamos de los perros que ya son un miembro más de la familia... pero ¿y en los hogares donde no hay mascota hasta ahora?¿Es bueno introducir uno en sus vidas?

- Desde luego en los hogares donde no haya perro no es nada conveniente introducir uno y mucho menos un cachorro que es mucho más vulnerable a las infecciones y, por tanto, puede trasmitírselas al niño enfermo con más facilidad.

- ¿Como afectaría esto al tratamiento?

- Si la introducción de una mascota pone en riesgo al niño con cáncer, no debe hacerse aunque su presencia le produzca una mejora emocional clara. Hay que buscar alternativas exentas de riesgos.

- Si los padres optan por cumplir el deseo de sus hijos ¿qué les indicaría de cómo introducir a las mascotas?

- Obviamente una mascota es un ser vivo que ha de ser adecuadamente cuidado y no un capricho pasajero producto de una decisión poco madurada. Un perro, y menos un cachorro, no es buena idea para jugar estrechamente con un niño con cáncer, al menos desde el punto de vista de las enfermedades infecciosas contagiables. Mi consejo es que no introduzcan nunca una mascota en casa de un niño con cáncer si no han consensuado con su oncólogo infantil.

- En esta vorágine de desinformación que significa Internet, hay muchos mitos sobre cómo puede influir un perro en un enfermo con cáncer. Desde la profesión médica, ¿cómo se puede actuar para que desaparezcan todos estos falsos mitos?

- En primer lugar hay que individualizar cada caso. Cada paciente es único y mientras que en algunos casos el perro u otra mascota no es ningún problema relevante para el enfermo de cáncer, en otros casos sí puede serlo. Mi primera recomendación es consultar al oncólogo o al hematólogo sobre si la presencia de la mascota puede ser o no un problema. A veces las decisiones pueden ser más difíciles por convivir el enfermo y la mascota en espacios estrechos, o por una situación especialmente grave del enfermo o porque la propia mascota presente parasitosis crónicas conocidas potencialmente transmisibles al enfermo. Por lo tanto, mi segunda recomendación es consultar al veterinario sobre la situación de la mascota. Por último, mucho sentido común y priorizar siempre la seguridad del enfermo atendiendo adecuadamente las necesidades de la mascota.

- Entre sus pacientes, ¿le plantearon alguna vez este tipo de dudas o inquietud? ¿Cuál fue su consejo?

- No es muy frecuente que los pacientes consulten esto y es más frecuente que seamos los oncólogos los que nos interesamos por la existencia de mascotas para explorar el riesgo potencial. Yo trato siempre de individualizar los consejos. No hay dos casos iguales. Insisto siempre en la prevención de infecciones, el lavado frecuente de manos, la higiene del perro sobre todo después de sacarlo de paseo, el cuidado con los alimentos del perro, que no coma carne o huevos crudos, no tocar con las manos el pienso del perro, que éste sea de buena calidad y, sobre todo, que evite el contacto superestrecho, con besos, lametones...; las personas muy “perreras” entenderán perfectamente lo que estoy diciendo...

- Y dando un paso más, ¿sería bueno que los perros acompañaran a sus dueños cuando éstos van a recibir quimioterapia?

- Sinceramente creo que no. Un hospital no es el mejor sitio para ir con el perro. Aunque sea el “mejor amigo del hombre” hay que confiar en que el personal sanitario puede sustituirle temporalmente en el cuidado de su enfermedad cancerosa durante el tiempo que pase en el hospital. Además, los pacientes oncológicos hacen la mayor parte de sus tratamientos de forma ambulatoria y vuelven rápidamente a su casa en el día por lo que es mejor que su perro le espere en casa.

- ¿Y que pudiesen visitarlos cuando están ingresados en el hospital?

- Insisto en que el hospital es un lugar donde hay enfermos a veces muy críticos en los que un perro, potencialmente capaz de trasmitir enfermedades, no es recomendable desde el punto de vista sanitario. No es infrecuente que los ingresos de nuestros pacientes estén motivados por caída de las defensas con infecciones asociadas y en éstas circunstancias es aún menos recomendable.

- Por desgracia hay pacientes que entran en fase terminal y quisieran estar acompañados también por su perro en los últimos momentos… ¿qué posibilidades hay?

- En esas circunstancias es evidente que todo cambia, sobre todo si está en su domicilio. En esos casos yo no me opondría en absoluto a que disfrutase de la compañía de su mascota. En un hospital es casi imposible por la normativa sanitaria actual.

- En esta situación, muchos temen por el futuro de su perro y es un motivo más de angustia, estrés… ¿Qué se debe hacer?

- Si la familia del paciente no está en condiciones de cuidar al perro hay que anticiparse y buscar la colaboración de asociaciones que pueden brindarle la ayuda necesaria para buscarle una nueva familia pero nunca abandonarle. Los familiares tienen que ayudar al paciente para buscarle una solución definitiva a su mascota y que ésta sea satisfactoria para que calme la ansiedad que puede producir en el enfermo.

 

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