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Patitas Perrigatunas no deja a ningún perro o gato atrás

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Los abandonos se han disparado con el fin de las restricciones a la movilidad y la llegada del verano. La mayoría de protectoras están saturadas y cuando llega un particular a “dejar” su perro suelen rechazarlo. Patitas Perrigatunas se ha propuesto que ningún perro acabe tirado en una cuneta y acude a por ellos, allá donde sea.

Por E. IGLESIAS

   

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Esta protectora, que lleva unos dos años en marcha, surgió después de muchos años de voluntariado de Gemma Fernández. Tras meterse en varios grupos de ayuda animal, conoció a sus compañeras, se hicieron madrinas de perros, hacían procesos de preadopción, eran voluntarias en diferentes asociaciones… y llegó el momento de crear su propia protectora.
De asociones en defensa de los animales está llena nuestra geografía, pero Patitas Perrigatunas es diferente fundamentalmente por dos razones: una porque no se deja a nadie por el camino, y otra porque ha creado su propia línea de piensos, piensopatitas.es, un alimento elaborado con ingredientes frescos de origen animal cuyos ingresos son para financiar a la asociación y ayudar al mayor número de animales posibles.
Gemma lo tiene claro: “nos llaman de diferentes lugares y ponemos todo en marcha. Siempre acabamos cogiéndolo porque si no sabemos que va a acabar en una carretera o en la perrera”.
La mayoría de personas que se pone en contacto con Patitas Perrigatunas son los propios dueños con las excusas típicas: que no puede tenerlo más, que ha llegado un bebé, que se pelea con otros, que en el piso ya no puede estar, que le han surgido problemas personales, que da mucha guerra y ladra en el patio, que de repente han aparecido alergias, que por motivos laborales es imposible que siga en su casa… etc.
Aunque en un primer momento los voluntarios que trabajan con ella tienden a debatir con el propietario que intenta “entregar” a su perro para evitar el abandono, lo cierto es que Gemma ya lo ha visto tantas veces que es rotunda “ni te molestes en discutir, va a salir a la carretera y tiene dos opciones: o lo suelta o lo lleva a la perrera, ya he visto muchas veces que después de ofrecerlo cuando preguntas cómo van con el perro te dicen que se les escapó hace tiempo y no saben nada de él”.
Patitas Perrigatunas tiene un pequeño refugio en Rivas, Madrid, pero está saturado, por lo que muchos de sus perros acaban en residencias a la espera de ser adoptados.

“Cuando ha terminado la pandemia, casi todos los han devuelto, los sacaban de las perreras que se quedaban literalmente vacías y ahora es un no parar, hay más abandonos que otros veranos”.
Como no puede ser de otra forma, en Patitas Perrigatunas también hay animales acogidos con problemas de conducta, para los que cuentan con adiestradores que les ayudan con precios algo asequibles. Les suelen dar las pautas a seguir, y ya Gemma, tirando de sus años de experiencia, transmite a los voluntarios los ejercicios que hay que hacer con estos perros, que poco a poco van saliendo en adopción.
Gracias a la ayuda desinteresada de media docena de voluntarios, en el refugio cuentan siempre con una persona las 24 horas del día, “solemos tener una persona o dos todos los días”.

(Página 27).

 

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