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Así es la cría y formación de un perro-guía de la ONCE

 crianza ONCE

 

La Fundación ONCE tiene sus propios perros reproductores con los que cría para facilitar a sus usuarios un perro-guía. Los cachorros se socializan en una familia educadora y a los trece meses vuelven al centro, primero con un entrenador y finalmente con un instructor hasta que se entrega al usuario. Zaire es uno de ellos.

Por Miguel PELE

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Al igual que para su socialización posterior, la ONCE dispone de “familias cuidadoras, que son con las que convive el macho o la hembra y cuando es necesario acuden al centro en Boadilla del Monte (Madrid), para su apareamiento. Luego de la monta, vuelven a sus domicilios hasta que las hembras están a punto de parir y regresan al centro”, según nos cuenta Ana Jarabo, supervisora de cachorros de la Fundación.

Los cachorros
Las crías están con su madre un mes y medio hasta que se destetan. A los 57 días se ubican con una familia educadora, con la que estará el periodo de sociabilización hasta los trece meses. “Hay un falso mito de que son perros que no juegan ni los dejan correr, porque van con el peto de la ONCE, pero juegan, salen al campo, van a la playa… Hacen todo, lo que no se debe hacer es jugar a lanzarle la pelota, porque se debe inhibir el instinto de presa. Actualmente tenemos 250 cachorros en familias educadoras”.
Durante un año, las familias educadoras lo llevarán a todos los lugares posibles, para que se habitúe con los diferentes escenarios en los que tendrá que convivir: desde metro, autobuses, centros comerciales con escaleras mecánicas, ascensores, ruidos de la calle, otros perros… Son familias muy implicadas, que les gustan los animales y que hacen una increíble labor. Algunas de ellas repiten y vuelven a tener otro cachorro, “una en concreto ha educado ya a 24 cachorros”.
A los trece meses se les hacen radiografías para detectar displasias de cadera, codo y hombro. Y si se detecta algún problema se ofrece a la familia educadora o se da a otra fundación con la que se colabore. Finalmente, los perros una vez terminada su etapa laboral tienen varias opciones. La gran mayoría “se quedan con la persona invidente, que lo adopta y pasa a ser de su propiedad. Pero si no es posible, vuelven a la Fundación, donde conviven con los trabajadores de perreras. Se contacta con la familia que lo educó por si lo quieren adoptar o se da en adopción a otra familia”, finaliza Jarabo.
Las razas son generalmente labrador, golden retriever, algún pastor alemán y labraniche, cruce entre labrador y gran caniche que posee la particularidad de un pelo más hipoalergénico, para aquellos usuarios que tienen alergias.

El instructor
El adiestramiento es un proceso que empieza cuando nace el perro y acaba cuando se entrega al usuario, un total de 18 o 20 meses. Tras su socialización se le asigna un entrenador que comienza el entrenamiento básico. Tres o cuatro meses después pasa a un instructor, que realiza un entrenamiento avanzado, terminando todos los aspectos introducidos por el entrenador, “como parar delante de un bordillo, evitar un obstáculo para que no se golpee con el hombro una persona ciega. A esto se le llama trabajo del hombro derecho porque el perro-guía, por norma, va en el lado izquierdo, siguiendo unos parámetros establecidos por la Federación Internacional de Escuelas de Perros-guía, para todos los países”, nos cuenta Javier Valle, uno de los instructores de la Fundación ONCE.
Según Valle, “y lo digo con fundamento, hacemos la parte más delicada de este trabajo, que es el emparejamiento del perro con la persona ciega”. Cuando llega el momento persona-perro hacen un curso de dos semanas y media en las instalaciones de la Fundación, tutelado por el instructor. Hay excepciones, como durante la pandemia u otras circunstancias, en las que el instructor se desplazaba a domicilio y realiza el curso durante una semana.
Los perros salen “como en una cadena de montaje y luego es cuando el instructor decide a qué persona ciega se lo va a dar, en función de los informes, perfilamos lo más posible el perro a las necesidades físicas de la persona. Por ejemplo, para que un usuario pueda ir a su trabajo en metro y hacer transbordo o adaptar el caminar al paso de cada persona”.
Con muchísimo trabajo y la aportación de la familia educadora, entrenador e instructor y el perro, que es muy inteligente, consiguen que convivencia mutua durante los primeros meses de consolide todo el trabajo previo y hace que el perro tome decisiones propias para proteger a su dueño. Esto para que ‘trabaje’ durante 9 o 10 años. Las incidencias se solucionas por teléfono y si es algo más grave se persona un instructor en el domicilio.
La persona ciega debe mandar una serie de informes, durante el primer mes uno semanal y hasta el primer año uno mensual en los que cuentan cómo evoluciona la “unidad”. Así el usuario posee el usufructo del perro-guía hasta su jubilación, en la que puede ser adoptado o volver a la Fundación, propietaria de por vida, según la situación de ambos.

Finalmente, según Valle, “todos los profesionales de la escuela están en un continuo proceso de aprendizaje, y sí que estamos intentando adherirnos a esta nueva tendencia de adiestramiento en positivo, porque lamentablemente sí que contemplamos el castigo, pero nuestro adiestramiento siempre, siempre está enfocado hacia lo positivo”.

Los datos
4 años de lista de espera para recibir el perro-guía
250 cachorros hay repartidos en familias educadoras
2 años es el tiempo que se precisa para formar un cachorro y convertirlo en perro-guía
8-10 años de vida laboral antes de jubilarse y pasar a ser mascota

(Páginas 6 y 7)

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