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Intentar adiestrar nosotros a nuestro perro, peligro para dueños y animales

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Un estudio realizado en la Universidad de Arizona sobre los métodos de entrenamiento que usan los dueños de perros pone de manifiesto que ante problemas solo cinco de cada cien se decanta por acudir a un adiestrador, lo que supone un grave riesgo al no estar capacitados para hacer este trabajo. Una investigación avisa del riesgo para la seguridad de perros y propietarios que sin capacitación intentan hacer modificaciones de comportamiento.

Por Óscar REKALDE

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Mucho se ha investigado sobre las implicaciones para el bienestar animal de las diferentes metodologías de adiestramiento canino, pero muy poco sobre cómo los dueños de los perros los entrenan, qué métodos usan o dónde recibieron sus recomendaciones.
La investigadora Anamarie C. Johnson de la Facultad de Psicología de la Universidad estatal de Arizona se puso manos a la obra el año pasado y estudió el comportamiento de alrededor de 800 estudiantes de su centro educativo con sus perros.
Su objetivo fue conocer qué métodos de adiestramiento utilizan los propietarios estadounidenses, qué herramientas de entrenamiento utilizan, cómo manejan los comportamientos problemáticos comunes y dónde reciben su asesoramiento para el entrenamiento.
Su primer descubrimiento fue que apenas un cinco por ciento recurre a un adiestrador profesional cuando su perro presenta problemas de comportamiento, el 60% le pregunta a un amigo o familiar o incluso busca consejo en línea, y un 70 por ciento asegura que lo entrenan ellos mismos aunque no tengan ninguna capacitación para ello.
Esto, significa, según la profesora, “que dado que la mayoría de dueños no están capacitados para modificar el comportamiento de un perro, presenta un riesgo para la seguridad del propietario y del perro”.

Correcciones
En cuanto a los métodos usados, la mayoría afirma que usa sistemas basados en recompensa, pero ante conductas problemáticas, el 57% reconoce estar dispuesto a usar correcciones auditivas o físicas.
Los métodos denominados aversivos, los que utilizan castigo positivo (agregar un estímulo desagradable para disminuir la probabilidad de que una conducta vuelva a ocurrir) o refuerzo negativo (eliminar un estímulo desagradable para aumentar la probabilidad de que una conducta vuelva a ocurrir ), aún son usados por una buena parte de los propietarios, sobre todo cuando el perro presenta algún problema de comportamiento.
Enfrente están los métodos no aversivos, lo que usan refuerzo positivo (agregar un estímulo gratificante para aumentar la probabilidad de que una conducta vuelva a ocurrir) y castigo negativo (eliminar un estímulo gratificante para disminuir la probabilidad de que una conducta vuelva a ocurrir) que cada vez proliferan más tanto en adiestradores profesionales como en dueños de mascotas.
En este estudio se comprobó una vez más que los perros expuestos a métodos de entrenamiento aversivos tuvieron menos éxito en completar una nueva tarea de entrenamiento y mostraron un sesgo más pesimista en una prueba de sesgo cognitivo espacial que aquellos entrenados con métodos no aversivos.
Además, los perros entrenados con métodos aversivos eran menos interactivos durante el juego solicitado por un dueño y eran menos propensos a interactuar con un extraño en un ambiente relajado. De manera similar, los perros entrenados con métodos aversivos pasaron menos tiempo mirando a sus dueños durante el entrenamiento y mostraron un comportamiento de evitación, mientras que aquellos en condiciones no aversivas no lo hicieron.

Tres a uno
La mayoría de los propietarios estudiados en este trabajo tenían menos de 30 años, y las mujeres superaban a los hombres en una proporción de tres a uno. Las edades de los perros oscilaron entre las ocho semanas y más de 17 años, más esterilizados o castrados que intactos y provenía de rescate (27,6%), criador (26,6%) o amigos/familiares (23,5%).
Cuando se les preguntó si su perro asistía actualmente o había asistido a algún entrenamiento en una clase grupal o con un entrenador privado, la mayoría de los encuestados informaron que no asistieron a ningún entrenamiento formal ni entrenaron al perro ellos mismos.

Clases caras
Casi todos insistieron en que no tenían tiempo para ellos, o que las clases eran demasiado caras o que su perro no lo necesitaba porque, en su opinión, era perfecto.
De los pocos que acudieron a algún entrenamiento profesional, el 37,17% señaló que su educador canino usaba sistemas de entrenamiento mixtos aversivos, pero un 60,2% insistió en que siempre busca un formador canino que solo use métodos basados en recompensas, es decir, no aversivos.

 

 

En cuanto a los dueños que tienen problemas con que su perro tira de correa, uno de los principales inconvenientes que sufren los propietarios con sus canes, “un tercio asegura usar alguna forma de corrección auditiva para mitigar el problema, seguido de corrección física”, indica la investigación publicada en el prestigioso fondo de datos suizo MDPI, pionero en publicaciones académicas de acceso abierto. Del 72% de los encuestados con problemas de tirones, casi ninguno usó equipos de correa especializados.

Los datos
60% de las mujeres buscaron formación basada en recompensas
59,7% de hombres eligieron adiestradores amables con los perros

(Páginas 12 y 13)

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