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La american staffordshire terrier que se clasificó para la Copa de España

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Pastores alemanes, belgas malinois, unos pocos dóberman... perros atléticos y ágiles que saltan casi como gacelas, dominan las competiciones de IGP, uno de los deportes caninos más exigentes. ¿Y los american staffordshire terrier? Son bajitos y su fisionomía no parece la más adecuada. Litanie, con su guía Pablo, rompió moldes y llegó hasta el Grado III. La covid truncó de raíz su sueño.
In memorian de la única american que ha llegado al grado III de IGP y se clasificó para la copa de España.

Por Emer IGLESIAS / Fotos: Gretta Gunter

  

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 Hace siete años, en 2014, Pablo, buscaba una perra para compañía en su finca de Ciudad Real. Y se cruzó con Litanie, una american staffordshire terrier de un criador que quería deshacerse de ella. Esta cachorra había nacido con las vértebras del rabo fusionadas y no era idónea ni para criar ni para belleza. Pablo, auxiliar técnico veterinario, ATV, no lo dudó y la compró cuando tenía seis meses.
“Yo no conocía nada de este deporte canino, tenía la perra como compañía. Hice un curso de adiestramiento y conocí el IGP, que entonces se llamaba IPO, y fui entrenando con ella para divertirnos, trabajaba sin ninguna meta”, señala Pablo a LADRIDOS.
Por el medio, Pablo montó su negocio de adiestramiento en Ciudad Real, hoy día es gerente de la clínica veterinaria Centro Veterinario Los humedales en Pedro Muñoz, Ciudad Real. “Tocaba lo básico y me empecé a interesar por este deporte, vi a varios competidores y me dio el gusanillo”.
Cuando llegó con Litanie nadie daba un duro por ella, pero el objetivo era divertirse. Y comenzaron las sorpresas. “Gente de alto nivel de este deporte me empezó a decir que no era normal las ganas que tenía Litanie de agradar al guía y sobre todo que tuviese ese corazón que le hacía destacar siendo un perro que no se crio para este deporte”, matiza Pablo.
Dicho y hecho. Dos veces en semana el binomio se desplazaba de Ciudad Real a un club de Madrid a conocer el deporte y “disfrutar con más gente que llevaba bastante tiempo en IGP”.
Y llegó el primer paso. Consiguió el test de sociabilidad para Litanie, paso imprescindible para comenzar a competir en un deporte canino donde uno de sus objetivos es la selección de la raza.
Comenzaron a darle de morder “y cumplía, la obediencia era más difícil, y el salto que era más grande que ella era su talón de Aquiles. Con solo 43 cm de altura, esta perra “bajita”, con patas cortas, “se chocaba y chocaba cuando iba a saltar, pero no paraba, quería llegar y en el último grado al que se presentó saltó el metro de altura, fue una bomba”, explica visible emocionado este ATV, que ahora tiene un cachorro de malinois y no piensa en adiestrar a otro american “quiero que Litanie sea un mito, en esta competición nunca hubo un ejemplar de esta raza, siempre quedará como una proeza”.
La carrera deportiva de Litanie comenzó tras alcanzar el test de sociabilidad. Para conocer el mundo de la competición, tras un periodo de entrenamiento, Pablo y Litanie fueron en 2018 a la Copa de España IGP FH, con la intención de conseguir aprobar el Grado I y “enseñar un trabajo en un perro que nunca se había visto”.
Campeona de España
Y no solo consiguieron pasar el Grado I sino que quedaron campeones de España de IGP FH-I, dejando a todos boquiabiertos. Más de uno de los “profesionales” con años de trabajo en IGP insistían en que sí, que era campeón de España de IGP pero de Grado I de IGP-FH una competición de “más bajo nivel”.
Nada ni nadie podrá quitarle a esta perra su mérito. Fue campeona de España, y su título quedará siempre para el recuerdo. No hay que olvidar que en este deporte canino los egos están a la orden del día, y los mismos que recordaban una y otra vez que Litanie fue campeona en una modalidad concreta, son a los que se hace la boca agua hablando de otros campeones de España de IGP, sin poner ningún apellido cuando en realidad son campeones de un club concreto como el pastor alemán o el malinios, muy lejos de competir con razas diferentes, como lo hizo Litanie.
Tras esta victoria, que llegó tras tres años de entrenamiento, Litanie y Pablo dieron un paso más y comenzaron a trabajar más en serio. Fueron a por el Grado I de IGP, sin apellidos, a los dos años en Asuncan, Arganda, y lo consiguieron con puntuaciones bastantes buenas, 97 en rastro, poco más de 80 en obediencia y 94 en defensa. “Yo le ponía límites y ella siempre los rompía, no paraba. Al año siguiente consiguió el Grado II”.
Ahora era el momento de reforzar la obediencia, donde la puntuación siempre era más baja. “Empecé a centrarme en la obediencia de cara al Grado III, en un perro con una predisposición que no es igual que en un pastor alemán o un belga”.

Cuando llegó la selectiva para la Copa de España esta american cambió las tornas en su participación: “hizo la menor puntuación en rastro de toda su vida, pero una de sus mejores obediencias y además de sacarse el Grado III consiguió clasificarse para la Copa de España, nunca pensé que llegaría, era nuestro sueño”.
Y una lección aprendida de nuevo a la vez consejo para los que comienzan: “el perro tiene que tener unas cualidades innatas, pero hay que confiar, no escuchar lo que la gente diga, nuestros límites están en nuestra cabeza”.
El trabajo de Litanie y Pablo no pasó desapercibido para nadie. “no era muy técnico ni robótico como la mayoría, lo hacía todo con soltura, contenta, no se veía presión, ni escape, ni nada como pide ahora el IGP. Todo lo conseguimos con vínculo, no necesitamos ninguna herramienta aversiva, a esta perra no le he puesto nunca púas ni collares de impulsos, todo lo hicimos sobre el respeto y el vínculo”.
La Copa de España de 2020 no se celebró por el coronavirus, su sueño quedó truncado y no pudieron demostrar su trabajo. El 26 de mayo de 2021, Litanie salió como todos los días a dar paseos por su finca en busca de conejos y su corazón se paró de repente. De nada sirvieron las maniobras de reanimación cardiorrespiratoria de Pablo, o de su mujer veterinaria, Alba Fernández, Litanie ya había hecho historia y se fue sin sufrir.
Su dueño no tendrá ninguna perra de esta raza más.  Latenie será para todos la american staffordshire terrier de Pablo, la que rompió moldes en un deporte donde robar protagonismo a pastores alemanes y malinois es difícil, además de que cae como un jarro de agua fría a sus guías.
“Ahora tengo un cachorro de malinois, estoy en un momento de reflexión, pero siempre seré Pablo el de la american staffordshire terrier, es como un homenaje a la perra que tanto me dio”.

(Páginas 18 y 19).

 

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