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¿Adiestrador o etólogo?

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Por Leonardo PÉREZ PARRY, doctor en Etología Clínica por el Centro de Especialidades Médicas Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires

Mucho se escucha hablar hoy en día de los problemas de conducta en perros y en la necesidad de solicitar la ayuda de un profesional. Ahora bien, ¿de qué profesional?, actualmente es imposible que al propietario del animal con problemas de conducta (o trastornos sea cual fuere el caso) no se le venga a la mente la imagen de los mediáticos personajes de Animal Planet como “El encantador de perros” o “El adiestrador de gatos”; imaginando que el profesional que asistirá a ayudarlo será como ellos y utilizará los mismos métodos. 

Pero en realidad los propietarios necesitados (y a veces desesperados) se encuentran con dos ofertas muy comunes (tres si se tiene en cuenta a los oportunistas quienes buscan lucrarse con la gente sin tener ningún tipo de formación técnica ni profesional, como los hay en cualquier otras disciplinas); y estos son: el Adiestrador Canino y el Etólogo Clínico

Ahora bien, ¿en qué se diferencian estos dos? ¿Cuál es el mejor? ¿Tiene sentido marcar esta diferencia?

Si el título de esta redacción fuera otro, por ejemplo: “¿¿TÉCNICO EN HEMOTERAPIA O MÉDICO CLÍNICO??”, no llamaría la atención de nadie, e incluso carecería totalmente de sentido escribirlo. Son dos profesionales que si bien trabajan en las mismas disciplinas, sus funciones son totalmente distintas y ningún paciente se vería jamás en la posición de tener que decidir entre uno y otro.

Ya que el médico tiene la capacidad para efectuar cualquier diagnóstico y optar por la terapia más adecuada de acuerdo a su criterio. Tal vez esta terapia consista en una transfusión sanguínea (por ejemplo), y si bien el médico la conoce bien y sabe la manera correcta de realizarla y sus beneficios, no será él quien practique al paciente una extracción de sangre para evaluar su grupo sanguíneo, quien busque en el banco de sangre un donante compatible, ni mucho menos quien realice la transfusión vigilando de cerca la respuesta del paciente por cualquier eventualidad que pudiera acontecer.

No, no será el médico, sino será el técnico en hemoterapia quien haga todo esto. En el tema que nos concierne, esto es más o menos así (o debería serlo). Ambos: adiestrador canino y etólogo clínico (quien por cierto, este último debe ser sí o sí un médico veterinario profesional con una formación adecuada en clínica médica, etología, neurología, endocrinología, e inmunología) son personas capacitadas en sus áreas. Pero el etólogo (como el médico clínico) debe ser el encargado de diagnosticar el problema o el trastorno de conducta e indicar el tratamiento, el cuál puede ser cualquiera dentro de la terapia comportamental (terapias conductuales, cognitivas, cognitivo-conductuales, de enriquecimiento ambiental, sistémicas, etc.) o dentro de la terapia biológica (psicofarmacología).

El adiestrador en cambio (con una formación académica, titulado y matriculado, y no el adiestrador “hecho en la calle”), como el técnico en hemoterapia está muy bien formado solo en una terapia: la terapia conductual, o lo que se refiere al condicionamiento clásico y al condicionamiento operante e instrumental; quien además posee una amplia experiencia en el manejo del perro.

Y si bien podría identificar la mayoría de los problemas de conducta (o conductas normales pero no apropiadas) no está preparado para realizar un diagnóstico desde la psiconeuroinmunoendocrinología (o mejor dicho la etoneuroinmunoendocrinología). 

Ahora bien, si esto es tan sencillo, ¿cómo es que a veces hay confusiones?, lo que a veces lleva a una rivalidad sin sentido. Es común escuchar a adiestradores jactarse de su experiencia con perros, de su lectura del animal, de que ellos logran todas las soluciones con adiestramiento sin necesidad de utilizar medicación. También es común escuchar a etólogos clínicos decir que los adiestradores no hacen terapia, de que no están aptos para solucionar problemas de conducta, etc. 

El origen de todo esto está en la falta de información en las formaciones de ambos, y en la falta de control y de regularización. Para empezar, un etólogo clínico es un médico veterinario. Al existir en las facultades de veterinaria un gran bache en cuanto a la etología en todas sus materias, el médico veterinario suele especializarse a través de cursos de posgrado, diplomados, maestrías, congresos, seminarios, y mucho estudio personal, en las siguientes áreas: etología (la ciencia que estudia el comportamiento animal, esto lo comparte con los biólogos y con los adiestradores); semiología de la conducta (estudios de los signos del comportamiento); terapias comportamentales (ya mencionadas anteriormente) y terapias biológicas (la psicofarmacología), que a pesar de la creencia popular, no es algo para dopar al animal haciendo así mas fácil el trabajo.

Hoy en día los psicofármacos son tan específicos en sus funciones (antidepresivos, ansiolíticos, anti impulsivos, normotímicos) que pueden lograr un determinado efecto con mínimos o ningún efecto colateral. Pero para esto es importante realizar un buen diagnóstico, una buena dosificación y un buen uso de la droga.

Sin mencionar que solo dan resultado cuando se complementa con una terapia comportamental y nunca por sí sola. Además la psicofarmacología solo tiene sentido usarse en animales con trastornos de conducta (o con una patología de conducta bien definida) y no con un problema de conducta (el cual es una conducta normal para el perro pero no aceptable para nosotros).

Por todo esto quien la recete debe ser un profesional altamente capacitado (un etólogo clínico, o zoopsiquiatra como se ha denominado en algunos países, es el equivalente al psiquiatra y al psicólogo de humanos). Otro punto importante es que el etólogo clínico se ocupa de las especies canina y felina por igual (aunque también hay etólogos clínicos especializados en grandes animales o en fauna silvestre) y no solo de los perros.

El adiestramiento, por otra parte, es el proceso de instruir y enseñar. Hablando específicamente del adiestramiento canino, es el proceso mediante el cual se logra que un perro logre cierta destreza en algo. Ya sea en obediencia básica, en un deporte, o en el trabajo, como por ejemplo en los perros de rescate, de seguridad, de asistencia a personas con discapacidad, o de terapias asistidas con animales.

Si bien el adiestramiento es más un oficio, o un arte que una ciencia (aunque también está totalmente basada en la ciencia de la etología, a diferencia de los antiguos adiestradores que eran más empíricos), las escuelas de adiestramiento con una formación académica adecuada a las exigencias de la actualidad, en donde se forman excelentes adiestradores cada vez son más habituales, aunque la profesión sigue sin una regulación adecuada.

Sin embargo, lamentablemente (y tal vez por falta de información al respecto) son muchos los adiestradores que intentan ocupar el campo del etólogo, como así también muchos los etólogos que quieren ocupar el campo del adiestrador. 

Conclusión: ambos profesionales están aptos para distintas áreas del trabajo en el comportamiento de los perros, aunque muchas veces se juntan para trabajar en conjunto. Pero de la misma manera que un padre no mandaría a su hijo que tiene un severo dolor de estómago a un maestro para que se lo atienda, ni un psicólogo intentaría instruir a un niño en determinada destreza, hay que saber diferenciar las cosas sin que esto suponga una falta de respeto a la formación de ningún profesional. Y los primeros obligados en enseñar estas diferencias al propietario (quien no tiene por que saber todo esto) somos nosotros mismos, los veterinarios, etólogos, y adiestradores.

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