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"Las personas que desprecian el trabajo de los perros hablan desde la ignorancia

 


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Tras 18 años como guía canino militar, la huella imborrable de los siete perros con los que trabajó David Vento Brioso, especialmente Lula, le perseguirá de por vida

Observar a militares cinológicos entrar de guardia con sus perros por las noches mientras él estaba patrullando la base con un coche le despertó el gusanillo de querer ser guía canino en el Ejército. David Vento Brioso tardó dos años en conseguirlo y ahora, 18 años después, cambia de unidad y dejar a sus perros está siendo duro.

Por Emer IGLESIAS

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Fue en 2002 cuando entró en el Ejército con la especialidad de Seguridad y Defensa. Dos años más tarde el destino se le puso de frente cuando varios compañeros guías caninos se marchaban (por ascenso o cambio de destino) y “pusieron una lista de interesados. Ahí fue donde me apunté y tuve la suerte de que fui uno de los dos elegidos para el puesto”, indica a LADRIDOS Vento Brioso.
En estos 18 años como guía canino castrense siete perros fueron sus compañeros inseparables: Tana, Tania, Aik, Ghost, Iceman, Lula y Slash. De todos tiene recuerdos imborrables, pero una destaca especialmente: su amada Lula como la denomina.
“Me acuerdos de todos con muchísimo cariño, pero sin duda alguna me quedaría con mi niña Lula. Fue la perra que más tiempo he tenido como guía. Hice el curso de explosivos en el año 2012 y a ella la conocí allí mismo. Tenía justo 11 meses cuando llegó a mis manos y me hizo un curso muy muy difícil (jajajajaja). Hemos vivido muchas cosas juntos y se fue adoptada con una familia estupenda a León el pasado mes de noviembre”, indica.
La labor de los perros en el mundo militar ha ido cambiando en los últimos 20 años. Con una frase muy expresiva indica David esta evolución, “Hace unos años era más bien casi una obligación para algunas unidades que a día de hoy es una necesidad. Hoy hay más medios y destinan más dinero para este fin”.
Y esa necesidad es la que los hace imprescindibles actualmente. “Hay tecnología que no puede superar hoy día el olfato de un perro. Pongo el ejemplo de la desgracia sucedida en Siria y Turquía. ¿Cuántas vidas han salvado estos animales? ¿Cuánta es la droga que puede quitar de las calles un perro que localiza un vehículo, una embarcación o una vivienda? Un perro de detección de explosivos puede oler y marcar un artefacto sorpresivo en una papelera, un coche bomba. El perro es imprescindible en todas las especialidades”, relata a LADRIDOS este militar.

Comienzos difíciles
Pero no siempre fue así. Sus comienzos como cinológico (especialista en perros) fueron duros. “Pues imagínate sin ningún conocimiento y con una perra difícil de llevar. Unas teóricas de un par de semanas y a funcionar (las teóricas de los mismos compañeros allí mismo). Nunca olvidaré lo difícil que me lo puso mi primera perrita (Tana)”.
Y fue precisamente con Tana con la que recuerda una de sus primeras anécdotas de guía canino. “En mis primeras guardias (de noche) con mi perrita Tana, se me partió la correa (por esto decía sobre pocos medios por aquel entonces jajajaja) y me pegué toda la noche con los compañeros de la guardia buscándola por toda la base, la encontramos a la mañana siguiente”.
Duro o difícil, nunca optó por tirar la toalla, no se arrepiente de nada y volvería a repetir “sin duda alguna” toda una vida entre uniformes y perros. Lo peor vivido en estos 18 años no fue solo la muerte de los perros, sino incluso la despedida por jubilación. “Lo más duro la muerte de algún perro por alguna enfermedad e incluso una jubilación que se va tu compi y por distintos motivos no te lo puedes quedar. Aunque sabemos que se jubilan con buenas familias y tenemos un seguimiento. Pero es duro desprenderte de ellos, pero bueno una muerte es muy muy duro”.
Antes de estas separaciones amargas, las satisfacciones de ser guía canino militar envolvían su labor. “Lo más satisfactorio de este trabajo es cuando hay “una necesidad de la unidad por alguna emergencia y se realiza una búsqueda muy buena o una evaluación aprobada”. Son momentos que le quedan en la retina de por vida.
Los perros militares son perros de trabajo a los que a veces se pone en duda su existencia, que si es maltrato, que no han nacido para eso, que hay que dejarlos tranquilos… incluso la legislación parece que sigue a estas corrientes animalistas.

Bienestar animal
Brioso lo tiene claro, el bienestar animal envuelve a estos compañeros de cuatro patas y su existencia es básica en nuestra sociedad. Es tajante ante los sectores que lo ponen en duda.
“Pues espero que nunca necesiten la ayuda de un perro para localizar a ningún familiar suyo, que piensen que cuando un perro de detección de drogas localiza un alijo, no lo va a consumir algún familiar. Estas personas hablan sobre la ignorancia. Hoy día se necesitan perros para casi todo. El perro de alerta médica, los perros que detectan cebos envenenados. No son perros explotados ni perros maltratados, son perros con una carga genética que necesitan de actividad para saciar su energía. ¿Los sacrificamos cuando no nos sirven? Pues evidentemente no. Tenemos la ayuda de ADOPTA K9 que hace una gran labor para buscarle un hogar cuando no podemos quedarnos con ellos y nosotros tenemos el seguimiento de nuestros compañeros”.
Eso sí, no todo es ponerse delante de un perro y, ¡hala!, a trabajar. Hay que formarse mucho, tener mucha vocación y vivirlo desde dentro. “En primer lugar, le tiene que gustar mucho. No es un trabajo agradable al principio, no es un perrito de casa que tienes que adiestrar. Lo comparo con el carné de conducir, eres novel y te dan un Ferrari. En segundo lugar, hay que reciclarse, aparte del aprendizaje militar, se deben hacer cositas por la calle que hay muchos profesionales muy buenos que pueden ayudar muchísimo”, matiza Vento.
En el Ejército el día a día con los animales se lo lleva entrenar con los perros y el mantenimiento de las perreras. “Cada día era lo que teníamos al alcance, dependía de si teníamos vehículo para desplazarnos por la unidad o no. Podríamos hacer vehículos, o bien si podíamos entrábamos en el avión para hacer alguna práctica o podíamos desplazarnos algún edificio para hacer interiores de edificios”.

Y ahora tras 18 años entre “compis” de cuatro patas, como los llama, su vida da un giro y ya no hay más pelos en sus uniformes. “Uf me está costando asumir que ya no voy a estar más con mis perros. Pero tendré que adaptarme, la verdad que necesitaba un cambio en mi vida. Me voy a hacer guardias a un radar que tenemos en Constantina (EVA 3)”, concluye este experimentado guía canino militar.

Lula, su niña
Esta pastor alemán lo acompañó no solo en su trabajo, sino también en sus momentos bajos, en los que detectó que la enfermedad hacía mella en su guía. “Yo tengo muchísimo que agradecer a mi perra Lula. En 2015 tuve una gran depresión y fue su presencia conmigo vital para mi recuperación. No podía trabajar con ella, pero nos dábamos largos paseos juntos y pasábamos mucho tiempo. Ella notaba que yo no estaba nada bien. ¿Si vierais cómo era su actitud conmigo?

Los datos
18 años como guía canino en el Ejército ha estado David Vento
7 perros han sido sus compañeros inseparables
2012 año en el que hizo el curso de explosivos y conoció a Lula
2 semanas de formación fue el inicio en 2004 junto a Tana para comenzar su etapa de guía canino

(Páginas 10-12)

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