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Un gato y un ordenador, ¿compatibles?

 gato y teclado

 

El teletrabajo llegó con la pandemia para quedarse. Cada vez más convenios incluyen jornadas en casa para los empleados. Pero está tu gato, ese que quiere recostarse en tu teclado o saludar por la pantalla en las reuniones por Zoom.

Por Almudena NEGRO/Fotos:Silvia GARCÍA

 

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Desde el confinamiento motivado por la pandemia de la COVID, el teletrabajo se ha impuesto en nuestro país. Son muchas las empresas que siguen manteniendo actualmente, al menos, un día de teletrabajo para sus empleados. En LinkedIn se ofrecen empleos de puro teletrabajo. De hecho, según datos de Infojobs, en 2022 se ofertan el doble de puestos de teletrabajo de los que se ofrecían en 2021 y diez veces más que los que se ofrecían en el año 2020. Entre enero y abril de 2022 se han ofertado 290.768 puestos de trabajo que ofrecían la posibilidad de teletrabajar. El 13% de la población ocupada (2,6 millones de personas) trabaja ocasionalmente o más de la mitad de la jornada desde su casa en el primer trimestre de este año. Donde más se utiliza esta modalidad es en zonas urbanas y en posiciones laborales relacionadas con el sector digital y las comunicaciones, seguidos por el área comercial y de ventas, informática y telecomunicaciones y atención al cliente.
Para teletrabajar tienes que tener una conexión a internet, ordenador y montarte algo parecido a un despacho. Pero, claro, también está el gato. Tu compañero de juegos. Ese que estaba acostumbrado a tu ausencia durante la jornada laboral. Y ahora, cuando has optado por trabajar desde casa, resulta que le encanta recostarte sobre las teclas de tu portátil, que para eso está calentito y huele a ti. Tampoco es extraño que mientras estás manteniendo un Zoom o un Meet con tu jefe llegue él y decida saludar. En el momento más inoportuno. ¡Menuda situación! O que se ponga a jugar con el vídeo que aparece en tu pantalla o a perseguir el puntero del ratón como si fuera un animal de verdad. O a jugar contigo y hacerte la croqueta mientras tecleas a toda velocidad porque se te acaba el tiempo para entregar un informe o presentación. Algo que puede resultar frustrante y más si estabas completamente concentrado en tus tareas. Que consigue sacarte de quicio. Pues bien, toma aire y lee. Todo tiene solución.
Para empezar, debes de saber que para tu compañero las voces que de repente oye vía Zoom le resultan extrañas y excitantes. Y ya se sabe que la curiosidad mató al gato. Tu amigo tiene que averiguar qué son esas voces, quién está en casa y no se deja ver. O quién es ese que le acaba de despertar de una de sus siestas. ¡Qué fastidio! Además, cuando hablas, puede pensar que te diriges a él. Así que utiliza auriculares cuando tengas una videoconferencia o mires un vídeo. Así no le llegarán las voces “extrañas”. Aunque sí seguirá escuchando la tuya, claro. Verás cómo muy pronto deja de aparecer en pantalla.
Por otra parte, déjale explorar tranquilamente la pantalla y el portátil. Pero solo durante un tiempo prudencial. Y luego, apártalo firmemente dejándole claro que no es el momento. Recuerda que quien pone las normas en tu casa eres tú. Si insiste, ignóralo. Haz como que no lo ves ni oyes. Se cansará. Por cierto, ¿estás seguro de que no has colocado la pantalla en alguno de sus sitios preferidos? Mejor monta la oficina en algún lugar poco frecuentado por el animal.

Si, a pesar de todo, ves que tu gato sigue incordiando, revisa que esté limpio su arenero y que tenga agua fresca y comida a disposición. Igual está tratando de llamar tu atención porque le falta algo. Claro que también puede ser que te busque porque hace horas que no le dedicas tiempo y, sin embargo, estás en casa. ¡Es hora de jugar conmigo! Piensa que una jornada laboral de ocho horas se hace eterna para un gato. Así que antes de sentarte delante del ordenador, dedica un tiempo a su diversión y de paso, dale un aperitivo. Estará cansado y con la barriguita llena y, por tanto, la probabilidad de que decida echarse la siesta y dejarte en paz ha aumentado exponencialmente. Aprovecha los descansos para jugar con él. Siempre y cuando no esté durmiendo, claro.
Si quiere juego a todas horas, tienes que poner límites. Quizá esté estresado por la nueva situación. Al fin y al cabo, estaba acostumbrado a sus horas de tranquilidad. Respeta todas sus rutinas y horarios. Y tus hábitos normales de la mañana y la noche. Tienes que darle tranquilidad. ¿Has pensado en comprarle una nueva y chulísima cama de radiador? ¿Y comprarle un juguete mecánico? También puedes recurrir a puzzles de comida para que esté entretenido. Y hay algo que no falla: una caja de cartón. Así, al menos, estará un rato a lo suyo y podrás terminar tu informe tranquilamente. Poco a poco, ya lo verás, todo se irá serenando y al final tu gato se acostumbrará al teletrabajo y te dejará hacer tus tareas.

(Páginas 34 y 35)

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