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Jara, la esperanza de las tortugas mediterráneas

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La asociación Trenca, que lucha por la defensa y conservación de la fauna, lleva seis años trabajando para reintroducir la tortuga mediterránea, especie amenazada, en su hábitat natural. Desde hace tres le ayuda Jara, una perra que detecta los ejemplares que aparecen por la zona y que los científicos se encargan de censar, microchipar y hacerles el seguimiento.

 

Por Emer IGLESIAS

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Todo empezó hace seis años, cuando en la finca que Trenca tiene en la comarca apareció una tortuga. “Avisamos a los técnicos del CRAR, (Centro de Recuperación de Anfibios y Reptiles de Cataluña), decidimos hacer un vallado y habilitar la finca muy típica mediterránea con olivos y se soltaron las primeras. Ya en 2017 hubo los primeros nacimientos”, indica José Guerra, responsable de la Asociación a LADRIDOS.
Una vez que Trenca gestiona tanto su finca como otras adyacentes en cuanto al mantenimiento de las tortugas, a través de un acuerdo de custodia del territorio, se hacía necesario realizar un seguimiento tanto de los ejemplares que sueltan, casi todas provenientes de requisas a particulares, como las que nacen en el terreno.

¿Y cómo detectarlas? A través de batidas del personal de la asociación por las tres hectáreas de Trenca o por los terrenos en custodia en largas jornadas muchas veces con escaso éxito.
Pero todo cambió cuando apareció Jara, una pastor malinois que como “hobby” había sido preparada por su guía, Alfonso Pera, para labores de ecodetección. Pera y Trenca hicieron una especie de proyecto “pilotito”. “Yo les planteé la posibilidad de adiestrar un perro para detectar las tortugas, para hacerlo más rápido y evitar la cantidad de horas que las personas dedicaban a esta función”, relata Alfonso Pera a LADRIDOS.
El comienzo fue sin ningún compromiso, se planteó todo a nivel amateur. “Me dejáis un par de tortugas, entreno a la perra, empezamos el proyecto, hacemos el censo y vemos cómo funciona, si da resultado seguimos”, propuso Pera. Y así fue. Le dedicó muchas horas entre semana cuando acababa de trabajar, incluso los fines de semana. “Y enseguida vimos que funcionaba, en un mes ya estaba la perrita lista para trabajar”, matiza Alfonso.

Adiestramiento de Jara

La manera de enseñar a Jara no tiene misterio. “Cogí un par de ejemplares vivos de tortugas y el objetivo era asociarle el olor. Si se interesa por este olor, premio, si se interesa otra vez, premio. Al principio todo muy obvio y muy fácil, cada vez escondiendo, complicándolo más, cada vez más y más, es una asociación de olor clásica y dura”.
Para que buscase las tortugas sin dañarlas primero las colocaba en recipientes opacos “para que la perra no viese la tortuga y se centrase en el olor, cuando ya estaba claro que tenía esa discriminación de olor, pasamos al siguiente paso que era meter la tortuga en una jaulita pequeña, la escondo a la vista, cada vez más lejos, más ocultada, paso o a paso, a veces estaba una hora buscando esa tortuga”, describe el guía de Jara.

Tras pasar el tiempo del proyecto “pilotito”, Alfonso realizó un proyecto ya más en profundidad y se buscó financiación. “Ahora en las fincas de Trenca las detectamos, realizamos el censo, tomamos las medidas biométricas, el peso, la marcamos, ponemos el chip, se hace un censo y al final del año se publica en un informe”.

Cinco horas

Jara va cada día una media de cinco horas con Alfonso a las zonas donde puede haber tortugas. Son unas 35 hectáreas, 10 que gestiona Trenca y unas 25 del parque del Montsant. Para evitar que Jara detecte un día las mismas tortugas que ya había visto el día anterior, “rotamos las zonas, si una semana voy a Trenca la siguiente vamos al parque para evitar que recapture las tortugas, damos tiempo a que el animal se mueva y así podamos encontrar ejemplares nuevos”.
Otra de las labores que realiza este binomio es colaborar en controles sanitarios. En este caso cogen las tortugas y se las dan al biólogo y al veterinario para su examen. “Nosotros lo que hacemos es ayudar a esas personas, que no tengan que pasar una mañana entera para encontrar diez tortugas. Nosotros en un par de horas se lo solucionamos”.
El principal objetivo de Alfonso y Jara es encontrar tortugas jóvenes. “Interesa mucho las juveniles, son 20 gramos de tortuga, como una moneda de dos euros, que casi siempre están enterradas. Cuando entrenamos siempre lo hicimos con ejemplares adultos, pero ella encuentra también pequeñitas aunque estén enterradas”.

Equipo

Guía y perro buscan en equipo pero por separado. “Ella va buscando y yo también, cuando detecta una me avisa, no tiene un sistema de marcaje específico como tumbarse o sentarse, porque en campo abierto a veces esto no es posible, pero me mira y yo ya sé que ha encontrado, aquí hace mucho el vínculo que tengamos, solo con su mirada yo ya la entiendo”, matiza Pera.
Aunque ahora Jara sale a trabajar y nada más llegar ya se “enchufa” a buscar desde el primer minuto, no siempre fue así. La perra ha pasado por una evolución desde búsquedas espesas en las que se distraía a jornadas superproductivas en la actualidad, en las que ni quiere parar. “Contando que este trabajo es estacional, las primeras semanas, el primer año, el ritmo de trabajo era como muy pesado, muy espeso, pero encontraba tortugas, se dispersaba un poco, no estaba como muy centrada,  pero seguía encontrando. Poco a poco realmente la perra ya sabe a lo que a va, y se enchufa desde el primer minuto. Ahora cada vez está más centrada en el trabajo, incluso me cuesta que pare, la evolución es que ha ido cogiendo más confianza y más experiencia”.
Otra de las peculiaridades de esta perra es que tiene 100% de tolerancia a la frustración. “Si busca y no encuentra, no pasa nada. Yo no le escondo nada, lo hemos trabajado desde muy pequeñita, no detecta ningún ejemplar, pues para casa. Y al día siguiente está igual de motivada para trabajar”.

45%

El nivel de supervivencia de estas tortugas en la finca de Trenca es bastante bueno. “Tras el primer año se van soltando, cada año se encuentran más, aunque depende de la vegetación. Hace dos años hubo bastantes muertes porque fue muy seco, pero la supervivencia de estos ejemplares está en un 45%, es un porcentaje muy bueno”, indica José Guerra.
Trenca está creando un refugio para la tortuga mediterránea (Testudo h. hermanni) para, conjuntamente con otros programas similares, aumentar en diferentes zonas de Cataluña las interconexiones entre las escasas poblaciones salvajes que existen de este animal en Europa Occidental.

De hecho, en la península ibérica ya solo sobreviven en libertad en Cataluña, Mallorca y el norte de la Comunidad Valenciana, por eso esfuerzos como este son vitales para revertir la situación crítica de la especie. Y en esta iniciativa es fundamental la colaboración de Jara.

Los datos

9.000 ejemplares en libertad se calcula que hay en Cataluña

12 tortugas al día suele encontrar la perra en la época de búsqueda, de finales de abril a mediados de junio

 

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