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La falta de preparación de políticos y dueños pone en riesgo el bienestar animal

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La falta de preparación de los políticos y los insuficientes conocimientos de muchos dueños ponen en peligro el bienestar animal

El número de hogares con perro aumenta día a día en España, pero también el número de canes maltratados tanto por dueños sin conocimientos suficientes para darles los cuidados que necesitan como por políticos poco preparados que legislan con poco o nada efecto sobre el bienestar animal.

Por Javier Fernández MartínAyudante Técnico Veterinario y Nutricionista Canino y miembro de K9Plus.es

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Cada vez es más habitual encontrarnos perros en los hogares españoles, pero tras observar durante años cómo se les trata, desde todos los aspectos que puedan ser, surgen varias preguntas, ¿conocemos realmente a los animales? ¿Estamos todos los dueños capacitados para tenerlos? ¿Están las administraciones públicas capacitadas para legislar? ¿Con qué autoridad y conocimientos? ¿Todos los que dicen defender a los animales lo hacen de forma altruista o existen intereses ocultos? ¿Quiénes se creen moralmente por encima de los demás y por qué?
A cada momento hay más perros maltratados, y no sólo por los dueños que carecen de los conocimientos necesarios para darles los cuidados que requieren, sino por los políticos, cada vez menos preparados, legislando con normativas sentimentaloides que no sólo no benefician a los animales, sino que perjudican, incluso en ocasiones, gravemente su salud. Leyes que se alejan de la realidad, del ecologismo, del conservacionismo, de aquellos quienes comenzaron las andaduras en el estudio de los animales en el campo, tales como Konrad Lorenz, los hermanos Benedito, Félix Rodríguez de la fuente, Frank Cuesta, Curro Castillo y Manuel Pacheco, marcando distancias.
Se pueden mencionar leyes que obligan a vacunar a los perros de forma anual, cuando en los prospectos indican que tienen una inmunidad de 3 años (rabia). Las leyes municipales que, por norma general, no permiten soltar a los perros más que en pequeños zulos de esparcimiento («pipi-can»), los cuales no son para hacer ejercicio, ni para aumentar el vínculo entre mascota-dueño… aquí los perros actúan condicionados por el dominio del escaso lugar y, en la mayoría de los casos, sin la supervisión de los propios dueños. Cabe mencionar aquella última Ley que obliga a realizar amputaciones de órganos sexuales, sin estudio previo, sin el conocimiento de cada raza, sin ser conscientes del peligro que entraña en muchos perros (recomiendo lectura del trabajo que se publicará en octubre de 2022, ¿por qué amamos a los perros?), cuando las hormonas sexuales influyen en el crecimiento y desarrollo del can.
Uno de los principales motivos por los que se abandonan animales, según la fundación Affinity, es el factor económico (25%, 2021). Mantener a un perro ronda los 1.000 €/año, puesto que se carecen de algunas ventajas fiscales. Por ejemplo, en algunos Ayuntamientos se paga por censar al cánido (Móstoles, Rivas Vaciamadrid…). Así mismo, se paga un IVA veterinario abusivo del 21%, porque el veterinario no está contemplado en algún tipo de Seguridad Social, donde cualquier persona pudiera adherirse o no de forma voluntaria. Cierto es que existen seguros privados donde hay descuentos, pero están muy limitados, ya no sólo por la edad del animal (a partir de 5 años ya no te dejan darlo de alta), sino por las coberturas que tienen…
No podría faltar en esta larga lista a las distintas asociaciones que drenan grandes cantidades del heraldo público, sin control real sobre su gasto, implantando una moralidad sobre quienes no caen en sus condicionamientos e incluso adueñándose de palabras de nuestra lengua que no les corresponden por significado, porque es indiferente la procedencia del perro para poder adoptarlo, puesto que tanto si lo has comprado en una asociación, como en un criador profesional, lo importante es que lo acojas como mascota (RAE, 2022) y le brindes todo lo necesario para su bienestar. Deberían controlarse los contratos abusivos de dichas entidades, pues quizá pudieran ser hasta anticonstitucionales, donde solicitan imágenes de la vivienda, los metros cuadrados de ésta, la cantidad de personas que habitan, los hijos que se tienen, a qué se dedica el tiempo libre… cuestionario más propio de Hacienda, que de un lugar donde el fin debería ser el de salvar vidas.
Podría seguirse con la escasa normativa y control que existen en cuanto al desarrollo de alimentos para perros. Se destinan cantidades ínfimas a la investigación de tóxicos de algunos alimentos, el nulo control sobre un problema de salud pública por seguir algunos tipos de dietas como la BARF, la nula legislación de las premezclas que hay en las formulaciones de piensos, la falta de información nutricional real de cada saco de alimento (nutriente vs ingrediente), o las guías nutricionales que se siguen en la formulación (NRC, FEDIAF, AAFCO…). La mayoría de personas se dejan guiar por la información que aparece en foros, en grupúsculos de Facebook o en lugares poco profesionales.

La escasa formación va ligada a problemas como la elección apropiada del perro, de ahí que podamos ver a los huskies en plena ciudad de Córdoba (Andalucía, España), a un perro lobo checoslovaco con un propietario sedentario, varios perros dentro de la vivienda sin que salgan a pasear, que incluso defecan y orinan en la cocina, perros a los que se les abre la puerta de su casa para que hagan sus deposiciones en el árbol de enfrente…
Parece que lo importante para la sociedad actual es que podamos vanagloriarnos de que el perro pueda ir al cine, pasear por un centro comercial, ponerle un trajecito como a un bebé… pero no se le permita ir suelto por una acera, por el campo, no se permita practicar ejercicios de obediencia en la calle, se prohíba la actividad propia de cada raza como podría ser ver a un bodeguero cazar una rata. Esta es la sociedad actual, la de la doble moral, la de la falta de rigor científico y la que legisla desde un despacho y no desde la razón.

(Páginas 16 y 17)

“Es triste que la gente no se dé cuenta que el ‘problemático’ es el dueño y no el perro”

“El error más frecuente de los dueños es humanizar a sus perros”

Nacho Sierra: "Debería existir un carné de dueño de perro"

 

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