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Los canes que generan confianza en pacientes con esquizofrenia  

Tao, labrador chocolate

Dos labradores y un golden retriever participan en las sesiones con personas que sufren trastorno psicótico

Proyecto de investigación para ayudar a enfermos de esquizofrenia con la presencia de tres perros que facilitan que los pacientes se sientan involucrados y puedan expresar sus emociones. Con resultados positivos, ahora queda plasmar en datos la experiencia de estas ocho sesiones.

Por Miguel PELE

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El proyecto de investigación ‘Creando lazos’ se ha realizado en Asturias, con AFESA, una asociación de familiares de enfermos con esquizofrenia, y la entidad Entrecanes. Es este proyecto de la universidad Rey Juan Carlos de Alcorcón “lo que trabajamos con nuestros perros son, sobre todo, las relaciones sociales de estas personas, la motivación, la autoestima, tener un mayor autoconocimiento de uno mismo. Previamente, estos enfermos manifestaban que no se creían capaces de hacer ciertas cosas, lo que derivaba en aislamiento y se busca mejorar la regulación emocional de estas personas”, nos cuenta Nuria Máximo, directora de la cátedra de Animales y sociedad.
Están ahora mismo en la fase de análisis de los resultados y, sin poder dar aún datos, “las personas nos decían que se sentían muy a gusto, que les había gustado. Son personas que por su enfermedad apenas salen de casa, no se relacionan, no se sienten capaces de comprometerse con algunos proyectos. Y al finalizar las 8 sesiones sí que mejoraron su autoestima, funcionamiento social…”.
Para ello, se organizaron 8 sesiones grupales, en las que había 5 o 6 personas, todas adultas jóvenes, y fueron impartidas por Entrecanes, con un guía canino y un experto en psicología y las propias psicólogas de la asociación AFESA. Estos grupos son muy reducidos porque se necesita que todos estén implicados, estar muy pendientes de cada uno de ellos.
Las sesiones tenían una serie de actividades con la participación del perro, a veces más implícitas a veces menos, en las que hay que hacer trabajo en equipo, juegos o laberintos y a partir de ahí se va trabajando, se van expresando emociones, se les facilita la oportunidad de dar alguna orden sencilla al perro, como sentarse o dar la pata, lo que supone una motivación para aprender y para relacionarse con los demás.
Los perros, que pertenecen a Entrecanes, viven con sus guías porque está demostrado que el vínculo que tiene el binomio al convivir juntos es mejor pues se tienen mayores experiencias vitales en conjunto. Las razas de estos perros son de raza labrador y golden retriever y “para nosotros es importante que sean buenos lectores del comportamiento humano, que sepan comunicar y eso también se lo enseñamos a la gente”.
La finalidad de este proyecto es “evaluar exactamente esos cambios en la autoestima, el autoconocimiento y en las relaciones sociales y medir en qué medida y qué efecto ha tenido en las personas que han participado en estas sesiones”.
Para la valoración final, se les cita de manera individual y se les realizan distintos test y diferentes preguntas para medir las escalas y además que cuenten qué les ha parecido personalmente. Todos estos datos son enviados a la directora de la cátedra para su posterior análisis, que se realiza de forma “ciega”, sin saber en qué parte del proyecto están los enfermos, si es con los perros, sin ellos o al final del mismo.

Tras este proyecto vendrán otros, principalmente destinados a los jóvenes, pues tras la pandemia hay un repunte de ingresos por intentos de suicidio y queremos aportar ahí nuestro granito de arena. En concreto, a petición del hospital 12 de Octubre están realizando un proyecto en la UCI y otro que van a comenzar en otra unidad, en el que solo falta ver qué necesitan y en qué pueden ayudarles.
Este grupo de adolescentes tiene un conjunto de problemas relacionados con la edad, una etapa de cambio que se agrava con factores de condiciones sociales, escolares, económicos, falta de control emocional o abuso de las redes sociales. Todo ello hace que cada día haya más factores de riesgo. Y el repunte está siendo más acusado ahora, pues “con la pandemia parece que se han perdido unos años y nos hemos volcado en la ventana de las redes sociales como comunicación con el exterior, redes en las que todo es feliz, pues no se publican las penas”, apunta Nuria.
Las emociones, saber identificarlas y regularlas, son un proceso no solo de los implicados directamente, sino también de los adultos que ofrecen un mal modelo a nuestros niños, como padres, como maestros y como terapeutas, y al final acaban en enfermedades mentales.
Por eso hay que comenzar desde Infantil y Primaria y volcarse en Secundaria, porque tenemos un sistema educativo basado en lo memorístico y debería haber mayor formación en lo emocional. Porque para las personas es vital, forma parte del desarrollo humano. Y “son procesos que necesitan mucho tiempo y mucha implicación social para llegar a implementarlos en las personas. No se puede convertir a un joven en empático de un día para otro si nunca ha tenido esa habilidad”, concluye la directora.

Los datos
3 perros de terapia participan en el proyecto
8 sesiones con 5 o 6 personas con trastorno psicótico

 (Páginas 26 y 27)

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