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Las altas temperaturas pueden pasar factura a tu gato

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Puede comenzar con jadeos constantes, con una temperatura corporal que supere los 40 grados, pocas ganas de moverse como era habitual o algún vómito, son síntomas que pueden indicar que nuestra mascota está sufriendo un golpe de calor. Hay que refrescarlo y si no reacciona llevarlo inmediatamente al veterinario. En época calurosa debemos proporcionar a nuestro gato agua fresca y generar una temperatura ambiental agradable

Por E. MUÑOZ

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Sabido es que los gatos son frioleros, que buscan el calorcito cuando el frío campa a sus anchas, tanto en la casa como en la calle, donde buscan los bajos de los coches. También pasan largos ratos tomando el sol, dormitando o acicalándose. Pero cuando llega el verano, la cosa cambia, seguirán buscando y tomando el sol, pero cuando lo necesitan buscarán los rincones más frescos donde resguardarse.
Las temperaturas suben y suben y el calor se hace patente a cualquier hora del día… y de la noche. Nuestras viviendas también suben la temperatura y si no hay aire acondicionado debemos tomar precauciones con nuestras mascotas mininas.
A diferencia de los perros, los félidos no autorregulan la temperatura a través de la boca, jadeando, sino que lamen su cuerpo y su saliva al evaporarse los refresca. Pero a veces, esto no es suficiente, porque el calor es excesivo. Que les puede llevar a sufrir un golpe de calor y nuestro gato presentar algunos síntomas como la subida de su temperatura corporal a más de 40 grados (generalmente entre 37,5 y 38,5 grados), tener el pulso acelerado, jadeos excesivos, vómitos o sumirse en letargo que los convierte en peluches, inmóviles e inactivos.
Las dos formas más comunes para que un gato puede sufrir un golpe de calor son por exposición demasiado larga al sol o en un espacio cerrado reducido, como puede ser un coche, o por un esfuerzo extremo cuando las circunstancias se agravan con una humedad alta, que impide que el gato no disipe bien el calor.

Prevenir
Si la vivienda tiene aire acondicionado mantendrá una temperatura adecuada para que nuestra mascota esté protegida del calor extremo del verano. En caso de no ser así, es importante generar un ambiente que evite el aumento de temperatura en las horas de fuerte calor, teniendo ventanas abiertas para lograr corriente de aire que renueve la atmósfera de la casa. Si entra el sol debemos dejar que lo tome cuando quiera, porque les gustan los baños de sol, pero debe tener otros rincones más frescos para que él decida dónde tumbarse.
Especialmente importante es que tengamos para ella una suficiente cantidad de agua fresca. Un buen recipiente en el que echar algunos cubitos de hielo o donde se pueda sumergir una botella de agua congelada ayudará a que el agua esté siempre fresca. Así lo animaremos a que beba y se hidrate. Y si además le facilitamos comida húmeda le ayudaremos a estar más hidratados aún.
Debemos cuidar también su pelo, cepillándolo para quitar el que va muriendo, pues en verano pierden más que en otras estaciones. Ellos suelen lamerse para estar limpios y a la vez frescos, lo que les puede llevar a tragar más pelo de la cuenta. Ojo, eso no quiere decir que se les corte el pelo, pues su pelaje hace la función de regular la temperatura corporal.
Por supuesto, tampoco deberíamos dejar a nuestra mascota en el coche a pleno sol o incluso en una galería acristalada de nuestra vivienda sin posibilidad de que se hidrate.

Golpe de calor
Ponemos todas las precauciones, agua fresca, lugar ventilado, pelo limpio… pero como no estamos todo el día en casa a la vuelta nos lo encontramos jadeando y desorientado, como un zombi. Hay que actuar de inmediato porque podría tener funestas consecuencias.
Como en todas las circunstancias extremas, mantener la calma ayudará, pero hay que hidratar al gato, llevándolo la zona más fresca y dándole agua para que beba lo que necesite. A continuación, hidratar su cuerpo, refrescándolo con una toalla mojada o incluso darle un baño si vemos que es factible.

 

Esto debería ser suficiente para que recuperase su temperatura corporal y comenzase a reaccionar deberemos llevarlo al veterinario. En el trayecto en coche con el aire acondicionado debería ir tapado con una toalla húmeda, para que la temperatura no suba durante el desplazamiento.
El veterinario dispone de los medios para estabilizar la situación, como esterillas o mantas refrigerantes, y si fuese necesario proceder a inyectarlo bajo la piel o intravenosa, en función de su situación. Es posible que haya que esperar algunas horas hasta comprobar que evoluciona favorablemente. En caso contrario, deberá permanecer en un hospital hasta su recuperación total.
No hay que olvidar que un golpe de calor en los gatos puede tener consecuencias definitivas, llegando a producir la muerte si no se trata a tiempo.

 

(Páginas 34 y 35)

 

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