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Ojo donde tocas a un gato, tiene zonas reservadas para sus dueños

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La imagen del gato acurrucado en el regazo nos lleva a pensar que todos son iguales y que admiten los toqueteos de cualquiera. Cuidado, porque cuando menos te lo esperes puede protestar con un arañazo. Es un aviso de que por ahí noLos gatos tienen zonas placenteras y otras vulnerables. En las primeras les encantan los mimos. Las otras, solo para dueños de toda la vida

Por E. MUÑOZ

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Los gatos son animales que cuando están libres interaccionan entre ellos buscando compañía. No es raro verlos acicalarse unos a los otros, siempre en aquellos lugares donde no pueden por sí solos. Se lamen, se frotan, se revuelcan y juguetean.
Cuando el gato ya vive con una familia siguen teniendo esas necesidades. Les gusta poco quedarse solos. Prefieren la compañía y si pueden, incluso la cercanía. Estar acurrucados en el sofá junto a su dueña, ronronear de placer cuando está tumbado en el regazo o se le hacen caricias.
Llegados a este punto, no vamos a detener para ver qué y dónde les gusta y también los lugares que debemos evitar para llevarnos un arañazo o un mordisco de nuestro minino en el momento menos esperado.
Curiosamente, todas las caricias que les hagamos en la cabeza van a ser bienvenidas por nuestra mascota, incluso son capaces de dejarte meter un dedo en su boca, que mordisquearán haciéndote cosquillas. Pero no es muy aconsejable. En todo caso, si acercas tu mano a su boca puedes ver que te lamerá con todo cuidado. Es normal, es la mano que le da de comer y le ofrece protección.
Aquí me gusta
Por aquí, junto a su boca, debajo es uno de los lugares preferidos, respetando siempre los bigotes, muy sensibles. Coloca el dorso de tu mano bajo su mandíbula y frota con suavidad. Verás cómo cierra los ojos y se derrite de placer. Igual ocurre cuando con la yema de los dedos le rascas en sus mejillas o detrás de las orejas. Es que se derrite junto a ti. Además, las mejillas es lo que ellos usan para acercarse y frotarse tanto con otros gatos como con nosotras, por ejemplo, cuando estás preparando su comida y lo hace en tus piernas. O cuando salta al sofá y comienza a restregarse con tu brazo o tu cuerpo.
Otro gesto que les gusta mucho es que coloque tu mano en su cabeza y comiences a bajar lentamente por su cuello hasta el comienzo del tronco. Pero de ahí en adelante, en el lomo, no todos son iguales en respuesta. Los hay que cuando les pasas la mano por encima hacia la cola se arquean y muestran placer levantando la cola y los que se agachan porque no les hace demasiada gracia.
Por ahí no toques
Los lugares que menos les gusta suele ser precisamente en la cola y en la barriga. No es la primera vez que se intenta acariciar a un gato por la cola y te llevas un arañazo de advertencia. Esta parte del cuerpo es muy importante para ellos, pues les sirve para estabilizarse en los movimientos sobre ramas u obstáculos inestables y en las caídas. Por eso debemos evitar tocar esa zona.
Lo mismo ocurre con la barriga. Dicen que es el lugar más vulnerable de un gato y por eso no les gusta que les toquen, porque se defenderá como gato panza arriba. Si te pilla con sus cuatro garras te hará mucha pupa. El arañazo de un gato es sumamente doloroso.
Pero todo cambia si es él el que nos ofrece esa parte de su cuerpo. Eso significa que confía tanto en ti que te dará lo que más tiene que cuidar, su parte más vulnerable, y que tú lo vas a tratar como si fuese tu hijo. Todo amor y todo cariño junto con la confianza en ti. Siempre que tu gato te busque para que lo acaricies no habrá ningún problema, busca tus mimos y tu protección. Pero el error es cuando tú quieres hacerle cosquillas y tu mascota no está por la labor. Mejor no tentar a la suerte.

 

Como casi todo en la vida, cuanto más tiempo lleve nuestro gato en casa más sabremos lo que quiere y lo que no. Lo que le gusta, dónde y cuándo y lo que de ninguna manera tolera que le hagas. Todo lleva un proceso y un tiempo. Si lo vas acostumbrando a tus caricias él las aceptará y será quien te las pida. Si lo dejas que haga su vida y no te acercas a él solo irá a ti cuando lo necesite. Eso sí, un gato no te dejará que le hagas “perrerías” como a un perrito. Tómate tu tiempo, dáselo a tu mascota y todo irá lentamente a un final feliz.

(Páginas 34-35)

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