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José Miguel Doval: "Adoptar es tanto de un refugio como de un criador responsable"

 RSCE

 

La segunda acepción de la palabra Adoptar en el Diccionario de la Real Academia Española dice “Acoger un animal como mascota”, entendida esta como cualquier animal de compañía. Por tanto, el hecho de adoptar no distingue entre quienes acogen a un perro procedente de un refugio o protectora o quienes deciden hacerlo a través de un criador ético y responsable, o de cualquier otra manera. 

Por José Miguel DOVAL SÁNCHEZ. Presidente de la RSCE

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La adopción se da en todos y cada uno de los casos en los que decidimos incorporar un animal de compañía, en nuestro caso un perro, a nuestras vidas, haciéndolo parte de nuestra cotidianidad e incluso de nuestro núcleo familiar, del que formará parte durante un periodo lo suficientemente largo como para dejar huella y generar recuerdos o, incluso, moldear nuestra personalidad, nuestro carácter, especialmente en el caso de los niños que crecen junto a un compañero fiel e inseparable.
Desgraciadamente el concepto de adopción se ha visto tergiversado al querer generar un discurso que enfrenta a quienes rescatan un perro abandonado de un refugio de acogida y lo adoptan frente a los que optan por adoptar su mascota directamente desde un criador.

Confrontación falsa
Esta confrontación es falsa y no nos debe llevar a engaño. Acabar con el abandono es una tarea ingente que va mucho más allá de acabar con los perros abandonados.
Para terminar con el abandono es imprescindible adoptar políticas y medidas que redunden en la educación y el conocimiento, en el civismo y la responsabilidad social de todos, tengan o no tengan animales de compañía, pero que aprendan acerca del respeto hacia los mismos, de su valor social, de su aportación impagable para nuestro propio bienestar. Sólo así, con el tiempo, conseguiremos llegar a ese paradigma del “Abandono Cero”.

Medidas urgentes
Evidentemente, mientras tanto es importante adoptar medidas de urgencia para reducir, eliminar incluso, la población de perros abandonados, pero sin olvidar que dicha población no es estática y que aumenta cada día, precisamente porque no se ponen en marcha políticas y campañas que conciencien acerca de la responsabilidad de tener un animal de compañía.
Hay dos formas de vaciar los refugios, las protectoras: desde dentro y desde fuera.
Desde dentro se vacían encontrando hogar a los perros que están hoy abandonados y que necesitan ser rescatados de esa situación.
Abordar ese rescate implica que quienes acogen al perro deben ser lo suficientemente responsables y conocedores de cada individuo y sus circunstancias como para elegir al mejor de los rescatadores para que se convierta en adoptante. Muchos de los perros abandonados han superado situaciones de maltrato, crianza o tutela inadecuadas y pueden sufrir determinadas carencias y traumas que dificultan su adaptación a una nueva vida.
En el caso de los cachorros, una procedencia desconocida, o la dificultad de saber, no ya sólo cuál será su apariencia física definitiva (fenotipo), sino cómo será la evolución de su temperamento, hace que también se deba extremar la precaución en la elección de los rescatadores, siendo siempre mejor optar por personas con una cierta experiencia en la tenencia y el manejo de perros.

Precipitación
La ansiedad o la necesidad por mejorar la situación de un refugio o por dar una familia a un perro abandonado no puede, o no debe, terminar en una precipitación que, a la larga, pueda pasar a formar parte de esa maldita rueda de la adopción irresponsable y el posterior abandono.
El fracaso es siempre una opción cuando se adopta una mascota, pero si se trata de un rescate, ese fracaso es más grave y más triste, porque puede ser la segunda, tercera, o vaya usted a saber cuál, ocasión en que eso sucede con un perro en concreto, lo que dejará huellas y aumentará la posibilidad de que nunca llegue a ser rescatado.

Personas adecuadas
Por eso el papel de las protectoras y los refugios es tan crucial, tan importante, porque su tarea no es sólo acoger a los animales abandonados y promover su rescate, sino también ser capaces de encontrar aquellas personas adecuadas que permitan que la rueda deje de girar.
La segunda manera de vaciar las perreras, los refugios, las protectoras, es desde fuera.

Predictibilidad
Aquí el papel determinante lo juegan los criadores responsables, éticos, aquellos que no sólo dedican gran parte de su vida y sus esfuerzos a la selección y la mejora de una raza, sino que adoptan criterios éticos que incluyen el uso de animales sanos y equilibrados como primer paso para tener cachorros igualmente sanos y con un temperamento equilibrado y acorde a las características específicas de cada raza.
Esto es muy importante. Existen en el mundo unas 400 razas reconocidas por las organizaciones caninas nacionales y otras en proceso de serlo. Cada una de ellas tiene características físicas (fenotipo) y temperamentales diferentes, debido a la utilidad para la que han sido seleccionados a lo largo de los años.
Esto, además de aportar algo tan importante como la predictibilidad, es decir, que podamos tener una certeza de la apariencia y el carácter que un cachorro tendrá en el futuro en función de la raza a la que pertenece, hace que los criadores puedan ejercer una de sus facetas fundamentales, la de la selección y el asesoramiento de los futuros adoptantes de sus cachorros, no sólo dando toda la formación, información y consejos que sean necesarios, sino también indicando en muchos casos, la necesidad de buscar alguna raza alternativa, si la inicialmente elegida no se adapta a la personalidad, necesidades y estilo de vida de los adoptantes.

Acogida de criador ético
De esta manera, los criadores éticos contribuyen a minimizar la tasa de fracaso y la posibilidad de abandono, aportando un valor más, cómo es la acogida de aquellos pocos perros que no se adaptan a su nueva vida para buscarles el hogar adecuado. Así, cuantas más personas opten por adoptar un cachorro de un criador ético, menor será el número de perros ofrecidos por otros canales y menor será también el abandono, contribuyendo a que no haya nuevos individuos que vengan, casi de forma inmediata, a cubrir la vacante que queda en un refugio cuando uno de sus ocupantes es rescatado.

Por tanto, sólo combinando la adopción y tenencia responsable y el rescate de los perros abandonados, junto con campañas de información, formación y concienciación, conseguiremos entre todos vaciar los refugios y acabar con la forma más extendida de maltrato: el abandono, pero siendo conscientes de la importancia de dos actores principales: las entidades de protección animal y los criadores responsables.

 (Páginas 22 y 23)

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