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Trabajo de perros en zonas de catástrofes: o hay huecos vitales o no son operativoslibia

 

El agua llegó a una altura de una tercera planta durante 45 minutos, la única esperanza de vida era en los edificios derruidos de los laterales donde los huecos en las estructuras dejaban entrever resquicios de posibilidad de vida. 12 voluntarios y tres perros se dejaron la piel buscando supervivientes. Miguel Montero de IAE relata a LADRIDOS cómo ha sido el trabajo de los canes en Derna, ciudad devastada tras las ruptura de dos presas

Por Emer IGLESIASFotos cedidas por IAE

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El 10 de septiembre por la noche Derna se rompió literalmente en dos. A causa del ciclón Daniel dos presas que contenían el río Wadi Derna, que atraviesa esta ciudad costera, reventaron inundando este gran municipio. Las aguas llegaron a la altura de una tercera planta y arrasaron todo a su paso dejando un “paseo” de lodo y barro con miles de personas sepultadas en el centro de una ciudad en la que, hasta entonces, había unos 100.000 habitantes.
El Gobierno Libio ante tal catástrofe pidió ayuda internacional tanto humanitaria para atender a los que se quedaron sin nada, como para buscar posibles víctimas en los edificios derruidos.
La ONG española, IAE, Intervención Ayuda y Emergencias, recibió la petición de ayuda por parte de la Embajada de Libia en Madrid el 12 por la tarde. “Nos movilizaron para el trabajo de localización de víctimas en aquellas edificaciones destruidas por el paso del agua como consecuencia de la rotura de dos presas”, señala Miguel Montero, representante de IAE en Galicia, a LADRIDOS.
Antes de ponerse en marcha, lo primero de todo es hacer, sin perder tiempo, una evaluación previa de la situación para comprobar si la presencia de voluntarios de IAE en Libia podía aportar algo.
“Vimos que en las zonas de los laterales, es decir, en los edificios que colapsaron pero que no resultaron inundados, había posibilidades de vida, pocas, pero había, porque al ser edificaciones con buenas estructuras podían haber dejado huecos vitales donde podría haber algún superviviente”, indica Montero a LADRIDOS.
Tras esta evaluación, 12 voluntarios que tenían disponibilidad para salir corriendo (no olvidemos que estos equipos de rescate son todos voluntarios y tienen sus compromisos profesionales) junto a tres perros adiestrados en la búsqueda de personas vivas en catástrofes naturales se pusieron en marcha.
Junto a 800 kg de material de rescate y de localización electrónica compuesto por elementos de localización acústica y cámaras de visión para espacios confinados, así como material acuático para poder trabajar en aquellas zonas donde todavía el nivel del agua era elevado, se desplazó el equipo a Barajas rumbo a Derna.
“Al llegar la situación era peor de lo que nos esperábamos, el agua había llegado hasta una tercera planta durante 45 minutos, las esperanzas de encontrar a alguien con vida eran mínimas, pero no decaímos”.
Los voluntarios españoles, junto a los de Italia, Katar o Turquía, se pusieron a las órdenes del Ejército de Libia que fue quien coordinó en todo momento los trabajos de búsqueda y rescate.
Barrios enteros
Dividían las zonas en cuadrículas, “eran barrios enteros, y los repartían en los grupos de rescate que estábamos allí. Nosotros nos dividíamos en dos, mitad y mitad, en un grupo iba un perro y en el otro dos, desde el mar hasta arriba por toda la ciudad, íbamos descartando cuadrículas donde se confirmaba que no había nadie con vida”.
La magnitud del desastre fue tal que ningún grupo de rescate ni con perros ni sin perros logró encontrar a algún superviviente entre los huecos que dejaron las estructuras de los edificios al colapsar.
En la zona central era imposible que hubiese nada de vida, “solo había varios metros de tierra y lodo con los cuerpos sepultados, cuando nosotros marchamos es cuando se da parte a la maquinaria pesada que es la que tiene que remover las toneladas de lodo para conseguir recuperar todos los cuerpos posibles”.
Los militares libios establecieron la base de operaciones en un colegio de Derna y desde allí salían los equipos de rescate.
Avisos falsos
“Trabajamos de sol a sol, por la noche no había búsquedas, nos llevaban al centro de operaciones y nos traían en un convoy militar, estaba todo muy organizado. Los perros estaban en todo momento buscando, con sus descansos. También había avisos falsos, esto es muy normal en estas situaciones, la gente cree haber oído voces o gritos en alguna zona derruida, y nos desplazaban constantemente a comprobar”, indica el miembro de IAE Galicia.
Cuando ya estuvieron cubiertas todas las zonas, “es una ciudad grande pero la riada solo pasó por unas zonas concretas”, les dieron la orden de replegar y volvieron a España.
“En este tipo de búsquedas el trabajo del perro es fundamental, ellos realizan la primera localización de una persona, una vez que uno marca que hay vida, otro perro lo confirma y ya se utilizan los medios electrónicos y humanos para el rescate”, concluye Montero, bombero de profesión en Muros.

Por qué no fueron a Marruecos
Los miembros de la ONG IAE también fueron movilizados para participar en la búsqueda de posibles supervivientes de Marruecos, tras el terremoto que asoló el país el pasado mes de septiembre unos días antes de que las dos presas de Libia inundaran Derna.
Entonces realizaron, como siempre hacen, una primera evaluación de urgencia, y llegaron a la conclusión de que por la idiosincrasia del país, su presencia como equipo de rescate de personas vivas no podía aportar nada.
“Las construcciones en la zona eran de adobe y barro, nada de estructuras sólidas, por lo que tras el terremoto las casas destruidas fueron un amasijo de tierra y polvo donde la gente quedó sepultada en tierra, muchos murieron por la inhalación de polvo o asfixiados por el peso de la tierra que les cayó encima. Este tipo de material no deja espacio a la existencia de posibles huecos vitales donde las personas podían sobrevivir al desastre. Por eso decidimos no ir, no se trata de ir para hacernos una foto, la realidad era muy dura y un equipo de rescate con perros especializados en la búsqueda de personas vivas no iba a aportar absolutamente nada al país, esa es nuestra filosofía, acudir donde realmente podemos ser útiles, aunque sea de forma remota. Eso sí, estuvimos en alerta por si el país nos reclamaba”, matiza Miguel Montero.

Los datos
20.000 víctimas entre muertos y desaparecidos ha provocado la riada en Derna, Libia

(Páginas 4-6)

Bruno y Narumi, el olor bajo los escombros

Cómo se crea y trabaja una unidad canina de rescate

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