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Cinco perras persiguen a los delincuentes que ponen veneno en los montes de Castilla-La Mancha   

agentes mediambientales

 

Castilla-La Mancha, detrás de Andalucía y Castilla y León, encabeza la lista de puntos negros en España del envenenamiento de fauna, según un informe de SEO/BirdLife y WWF. Coca, Tula, Lía, Sombra y Elsa son incansables junto a sus guías, agentes medioambientales, en la búsqueda de cebos cada vez más sofisticados como método ilegal de eliminación de depredadores. Repartidas en Ciudad Real, Toledo y Albacete se enfrentan a  cebos incluso del tamaño de un garbanzo

Por Emer IGLESIAS

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Las cifras de animales muertos por la presencia de estos cebos son espeluznantes en nuestro país. Diferentes informes no solo hablan de 200.000 animales envenenados en los últimos vienticinco años, sino que todos insisten en que esa cifra seguramente hay que multiplicarla por diez, ya que muchos de los cadáveres desaparecen antes de ser localizados y contabilizados, por lo que no es difícil que la cifra pueda llegar a los dos millones de animales muertos a causa de algún tipo de estas sustancias.
Según el informe sobre el veneno en España de 2020, el veneno más utilizado en España es el carbamato aldicarb, sustancia prohibida desde el año 2007, y que aparece en el 40% de los episodios registrados, seguido del carbofurano (24% de casos), prohibido desde 2008, y la estricnina (5%), prohibida desde 1994.
A pesar de esta prohibición, muchas de estas sustancias se siguen utilizando para la elaboración de cebos envenenados, lo que hace pensar que existe un importante stock o un comercio clandestino, que permite abastecer de sustancias esta actividad delictiva, siendo fácil su adquisición, incluida la posibilidad de su compra por Internet.
De ello saben bien los agentes medioambientales de la Junta de Castilla-La Mancha, que cada vez se enfrentan a la búsqueda de cebos envenenados más sofisticados. “Cada vez ponen cebos más pequeños, con menos producto solo el justo para ser dañino, por lo que el animal va a morir a varios kilómetros, por lo que es difícil que lo pillen”, indica a LADRIDOS, Antonio Martínez, agente medioambiental de Albacete integrante de la Unidad Canina de su provincia desde que se fundó en 2007, que trabaja junto a Lía, una pastor malinois de 4 años y medio.
Su compañero de Unidad, Mariano Manzanares, también integrante del equipo desde 2007, y que trabaja con Coca de raza carea o pastoril de 8 años y Tula malinois de 4 años, matiza que sin perros sería imposible encontrar la mayoría de los minúsculos cebos que ponen ahora, ya que, además antes estaban visibles y ahora cada vez más escondidos: “hemos encontrado cebos del tamaño de un garbanzo, si no es con perros es imposible, son una herramienta fundamental para trabajar contra estos delincuentes, sin perros estaríamos perdidos”.
Pero no todo es salir al campo a buscar veneno, encontrarlo y para casa. La presencia de los perros hace también un papel fundamental de disuasión. “Salimos a trabajar en caravana de coches, nosotros, del Seprona, de la Guardia Civil… nos meternos en una finca y se corre la voz de momento. Vamos a la hora del almuerzo a la plaza del pueblo, toda la caravana, con el coche rotulado, esa parafernalia en la plaza donde comen los cazadores provoca que la gente se eche para atrás. Cuando vas con la unidad canina y sacas los perros, a la gente se le cambia la cara”, matiza este agente de Albacete.
Otra de las ventajas de trabajar con estos perros es que detecte los cebos o cadáveres envenenados que han quedado ocultos o escondidos a propósito por la vegetación. “Si no fuera por la nariz del perro sería imposible de encontrar. Los cebos no son trozos grandes, cuando pasan unos días muchas veces ya son restos entre el pasto, sin un perro es imposible detectarlos, lo pisaríamos y no lo veríamos, son totalmente inapreciables para la vista. Por ejemplo, en una zona muy inaccesible tiraron el cadáver de un buitre imposible de localizarlo, a base de buscar con la perra y ver que marcaba en un lugar se desbrozó la vegetación y al fondo del barranco estaba el buitre, que había sido abatido por un disparo”, relata Pedro Delgado de Ciudad Real, que trabaja junto a Sombra, una hembra de pastor belga malinois de casi seis años cuya primera intervención fue en otoño de 2020.
“Es determinante que haya perros preparados para este tipo de búsqueda, es todo beneficio, al llevar a un perro si está escondido en un matorral lo encuentra. El dinero para formar una unidad es mínimo, las cuatro vacunas y el pienso que pueda comer, mis ojos como agente, que llevo 15 años pueden apreciar una franja de 20 metros, ellos con su olfato son capaces de llevar a más de 100 metros de esa franja y no necesitan la vista como yo, ellos con el olfato lo encuentran esté donde esté”, indica Pedro de Toledo, que tiene a Elsa una malinois de nueve meses que recibió el 4 de mayo y está preparándola con el objetivo de que a principio de años ya comience con su trabajo.
Adiestrar a un perro para que haga este tipo de trabajo tiene varias etapas. Una vez superada la fase de socialización y que el perro esté muy metido en el juego, lo primero de todo es educarlo en el rechazo de la comida, son perros que solo tienen que comer de la mano de su dueño. “Con los venenos, solamente hay una oportunidad, tiene que ser una obediencia fuerte, que no toque lo que busca, muy disciplinado, aquí no tienes dos oportunidades, si el perro come o chupa el cebo puede morir”, relata Mariano.
Hay que tener en cuenta que todas estas perras trabajan sueltas, van junto a su guía, pero por las zonas de búsqueda se desplazan, por lo que si “no se prestan a la obediencia no sirven”.
La forma de adiestrarla en los inicios es “Lo primero, asociarle un juguete, tirárselo, esconderlo, y haces que lo busque, luego asociado a ese juguete le ponemos distintos tipos de sustancias o productos fitosanitarios, así a la vez le está dando el olor. De vez en cuando le vas quitando el juguete, y ella identifica un olor para recibir premio y jugar como loca”, nos explica Antonio de la Unidad Canina de Albacete.
A mayores estas perras están preparadas para detectar muchas sustancias, aunque solo hayan aprendido con cuatro o cinco, ya que los venenos tienen muchos componentes, y en los nuevos siempre hay alguna sustancia de estas. “Algunos cebos no los hemos puesto y los han detectado, porque tienen algún componente similar fitosanitario”, recalca Antonio.
Los motivos para usar estas sustancias para matar depredadores de nuestros montes son varios. Los agentes guías caninos indican en primer lugar por temas relacionados con la caza menor, “para quitar alimañas”. “Los envenenamientos asociados a la mala gestión cinegética suponen la mayor parte de los casos detectados en España. En este sector el uso de cebos envenenados tiene la finalidad de dar muerte de forma indiscriminada a carnívoros que pueden consumir especies cinegéticas como la perdiz y el conejo, siendo el zorro la principal de las especies perseguidas”, indica el informe sobre el veneno en España.
También en ganadería extensiva, que se considera la segunda causa, “las especies objetivo de persecución son principalmente el zorro, los perros asilvestrados y el lobo”.

Además de la caza y la ganadería, también se registran episodios de envenenamiento en el ámbito de la agricultura, con el objeto de proteger los cultivos de los daños ocasionados por un amplio abanico de animales (desde aves, pasando por lagartos, jabalíes o conejos).
Y no hay que olvidar las rencillas entre los propios ganaderos, que pueden acabar en la utilización de veneno.
Un problema asociado que lleva el uso ilícito de estos venenos es que no solo muere el animal que lo ingiere, sino que al final es una cadena y un simple cebo del tamaño de un garbanzo puede resultar catastrófico. “No es el veneno como tal, sino que el animal muere por culpa de ese veneno, y luego se encuentran otros el cadáver y mueren ellos también”, se lamenta Pedro de Toledo.
La efectividad de una perra o perro bien preparado para este trabajo es indiscutible desde cualquier ámbito. Por ello, Pedro de la Unidad Canina de Ciudad Real que aparte del veneno sigue en el resto de funciones, demanda que se use más esta herramienta. “Tampoco se trabaja mucho, todavía, habría que mover más a los perros, porque lo poco que se mueve, se encuentra, deberíamos utilizarla más, están hechos para eso”.

Los datos
5 perros, tres de ellos en Albacete, uno en Toledo y uno en Ciudad Real
20 metros es la franja que puede abarcar el ojo humano. Los perros 100 metros más, además de que no necesitan ver el cebo, con el olfato les vale
3 venenos son los más usados en España: aldicarb prohibido en 2007; carbofurano prohibido en 2008 y estricnina, prohibido en 1994

(Páginas 10-13)

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