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Perros dopados, dobles... todo vale para  que te acepten en una vivienda

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Para vivir en un apartamento de alguna cooperativa de Nueva York hay que conseguir el visto bueno de una exigente Junta que hasta analiza el comportamiento de tu perro y puede rechazar la petición si el animal no es educado.
Por M. ARAMBARRI / Fotos: Pixabay

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Vivir en lo que se conoce como “Coops” es el sueño de cada vez más neoyorquinos que si consiguen pasar el exigente proceso de selección se garantizan que sus vecinos han sido cuidadosamente seleccionados, son personas solventes y no problemáticas.
Estas Coops son conocidas por sus duras reglas de convivencia, que la Junta se reserva el derecho de modificarlas a su antojo y sin necesidad de dar explicaciones.
¿Y qué pasa si quieres vivir aquí con tu mascota? Lo primero es que el perro tiene que someterse al criterio de la Junta. Debe ir con su dueño desde la primera entrevista y al más mínimo indicio de un comportamiento inadecuado se rechazará la petición del futuro inquilino sin posibilidad de protesta.
Por este motivo, muchos futuros propietarios, según ha destapado el New York Post, recurren a drogar a sus perros para que estén “tranquilos” el día de la entrevista con la Junta y conseguir el visto bueno y ser uno de los elegidos para ocupar uno de estos exclusivos apartamentos.
Durante los primeros 30 minutos de la entrevista con la junta directiva de la cooperativa, un frenchton, una mezcla entre un boston terrier y un bulldog francés, fue un angelito. Pero a medida que pasaban los minutos y los medicamentos del perro comenzaron a desaparecer, su dueño se puso nervioso, publica el rotativo.
El estrés para superar este proceso por parte de los dueños les lleva a pedir ayuda a los veterinarios, algunos de los cuales no dudan en dopar a los perros para facilitar el trámite.
“Se emociona cuando conoce gente nueva, así que le dimos Benadryl”, dijo la ejecutiva de marketing de 51 años, dueña del frenchton, que estaba dispuesta a cualquier cosa para ser la elegida a residir en un apartamento en la cooperativa de lujo en el Upper East Side, una de las más codiciadas en Nueva York. “El veterinario nos dijo que ayudaría. Se lo recetó para la picazón en la piel, y nos dijo que se lo diéramos ese día cerca de la entrevista para mantener al perro tranquilo”.
La mujer y su esposo estaban preocupados porque su economía y estatus fueron los idóneos para abandonar un alquiler de Village por la cooperativa de lujo en el Upper East Side. Consiguieron que la Junta diese el visto bueno a sus finanzas y los declarase suficientemente solventes para vivir en este edificio exclusivo, pero no fue suficiente en cuanto dijeron que tenían un perro: “es necesario antes del veredicto final una entrevista con el miembro canino de la familia”, les indicaron y llegaron las preocupaciones.
“Lo dejaron claro”, dijo el ejecutivo de marketing. “Si el perro fuera un problema, no obtendríamos el apartamento”.
Ni cortos ni perezosos, no dudaron en recurrir a atiborrar a su frenchton de pastillas sedantes unos días antes de la temida entrevista, en la que se portó de “maravilla” y consiguió dar esquinazo a un grupo de estirados señores trajeados incisivos en la búsqueda de cualquier cosa que les justifique firmar la negativa y seguir presumiendo de que en sus colectividades inmobiliarias solo habitan vecinos elitistas y sibaritas.
La entrevista duró 90 minutos y el perro durmió la mayor parte. El propietario, aunque se sintió un poco culpable, justificó su actuación: “Habíamos pasado por tantos obstáculos que no había forma de que no consiguiéramos ese apartamento”.
El teletrabajo auspiciado por la pandemia ha agudizado estas situaciones. Por un lado, más ejecutivos o profesiones liberales buscan un lugar exclusivo que les garantice la tranquilidad que necesitan para desarrollar su trabajo desde casa. Y por otro, las situaciones pandémicas de trabajo desde el hogar han multiplicado la ansiedad por separación y otros malos comportamientos en los perros, que se han acostumbrado a estar las 24 horas con su dueño, y llevan mal quedarse solos. Por ello, muchos neoyorquinos que tienen miedo de que las mascotas necesitadas o traviesas arruinen sus entrevistas con la Junta de la cooperativa han agudizado su ingenio.
“Cuando un posible comprador me llama, su perro es una de las primeras cosas que pregunto”, dijo Wendy Sarasohn, agente residente de lujo en Brown Harris Stevens. “Puede ser tan significativo... como cuántos millones de dólares de liquidez tienen”.
Sarasohn ha visto a clientes darle un sedante a su perro. Por ejemplo, una pareja decidió cambiar una gran mansión en Great Neck por una cooperativa en Park Avenue. Su mascota estaba acostumbrada a correr y ladrar tanto como quisiera por los jardines de su casa. “Era un perro grande y no estaban seguros de si se comportaría”, recordó, por lo que acabó dopado.
Dobles
Mientras que unos optan por drogar a su mascota, otros buscan un “doble” de su perro de comportamiento ejemplar con el que acudir a la temida entrevista y conseguir el visto bueno.
La corredora de bolsa Barbara Corcoran recordó uno de esos casos de un comprador de apartamentos preocupado de que su malhumorado perro pequeño arruinara un trato. “Así que tomó prestado un shih tzu que se parecía a su perro para la reunión de la junta y aprobó”, dijo la estrella de “Shark Tank”. “Cuando se mudó, apuesto a que la Junta pensó que el perro había cambiado de personalidad. Estoy segura de que esto sucede mucho”.
Sarasohn también recuerda a una aspirante a compradora que le preocupaba que su cachorro “podría no dejar de ladrar u orinar en la alfombra. Era muy quisquilloso acerca de con quién era amable. Entonces, la mujer tomó prestado el canino de un amigo que participa en eventos locales y dejó a su propia mascota con problemas en casa. El suplente de buen comportamiento pasó rápidamente la entrevista de la junta”, matiza al rotativo neoyorkino.
Tal es la obsesión de algunos por entrar a vivir en una de estas comunidades lujosas, que son capaces de hacer cosas de las más variopintas. Sarashon recuerda a un posible inquilino que quería comprar en un edificio donde las mascotas estaban limitadas a pesar 12 kilos o menos, pero su perro pesaba casi el doble. “Así que lo puso en un estricto programa de pérdida de peso”, con la esperanza de que, si el canino se veía un poco menos rotundo, podría pasar desapercibido para el ojo crítico de la junta, dijo Sarasohn. Por suerte, “no le pesaron” y consiguió su sueño habitacional.
También hay quien saca pingües beneficios de estas exigencias, y no son ni los aspirantes a residir ni los socios de la cooperativa. Durante los últimos meses, el televisivo conductista de animales, Bash Dibra, ha incrementado su cuenta corriente de forma paralela al boom de compras en “Coops”. No ha dudado en especializarse en preparar perros para superar las duras entrevistas de las Juntas de cooperativas, nada menos que a 500 dólares la sesión. Dibra ha indicado que “ha sido contratado un par de veces cada mes, con números en aumento gracias a la ola de compras de primavera que se avecina”.

 

Por lo general, trabaja con los dueños durante varias semanas, preparando a los perros para que caminen con correa sin tirar, se acerquen en silencio cuando los llamen y, por supuesto, nunca salten sobre las personas. “¿El final resultó? Obtenemos un gran perro que aprobará una junta y será un gran miembro de la familia”, dijo Dibra a New York Post.
Mientras tanto, Philip Salem en Compass real estate tiene una solución diferente para los clientes que le piden que les busque uno de estas exclusivas residencias: preparar un buen dossier con fotos, videos y cartas de recomendación de su perro para provocar la empatía de los miembros de la Junta.
Así es como recientemente ayudó a una familia a conseguir una cooperativa de primer nivel en Fort Greene. Su perro rescatado de nueve años había funcionado como un canino de terapia para estudiantes estresados, por lo que la esposa reunió fotos de él con niños y con un disfraz de Halloween. “Recibimos una carta del portero en nuestro lugar actual diciendo que no era ruidoso ni ladrador”, dijo la esposa, una ejecutiva farmacéutica. “Tuvimos que traer la misma cantidad de cartas de referencia para el perro, si no más, que para nosotros”, publica New York Post.¿Dueños?
El edificio pertenece a la corporación formada por la asociación cooperativa de vecinos. Todos y cada uno de los propietarios poseen una participación en dicha corporación y reciben el nombre de “proprietary lessees”. Si tienes un apartamento en una Coop, no eres el dueño, sino que serías un “accionista del edificio completo”.
Los datos
2 años es el plazo de alquiler máximo que se suele conseguir en una Coops después de pasar el duro trámite
3 meses es la media que suele durar la negociación con la Junta hasta que se resuelve la petición de compra o alquiler

 (Páginas 36-40)

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