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El bienestar de los perros debe ser lo primero, también en Iditarod

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La sanción a tres corredores que protegieron a sus perros de una fuerte tormenta y un can desaparecido, orígenes de una fuerte polémica

La sanción a tres finalistas de la Iditarod Trail Sled Dog Race por cobijar en una cabaña, y quizás salvar la vida, a sus perros durante una feroz tormenta de viento ha levantado una polvareda de acusaciones contra la organización que se ha visto obligada a anunciar que revisará el reglamento de la carrera más grande de perros de trineo del mundo.

Por M. ARAMBARRI

 

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El domingo 6 de marzo daba comienzo en el lago congelado de Willow la 50 edición de la Iditarod, una carrera que no se detuvo ni siquiera en época de pandemia. Tras 8 días, 14 horas, 38 minutos y 43 segundos, Brent Sass (dorsal n.º 27) de Eureka, Alaska, cruzó la línea de meta en Nome con once perros enganchados en el trineo y se adjudicó su primer campeonato Iditarod en su séptima participación.
Tras realizar la ruta del norte, la que se realiza en los años pares, le siguió en la meta, más de una hora después, el cinco veces ganador Dallas Seavey de Talkeetna. Del medio centenar de participantes, un total de 37 consiguieron completar un recorrido de aproximadamente mil millas que separan el lago congelado de Willow hasta a la costa oeste de Alaska. El último en entrar en meta fue Apayauq Reitan, que a pesar de ver como varios equipos abandonaban la carrera a su alrededor no se rindió y completó el recorrido en 13 días, ocho horas y 39 minutos con siete perros, alzándose con el trofeo “linterna roja” que recibe el último en llegar.
Tras Dallas Seavey que buscaba una increíble sexta victoria de Iditarod, algo que nunca antes se había hecho, y se tuvo que conformar con el segundo lugar, pasó la línea de meta Jessie Holmes tras pasar nueve días, cuatro horas y 39 minutos de carrera junto a sus nueve perros, obteniendo su mejor iditarod hasta el momento.
La entrada de los musher completando la carrera siguió su curso normal. Tras los corredores que alcanzaron los puestos del 4 al 13, hizo su llegada entre aplausos Mille Porsild de Dinamarca con un trineo roto sujeto con una llave inglesa y fue la musher femenina mejor posicionada este año.
La siguiente mujer que consiguió completar este recorrido de climatológicas extremas, fue Michelle Phillips, de Yukón, que estuvo durante nueve días, 21 horas y 52 minutos corriendo por las tierras de Alaska con nueve perros.
Todo se sucedió con normalidad y se completó el evento hasta el “linterna roja” a los 13 días de carrera y todo parecía acabarse. Pero los comisarios de competición recibieron quejas de tres equipos que llegaron después de las dos mujeres, las tuvieron en cuenta casi en silencio y decidieron penalizarlas.
¿Y qué pasó? Simplemente que una norma anticuada que ahora van a revisar, la Regla 37, del Libro de Reglas de Iditarod, prohíbe que durante las más de mil millas de carrera los perros puedan cobijarse en algún tipo de refugio excepto para el examen médico veterinario.
Y eso fue, albergar a sus perros en una pequeña cabaña, lo que decidieron Porsild y Philips cuando una feroz tormenta nunca vista en la carrera las pilló en medio del recorrido, una decisión que probablemente salvó la vida de los animales, pero provocó una penalización y bajaron varios puestos en la clasificación. Porsild fue relegada del puesto14 al 17 y perdió 3.496 dólares de premio. Por su parte Philips bajó del 17 al 18 y obtuvo 1.013 dólares menos de trofeo.
Según indicó Porsild cuando se encontraba en un área que es un embudo y una feroz tormenta les golpeó, se encontró con una cabaña e intentó estacionar a su equipo detrás del refugio para protegerlo. “Me di cuenta de que la estructura del refugio no brindaba la protección adecuada para mis perros, el viento seguía aumentando y no tenía ninguna duda de que mis perros sentados sin protección en estas condiciones podrían morir”.
Menos de una hora después de llegar al refugio de Kwik, su compañera de carreras Michelle Phillips irrumpió por la puerta sosteniendo a sus perros guía y preguntando si podían entrar, según Porsild. Ambas habían tomado las mismas determinaciones sobre el riesgo de las condiciones climáticas y, decidieron proteger a sus perros.
“Sin cortavientos naturales ni materiales disponibles para protegerlos, hice lo que sentí que era la mejor opción para el bienestar de mi perro en esa situación extrema”, escribió Phillips en Facebook.
“En ese momento no había vacilación en mi mente, mis perros eran mi única preocupación. Sin roturas naturales de viento ni materiales disponibles para refugiarlos hice lo que sentí que era la mejor opción para el bienestar de mi perro en esa situación extrema. Desenganché a mis perros y los puse en el refugio donde podían descansar y recuperarse a salvo de las condiciones hostiles del exterior. El viento siguió aullando y sacudiendo el edificio toda la noche. A pesar de las consecuencias nunca volvería a dudar en hacer esta acción” y concluye anunciando su despedida de la mítica carrera, “este será mi último Iditarod”.
Porsild envió un correo a la organización explicando el motivo por el cual decidió entrar en el albergue. “Alineé a mi equipo para que se refugiara en el lado oeste de la cabaña, pero rápidamente evalué que no brindaba la protección adecuada para que los perros sobrevivieran de manera segura a los vientos”, escribió.
Temiendo por su seguridad, Porsild llevó a sus animales a la cabina, algo que dijo no darse cuenta de que era una violación de la Regla 37 de Iditarod , que establece: “No se pueden llevar perros a los refugios excepto para el examen médico de los veterinarios de la carrera o tratamiento.”
El caso es que el propio comisario que tomo la decisión de relegar a estas dos musher por proteger a sus perros de la virulenta tormenta, Mark Nordman reconoció que las mushers “hicieron lo correcto por sus perros”, aunque añadió que “también afectó la competencia de los corredores en el futuro”.
Tras esta actuación, cinco mushers que se quedaron atrás esperando que capeara el temporal, presentaron la reclamación y surgió la polémica. Dos de ellos subieron un puesto en la reclamación, y otro ascendió dos, pero ninguno consiguió pasar a las penalizadas.
Tras esta actuación, las quejas y críticas en las redes sociales no se hicieron esperar, y la organización se vio obligada a principios de abril a hacer un comunicado en el que indicó que revisará el reglamento en pro del bienestar animal.
“Uno de los principios fundamentales de Iditarod es una preocupación apasionada por los perros y su bienestar. El cuidado ejemplar de los perros es de suma importancia. Nos damos cuenta de que la regla parece rígida y no tiene en cuenta las situaciones climáticas extremas. Esta regla ha estado vigente durante muchos años con la intención de garantizar una competencia justa, pero sin poner en peligro a los perros ni a los mushers. Las violaciones de esta regla no han sido un problema significativo... hasta ahora”, indica en su declaración.
“Durante los 50 años de The Last Great Race ha habido numerosas tormentas grandes, pero esta tormenta puede haber sido única dada su geografía, intensidad y duración. Como en todos los deportes, las reglas de Iditarod son un documento vivo y, a medida que se dispone de nueva información, se mejoran para hacer que el deporte sea más seguro y al mismo tiempo preservar la igualdad de condiciones, que es el principio fundamental de todo gran evento deportivo. Revisaremos no solo la regla 37, sino todas las reglas de carrera de Iditarod para garantizar la coherencia con nuestros objetivos y valores”, concluyen.

El perro perdido, ¿fallaron los protocolos?
El musher Sebastien Dos Santos Borges perdió a uno de sus perros, Leon, el domingo 13 de marzo cuando este consiguió quitarse la prenda de abrigo que llevaba puesta y el collar del cuello con el que estaba sujeto. Desde ese día los esfuerzos de participantes, equipos, colaboradores y la propia organización de la carrera son continuos, sin que haya sido localizado el perro. Desde motos de nieve, avionetas, voluntarios a pie, equipos de perros de trineo... rastrean cualquier rincón en el que pueda estar el can. El guía de León estableció un campamento cerca del valle boscoso del arroyo donde Leon había ido días antes, pero no tuvo éxito. Tras volar hasta Nome, a los dos días volvió con un compañero canino de Leon, Siku, hasta Rugby para continuar la búsqueda. Según Iditarod, aunque estos perros pueden permanecer apartados de los humanos durante semanas o meses, no escatima en medios para localizarlo y ofrece una recompensa de mil dólares a quien lo traiga de vuelta. Los responsables de la carrera recuerdan que, si bien en casi todos los casos, se utilizan collares y equipo para perros para garantizar su localización a través de conexiones seguras, “un solo error colectivo es demasiado, y estamos trabajando activamente en la actualización de los Procedimientos Operativos Estándar para evitar que esto suceda en el futuro e inculcar un mayor sentido de responsabilidad compartida”.
Según la última actualización de su búsqueda, “ha habido avistamientos recientes de huellas de perros entre Nikolai y McGrath y los buscadores en el área continúan siguiendo esos informes. Se sabe que los perros de trineo corren y pueden cubrir grandes distancias. El Iditarod está brindando actualizaciones al musher Sebastien Dos Santos Borges a medida que surgen”.
La organización ha habilitado un correo, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo., y pide a cualquiera que esté a lo largo del sendero Iditarod a correr la voz para ayudar con la búsqueda de León.

Los perros de un participante devoran a una mascota y puede ser el fin de su carrera
La manada de diez perros del musher Jessie Holmes, que finalizó tercero en la competición, aprovecharon que su guía los dejó sueltos en Wasilla, donde se hospedaba, para que hicieran sus necesidades, se metieron en una casa y devoraron a un bullmastiff de 8 años que murió casi en el acto. Las autoridades locales avisaron que Holmes recibirá diez acusaciones por perros sueltos y otra por crueldad animal, lo que podría afectar a su carrera como mushing.

El tercero sancionado
El musher Riley Dyche de Fairbanks también llevó a su equipo al interior durante condiciones climáticas adversas, una violación de las reglas de la carrera, y luego no informó adecuadamente a los organizadores. No sufrió ningún cambio en su posición final, pero debe pagar una multa de mil dólares.

Premios en dólares por clasificación
1         51.798
2         43.518
3         40.124
4         36.122
5         33.133
6         28.624
7         26.597
8         25.027
9         23.507
10       22,037
11       20.619
12      19.302
13      17.985
14      16.769
15      15.553
16      14.388
17      13.273
18      12.260
19      11.247
20      10.284
21 a 37 1.049

 (Páginas 12-14)

La Iditarod resiste al covid

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