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Este perro con historia ya aparece en un libro del siglo XIV

cara sabueso

La funcionalidad de este perro está en la caza, en seguir y seguir el rastro, con tenacidad hasta llevar a la presa que persigue de vuelta hasta el cazador.

El sabueso español sigue siendo un perro de rastro, poco conocido, pero con historia de siglos a sus espaldas. Presume de ser uno de los perros españoles más antiguos, que el rey Alfonso XI citó en un libro de montería por sus cualidades para la caza mayor

Por Miguel PELE

 

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Su época de auge la tuvo en las décadas de los 70 y 80 del siglo XX cuando se intentó recuperar por sabueseros de la zona norte de España (zona geográfica donde más abunda en nuestro país) realizando concentraciones de esta raza. Con la llegada de otras razas francesas destinadas a esta actividad, con un diferente modo de cazar, que siguen el rastro, pero de forma más rápida, el sabueso español cayó un poco en el olvido.
“En la actualidad no pasa por buenos momentos, es una raza minoritaria y dedicada exclusivamente a la caza, tanto de jabalí como de liebre. Pero tras un parón anterior a la pandemia han vuelto a interesarse por él”, nos cuenta Isabel del Castillo, presidenta del Club del sabueso español.
Su funcionalidad en pleno siglo XXI es la de un perro de caza mayor, pero también de caza menor. Aunque parezca contradictorio, el sabueso español sigue el rastro en la caza, tanto del jabalí o como corzo (este en menor grado), hasta el de la liebre, en la modalidad de “vuelta”. Si hay que destacar una cualidad en esta raza española esa es la tenacidad, pues cuando coge el rastro sigue y sigue horas y horas buscando a la presa para llevarla de vuelta a su cazador.
Seguramente fue introducido por los celtas cuando llegaron a nuestro territorio y les acompañaría en sus cacerías, pues persigue con gran constancia y se enfrenta con fiereza a las presas. Y esa tenacidad hay que tenerla en cuenta si alguien quiere cazar con el sabueso, pues a veces se aleja y se aleja del cazador siguiendo el rastro, sin atender las órdenes de su dueño.
A pesar de estas condiciones especiales para el rastro, no ha sido apenas utilizado para la búsqueda de personas desaparecidas, aunque sí ha habido algún ejemplar en la Guardia Civil y algunos adiestradores. Es su forma de vida, sin la que su identidad no sería entendida. Agachar su trufa y ventear el suelo ayudado por el movimiento con sus largas orejas es su pasión, por lo que será difícil convertirlo en un perro de sofá. Eso se lo deja a otras razas, pero el sabueso español se desvive por salir al campo y olfatear, hasta incluso olvidarse de las indicaciones de su dueño.
Una característica notable y distintiva del sabueso español son sus orejas, grandes, largas y caídas, tan largas que sobrepasan la trufa cuando el perro inclina la cabeza en busca el rastro. Esto hace que, al caminar oliendo, las orejas vayan arrastrando por el suelo y casi todos tengan los extremos desgastados y con trozos que les faltan. Se dice que la funcionalidad de las orejas es levantar las partículas que deja el rastro y facilitar a la trufa el seguimiento de la presa.
Hay algunas personas que lo tienen como animal de compañía, ya que hablamos de un perro con carácter cariñoso, dócil y manso, pero “yo no lo recomendaría como mascota, porque pierde su funcionalidad. Y si lo llevas atado te va a arrastrar cuando coja un rastro y si lo sueltas seguirá el rastro y lo perderás de vista. Tiene su genética y esa es la que le tira”, aclara del Castillo.
La salud del sabueso es buena en general, como perro mediano y de trabajo, algunos problemas de displasia como es norma general en los perros de tamaño mediano y de trabajo, pero “con lo que más hay que tener cuidado es con el entropión, un trastorno en el que se les vuelven los párpados, las pestañas se meten hacia adentro y les van rozando la córnea, produciendo úlceras, que en ocasiones pueden dejar ciego al perro. Cuando aparecen estos problemas, estos ejemplares no se usan para reproducción, pues se trata de una enfermedad congénita”.
Su esperanza de vida está entre los 9 y 12 años, similar a otros perros de tamaño medio (suelen pesar entre 20 y 30 kg). Cuando ya se les ve mayores no se les lleva a cazar, aunque cuando llega el momento de la caza y se van los más jóvenes, ladran y muestran su mirada triste al quedarse. Y los que participan en la montería, tras realizar el trabajo, vuelven felices de hacer aquello para lo que el humano los fue moldeando.

Al tratarse de un perro de caza, en algunas ocasiones los han encontrado sueltos y los han llevado a protectoras. Pero no hay un conflicto similar al que ocurre con otros perros de caza, como los galgos o podencos, que tienen ese estigma de ser abandonados al acabar la temporada de caza.
Por otro lado, el club realiza pruebas de rastro "unas veces oficiales con la Canina, otras de forma conjunta con el club del grifón azul de Gascuña, con pruebas de jabalí a suelta, en alguna ocasión de traílla o de liebre. También se realizan concentraciones de perros de liebre en Huesca, para comprobar el trabajo de los perros al levantar la liebre. El problema está en que para competir en estas pruebas los perros tienen que estar inscritos, requisito que no todo el mundo cumple y no pueden participar”.
Finalmente, “tras dos años sin realizarla por la pandemia, se hará la monográfica de la raza, aún sin fecha concreta”, explica la presidenta del club.

Los datos

700 años desde que apareció la raza en ‘El libro de la montería de Alfonso XI’

1982  año de publicación del estándar oficial

9-12  años de esperanza de vida               

(Páginas 20 y 21)

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