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Dos perros rescatados, adoptados y adiestrados, son los mejores buscando trufa en Albarracín

Denis y Virginia

 

Dos perros mestizos, ambos abandonados y rescatados en Albarracín, colaboran en temporada con sus dueños buscando trufa. Uno vive en familia y otro en una finca vallada con otros perros. De un futuro incierto pasaron a llevar una vida familiar.  Los perros asociaron el olor de la trufa como un juego y lentamente aprendieron a localizar y marcar el lugar donde está enterrada

Por Miguel PELE / Fotos Virginia Sánchez

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Quien tiene un amigo tiene un tesoro. Y si son dos, ni te cuento. Eso debió pensar Virginia cuando encontró a un cachorro abandonado en una gasolinera, amarrado a una barandilla, a siete grados bajo cero y cubierto de pulgas y garrapatas. En poco tiempo comprobó que era un perro muy inquieto, que mordía y rompía todo, cables y alfombras. Pero eso es lo normal en los cachorros.
En su propia casa, Virginia le fue canalizando esos instintos a base de juegos, para que estuviese más tranquilo y se centrase. Primero con la pelota, lanzándola para que se la trajese y luego en una esfera con agujeros le metió una trufa dentro para que hiciese lo mismo.
Lentamente le fue complicando las actividades, escondiendo la trufa por la casa para que la buscase. Más tarde, “lo llevamos al monte y enterrábamos la trufa a poca profundidad y luego a más honda”. Por supuesto, siempre que la encontraba había un premio, comida o chuche. Y con el tiempo “además de ser un juego se convirtió en un vínculo especial conmigo, como si quisiera ofréceme un regalo (la trufa que ha encontrado) a cambio de mis abrazos y cariños y su premio comestible”, relata Virginia a LADRIDOS.
Así es como este perro, mestizo de podenco de unos siete años, pasó del abandono a tener una familia que lo cuida y a buscar trufas tanto en temporada de invierno como en la de verano. “Y no hay nada que le guste más que salir al monte” a buscar este tesoro culinario tan apreciado.

Llegó Fletcher
Posteriormente, encontraron otra perra con sus con sus siete cachorros. Tres de ellos fueron dados en adopción por la protectora, pero la madre y el resto se quedó con Virginia. Una de esas cachorras, Fletcher, siguió los mismos pasos que Denis. “Le encantó el olor a trufa que llevaba la pelota y se convirtió en una gran buscadora también, mientras los otros cachorros jugaban entre ellos, ella me traía la pelota a mí y me la daba”. Fletcher se convirtió así en su segundo tesoro.
Ambos perros truferos son diferentes cuando encuentran las trufas. Para esa búsqueda los perros van con correa y siempre es uno el que acompaña a Virginia, algo que pueden hacer varias veces en semana, siempre en función del clima y lo hacen como un paseo y a la vez un ‘trabajo’, durante varias horas. En alguna ocasión encontraron trufas enormes, como una que pesó 291,2 gramos.
Denis escarba con ímpetu y quiere hacer un gran agujero, mientras que Fletcher rasca un poco la superficie bajo la que se encuentra la trufa” y después de recibir su premio se tumba para que yo saque este hongo sin que se dañe. Y tras cada localización hay recompensa para ellos. “No entiendo que haya gente que tenga a sus perros días sin comer para que vayan al monte hambrientos y encuentren más trufas”, admite con enfado.
Denis también es el encargado de acompañar las visitas guiadas que realizan para familias con niños para sensibilizarlos del cuidado hacia los animales y evitar el abandono. Ambos perros, junto con Virginia Sánchez y David Almazán, forman parte de la plantilla de www.trufaecologica.com, una empresa familiar, a su vez comprometida con el respeto animal, pues todos están bien cuidados, alimentados y esterilizados. Además, demuestran su implicación en el Proyecto Gato Albarracín, reciente ganador del premio a mejor gestión ética de colonias felinas por el Gobierno de España.
Denis vive como mascota en la vivienda de la familia, tiene su espacio en el jardín y duerme dentro de casa. Mientras, Fletcher comparte con su madre y sus tres hermanos una enorme casa habilitada para ellos en un recinto vallado de 10.000 m cuadrados.

También despedidas
Pero no todo es felicidad, mientras se fraguaba este artículo falleció Tommy, otro perro mayor, de 14 años que vivía con la familia desde que fue rescatado con dos años y que había superado varias dolencias, entre ellas un cáncer de bazo, pero una torsión de estómago al final acabó con su vida.

Virginia, David, dos perros... y algunos más
Virginia dejó su Marbella natal y el trabajo de oficina para vivir con David en la sierra de Albarracín. Les encantan los animales y prefieren adoptar a comprar. Sus perros les ayudan a buscar trufa, pero no lo hacen como trabajo, sino como juego y diversión.
Denis, mestizo de podenco de 7 años, encontró su nueva vida, aprendió a localizar las trufas negras y se desvive por salir al monte. Vive como mascota y ayuda en la búsqueda de este hongo.
Flecher, mestizo de can de chira (el segundo perro oficial de Aragón) y setter, con 6 años. Tras ser rescatado vive con su madre y sus tres hermanos en 10.000 m cuadrados de espacio donde jugar con ellos.
Y Tommy, fallecido mientras se escribía este artículo, acompañó a Virginia durante 12 de los catorce años que vivió.

Los datos
2 perros recogidos de la calle, ahora ahora mascotas y truferos
10.000 m cuadrados de finca vallada donde vive Fletcher con su madre y tres hermanos

(Páginas 4 y 5)

Los perros que buscan el diamante negro: los truferos

Visitamos Albarracín, donde los gatos son "patrimonio animal" agosto 2021

Proyecto Gato Albarracín, galardonada por la gestión de su colonia felina

 

 

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