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Este 'staffy' dio felicidad durante toda su vida

crom mayor

Hoy le dedicamos estas páginas a Crom, un american staffordshire terrier, por algo muy especial: su longevidad, pues vivió más de 17 años. Fue comprado con cuatro meses, esterilizado a su tiempo y ha llevado una vida tranquila junto a su familia sin tener ningún conflicto. En marzo, enfermo de artrosis, nos dijo adiós. En nuestros hogares dicen las estadísticas que hay más mascotas que niños menores de 15 años. La mayoría de ellas son perros, algunos de edad muy elevada.

Por Miguel PELE

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Crom ha fallecido el 30 de marzo (nació el 28 de enero de 2007). Era un perro con pedigrí, de un criador de Alicante a donde Javier, un joven de diecisiete años, fue a buscarlo. Quería esa raza como mascota y  guardián y lo compró porque se cambiaban de un piso a una casa, donde tendría un espacio mayor para moverse.
La suerte para el perro y para su dueño es que ambos buscaban su propia compañía, disfrutar de la naturaleza cuando se podía y de la vida tranquila en casa la mayor parte de las veces. Ser un perro con genética cuidada, procedente de ejemplares de belleza, da ciertas garantías, pero si cae en malas manos se puede convertir en un animal peligroso.
En ocasiones demostraba carácter ante otros perros, marcando territorio, pero sin más, incluso “alguna vez que me despisté y se me escapó se puso delante de otro perro, pero no pasó nada”. Así que decidieron con buen criterio esterilizarlo y eso lo dulcificó.
En toda su vida nunca tuvo ningún problema ni con otros perros ni con personas. Hasta el punto, nos cuenta Javier, que “un día estaba la puerta de casa abierta, entró una persona y se puso a jugar con él. Mi padre decía que este perro más que proteger la va a dar las llaves de casa”.
Así, tanto el dueño como su perro se fueron haciendo adultos. Javier se casó y tuvo dos hijos. La vida de Crom no se vio afectada porque él era uno más de la familia y con ellos ha convivido los últimos cinco años. Los niños lo ven con cariño pues nunca hubo un mal gesto por parte de su mascota y compartían el sofá o los juegos con él.

Llegó la vejez
Para un humano, diez años es un espacio de tiempo pequeño. Para un perro de este tamaño es casi toda una vida, pero no fue hasta que llegó a los doce cuando comenzó a notarse el paso del tiempo. Apareció un tumor que hacía peligrar su vida. Algunos le recomendaron que lo durmiese, pero Javier quiso darle otra oportunidad. “Me decían que ya era muy mayor, que no valía la pena, pero yo prefería que lo operasen a esperar que se muriera. Con 15 años le extirparon el bazo y es como que renació”.
Crom siempre fue un perro activo y le gustaba que le lanzasen la pelota para correr a buscarla y devolverla a su dueño. En cierta ocasión, saltó y su dueño no pudo cogerlo. En la caída se rompió un ligamento cruzado del menisco de una pata trasera, pero no mostraba signos de dolor, hasta que comprobaron la rotura tras una radiografía. Ya se había hecho un callo y esto le fue provocando que llegase la artrosis.
Los últimos años de su vida han sido cuesta abajo. De los 30 kg que llegó a pesar ha ido bajando con la vejez a los 22. Lenta pero inexorablemente la energía de este portento físico que es un “staffy” se fue agotando. Menos ganas de correr, menos paseos, menos juegos. Prefería el sofá o la cama y llegó el momento en que el dolor superaba sus ganas de moverse. Tratamientos inyectables primero, pastillas después, hasta que su situación se convirtió en crítica: apenas podía moverse para salir a hacer sus necesidades, pues las patas traseras no lo mantenían. Había que llevarlo y traerlo de la calle en brazos.

El desenlace
Llegó la hora. Tras llevarlo a su veterinario de toda la vida, tomaron la decisión de dormirlo. Cruzará el puente de los perros y esperará a su dueño pacientemente, toda una eternidad si hiciese falta.
Tras Crom, ¿habrá otro perro? “He querido tanto a este perro y me está costando tanto decirle adiós, pues pude decírselo varias veces, pero fui persistente para que viviese, no tendría más perros, pero por lo mal que se pasa ahora”, concluye Javier.

PPP: Perro Poco Peligroso
Crom ha llevado una vida acorde con su temperamento tranquilo y familiar, con sus rutinas, con sus paseos, muchas veces sin el bozal que debería llevar por precaución. Los policías locales lo conocían y sabían que se trataba de un perro sociable, le recomendaban que se lo pusiese, pero nunca pasó nada. “Yo creo que esto de la agresividad es de cada perro, por lo que debería llevarlo escrito en el chip, sobre todo si son reincidentes, para que no paguen justos por pecadores”.
Una vez se encontró con un joven que tenía perros de pelea. Cuando Crom vio al otro perro le ladraba, como diciéndole “aquí estoy yo”, pero el otro ni se inmutaba. Javier le preguntó a su dueño por qué estaba tranquilo y el suyo nervioso. Le respondió que aquel estaba preparado y si le daba la orden iba a matar. Es la diferencia de un perro que ladra de otro que tranquilo y peligroso.

(Páginas 32 y 33)

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