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Tras un año habituándose al agua, el "socorrista" Chui aprende a remolcar al personal de Cruz Roja

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Este golden retriever de nombre Chui ya se ha convertido en un perro adulto y continúa con su preparación firme para llegar a ser el primer perro socorrista voluntario en Cruz Roja. Hace un año, cuando era un cachorrito, obtuvo el permiso del Ayuntamiento de Chiclana para entrar en la playa de La Barrosa. Tras hacerse eco LADRIDOS de la noticia, esta corrió como la espuma por televisiones y medios generalistas y la avalancha de gente que quería verlo y tocarlo a todas horas fue tal que Chui hasta cogió algo de aversión a las personas. “Nos costó varios meses reconducir su formación, tuvimos que irnos de La Barrosa”, explica a LADRIDOS su guía Juan Luis de Castellví, voluntario en Cruz Roja. Tras un año habituándose al agua llega el momento de aprender a remolcar al personal de la Cruz Roja

Por Emer IGLESIAS/ Fotos: Laura León Louzado 

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El proceso de formación que sigue Chui desde que cumplió tres meses en junio del año pasado es muy minucioso con el objetivo de llegar a ser un perro socorrista del puesto de Cruz Roja en la playa gaditana de La Barrosa.
En estos doce meses se ha habituado al agua, a nadar en busca de su juguete y sacarlo hasta la orilla donde le espera su guía Juan Luis de Castellví, voluntario de Cruz Roja. “Ha sido un año de trabajar mucho la obediencia básica, que se quede tumbado sobre la tabla de la moto acuática con el socorrista, probablemente esto no llegue a tener que hacerlo, pero es importante que lo sepa hacer”, matiza Castellví.
Los primeros meses de trabajo con Chui, que para el perro es siempre un juego, fue de adaptación a la playa, al agua, a la arena, a los recursos que usa el equipo de socorristas de la Cruz Roja... “Enseguida se subía por la rampa de la moto de agua, se acostumbró a subirse a las lanchas, a las sillas anfibias que usan las personas con movilidad reducida para entrar en el agua, se habituó a los bastones, a todo lo que usan estas personas, está muy a gusto en el puesto de ayuda que tiene La Cruz Roja en la playa”, afirma el guía de Chui.
Pero no todo fue un camino de rosas, sobre todo por la avalancha de personas que se acercaban a ver a Chui cuando era cachorrito y estaba en la playa. “La noticia de su presencia corrió por todas partes, ya no era información era casi spam, se hizo muy popular y se acercaban constantemente a tocarle”, cuenta Juan Luis.
Esto produjo un retroceso en Chui, que pasó de disfrutar en la playa a coger algo de aversión a las personas y no querer que nadie se le acercase. “Se agobió un poco, le puse un arnés y nos fuimos a la playa de Sancti Petri, que es mucho más tranquila, tardamos varios meses en reconducir su proceso de formación”, destapa el voluntario de Cruz Roja.
Chui es un perro criado para desarrollarse con soltura en el medio acuático y, aunque en un principio entraba en el agua con total facilidad y disfrutando, el ruido de las olas cuando rompen en la orilla parecía inquietarle un poco. Castellví hizo entonces un trabajo de sensibilización con el cachorro y ahora, que ya es perro adulto, no presenta ningún problema con el sonido del mar rompiendo en la arena.
Una vez aprendido todo esto, llega el momento de que Chui comprenda que su función será la de ir junto al socorrista que lo llame y ayudarle a volver a la orilla con la víctima que haya ido a rescatar.
“El golden en ningún momento se lanzará hacia la víctima, el objetivo es que él siempre sea una ayuda al socorrista, que el personal de la Cruz Roja pueda invertir toda su energía en ir a socorrer a la persona que necesite su ayuda y luego para volver a la orilla o a la embarcación, se pueda agarrar al chaleco de Chui y este le arrastre”, nos cuenta Juan Luis Castellví. De esta forma, el socorrista no tendrá que preocuparse por si se agotan sus fuerzas, ya que la vuelta la hará remolcado por el perro.
Para ello este golden retriever que fue adoptado por Castellví de un criador del norte de España que lo dio en adopción porque nació sin rabo y no era apto para la venta, está ahora haciendo caminatas con su guía para coger fondo.
“Este verano, en edad adulta y con cuerpo de adulto, pesa 30 kilos, estamos cogiendo fuerza, entra en el agua y nada mucho, hacemos patrullas paseando cada vez más largas”, explica el guía de Chui.
El último paso que ha realizado es recibir su nuevo chaleco para nadar, de su medida, el anterior se le había quedado pequeño, en el que ya pone perro socorrista “no tocar”. Ya con este nuevo chaleco, las entradas al agua cada vez son más largas. “Antes eran más cortas, en ningún momento quise poner al perro en riesgo”.

Próximas etapas
Una vez estrenado el chaleco, en la formación de Chui quedan varias etapas además de adentrarse distancias más largas en el mar. “Debe aprender a saltar de la embarcación cuando yo le dé la orden, ya que algunas veces irá en busca del socorrista en la lancha”.

  

Otra de las cosas que deberá aprender es a remolcar a un socorrista agarrado a su chaleco. “En cuanto comprenda qué es lo que tiene que hacer, lo hará enseguida, porque él disfruta mucho en el agua, por el momento no hicimos ninguna prueba, simplemente le lanzamos su juguete, un muñeco flotante que él trae a la orilla, nos queda cambiar el juguete por una persona”.
El juguete se lo están lanzando desde la orilla, en breve será desde la embarcación o aparecerán en el agua y el último paso es que el socorrista sea un juguete para el perro. “Hay que tener en cuenta que tanto Chui como yo somos voluntarios, lo que significa que haremos lo que necesite el personal de Cruz Roja que realiza el servicio en las playas de Chiclana, a lo mejor solo es que acompañe a las personas de movilidad reducida, lo que nos digan”, concluye el guía.

 

(Páginas 4 y 5)

 

Chui, el futuro primer socorrista canino de Cruz Roja

 

 

 

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