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Cachorros antiestrés

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Desde hace pocas semanas en la ciudad de Buenos Aires ronda una polémica en las calles. El Gobierno ha instalado en plena plaza Armenia, del barrio de Palermo, una gran cabina de cristal en la que los vecinos –además de relajarse escuchando música– pueden acariciar mascotas, generalmente pequeños cachorros, durante 15 minutos, como parte de una terapia antiestrés para contrarrestar el ritmo frenético de trabajo de una gran ciudad. 

Por Óscar REKALDE

El objetivo no es sólo paliar el estrés, sino también fomentar la adopción de perros abandonados o callejeros, ya que Argentina es el país con más porcentajes de hogares con perros, un 66%, y por ende con una de las tasas más elevada en el número de abandonos.

Según fuentes del ministerio de Ambiente y Espacio Público de Argentina, la cabina se instaló por primera vez en Palermo para que la gente sienta el cariño de las mascotas. “Los vecinos que pasan por ella viven una sorpresiva experiencia: aislados del ruido de la ciudad, y sin saber lo que ocurrirá dentro, interactúan con perros y gatos, se genera conciencia acerca de los beneficios de la adopción y la tenencia responsable de mascotas”.

El proceso es simple. Una vez que el visitante entra en la cabina y consigue relajarse, una locución pide que abra los ojos y entonces se encuentra rodeado de cachorros caninos o felinos. “En cuanto ven a los animales sus rostros muestran el cambio de ánimo, menos estrés y alegría”, señalan.

Dentro de esta gigante urna con total visibilidad desde el exterior con césped artificial, el ciudadano se coloca sobre un gran cojín, recibe auriculares con música relajante. El segundo paso es ingresar a los perros a los que los ciudadanos suelen acariciar.

Aunque el objetivo de esta urna es potenciar las adopciones y la tenencia responsable de perros, la polémica ha surgido de parte de algunos colectivos animalistas que ven un uso de los animales, incluso llegan a hablar de posible maltrato.

Las redes sociales no tardaron en calentarse, y la cabina antiestrés recibió calificativos como: “ridícula”. “una vergüenza”, “pecera contra el maltrato” o “gasto innecesario”, entre otras cosas. También hay quien critica el cambio que se está haciendo en la ciudad del zoo: “estamos erradicando el zoológico mutándolo en un ecoparque, simplemente porque los animales sufren estrés en las jaulas y ahora resulta que entran en una jaula de cristal para los estresados”. O quien pide que se atiendan primero otras prioridades: “podrían mejorar los hospitales, las veredas, los semáforos, qué sé yo.... y si el porteño está estresado que se vaya a dormir a su casa, a la iglesia o al psicólogo”, comentaba un argentino en Facebook.

El proyecto de esta cabina antiestrés no es nueva. Las autoridades argentinas copiaron la idea de una fórmula parecida que se desarrolla desde hace un par de años en la ciudad norteamericana de Los Ángeles.

Para poder entrar primero hay que llenar un formulario con los datos personales para saber si el individuo es alérgico o tiene alguna fobia a las mascotas. Tras los 15 minutos de música y acariciar al cachorro, el vecino sale de la urna y se le pregunta tanto por su experiencia como si quiere adoptar a una de las mascotas con las cuales interactuó.

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Mientras que los perros están en este habitáculo, están tratados y cuidados por distintas ONG animalistas que trabajan junto a “Mascotas de la Ciudad”. La urna es móvil y sólo está en la plaza tres horas como máximo. 

Desde el Gobierno argentino indicaron que junto a la cabina trabaja un grupo de veterinarios que vigilan la hidratación de los cachorros y la temperatura ambiente. “Gracias a esta y otras políticas, las adopciones responsables aumentaron más de un 160%”, aseguraron.

Pero otras organizaciones animalistas han puesto el grito en el cielo en defensa de los derechos de los perros. “Me parece una vergüenza que se use a cachorros de dos y tres meses para desestresar a un oficinista. Se expone a los animales a situaciones que nada tienen que ver con su esencia. Si bien es una experiencia piloto, se vulneran los derechos de los animales como si nada. Estamos analizando los pasos a seguir para frenar esta iniciativa”, aseguró Malala Fontán, titular de SinZoo, que vela por el derecho de los animales.

Otra de las críticas se centra, además de en que los animales están encerrados y ceden su cuerpo para que el usuario lo acaricie, en que se hace en forma de espectáculo, ya que fuera de la cabina los espectadores asisten a una especie de Gran Hermano, observando la vida en directo.

Con polémica o sin ella, la cabina antiestrés comenzó hace unas semanas en el barrio de Palermo y ya se ha movido por diferentes plazas de la ciudad. Siempre se coloca sin anunciar en ningún momento dónde se hará, para que siempre sea de sorpresa.

 

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