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Perros especializados identifican olores de personas concretas en las escenas de los crímenes

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La huella olfativa está presente en nosotros desde que nacemos, es propia y única de cada persona y pudo jugar un papel importante en nuestra evolución como especie. La identificación de este olor específico por parte de perros entrenados en la escena del crimen como indicios en una investigación policial o judicial no indica necesariamente una complicidad del sujeto, sino una relación directa o indirecta en la escena del delito. Esta técnica científica utiliza perros entrenados para identificar personas a través de sus olores como prueba en investigaciones criminales, complementando otras técnicas

Por Emer IGLESIAS con información de Mario ROSILLO, médico veterinario y perito en odorología forense, Argentina

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La odorología forense es una técnica científica en la que un perito realiza un informe a partir de indicios basados en hechos diferentes a los que se quiere demostrar en el juicio. En este caso sería la identificación con perros del olor humano sobre evidencias en la escena del crimen, es lo que se denomina prueba indiciaria pericial forense.
La base de la odorología forense, muy utilizada en Argentina desde hace más de 20 años, es que ““Siempre que dos objetos entran en contacto, transfieren parte del material que incorporan al otro objeto”.
En nuestro ordenamiento jurídico existe la prueba indiciaria para cuando no hay una prueba directa que pueda acreditar que una cierta persona ha cometido un delito concreto. Por ejemplo, si no hay pruebas directas de que una persona haya cometido un delito contra la salud pública traficando con droga, pero si hay indicios, estos pueden servir como medio de prueba. En este caso, la prueba en el proceso penal podría basarse en hechos como que el acusado tenga un patrimonio que ha crecido de forma rápida y que no está justificado ni respaldado por ingresos procedentes del trabajo, de una herencia, de una donación, etc.
Sin embargo, los indicios sobre olores humanos presentes en una escena del crimen detectados por perros no están aceptados en nuestro ordenamiento jurídico. En esto, países como Argentina nos lleva la delantera, sobre todo de la mano del médico veterinario Mario Rosillo, pionero y gran exponente en odorología forense.
Según indica Rosillo a LADRIDOS, “La identificación del olor de alguien en una escena del crimen no indica que esa persona sea cómplice del delito. Simplemente establece una relación directa o indirecta a la escena. La huella olfativa está presente en nosotros desde que nacemos, es propia y única de cada persona y pudo jugar un papel importante en nuestra evolución como especie”.
Pero cuáles son los fundamentos científicos de la odorología forense. Mario Rosillo nos lo indica: “Los pilares científicos de la Odorología Forense son la neurofisiología olfatoria canina y el proceso de descamación epitelial humana”.
Veamos cada una.
“La descamación epitelial es la liberación de células muertas de la piel son corneocitos, queratinocitos muertos, aplanados y maduros que han llegado a la superficie de la piel. Es una fuente principal de la mezcla de compuestos orgánicos volátiles que componen el olor humano individual.
Estas células no son estériles, están colonizadas por una compleja comunidad de microorganismos, principalmente bacterias y hongos. Estos microorganismos metabolizan los lípidos, aminoácidos y otras sustancias de las células descamadas y el sebo, produciendo una serie de Compuestos Orgánicos Volátiles (COVs).
El Humano descama 667 células por segundo, estas tienen una duración de 36 horas de vida. Son de 14 micrones y aproximadamente 0,07 microgramos.
Las células epiteliales desprendidas por la corriente termal humana son arrastradas y dispersas en el ambiente como escamas de piel (células epiteliales en proceso de descamación). Estas escamas constituyen una parte significativa del rastro de olor que dejan las personas”.
“Por otra parte la Neurofisiología Olfatoria Canina es la base biológica que explica la asombrosa precisión de los perros en la Odorología Forense. La nariz del perro no es solo más grande, sino que está organizada de manera que maximiza la captura y el análisis de moléculas volátiles”.
El perito indica que “el bulbo olfatorio es la primera estación de procesamiento cerebral para el olfato. En el perro, es proporcionalmente hasta 40 veces más grande que en el humano. Es la central de clasificación que recibe las señales de las células receptoras, lo que permite una discriminación fina entre olores muy similares”.
Por otra parte, es muy importante la proyección al sistema límbico: “La vía olfativa está directamente conectada a regiones cerebrales clave para la memoria y la emoción (como el hipocampo y la amígdala)”.
Rosillo desvela que “El perro en la Odorología forense no busca una “persona”, sino una huella olorosa única y específica. La neurofisiología apoya la Odorología forense en el cotejo de la huella olorosa, que se realiza en un protocolo controlado (ej. la rueda de reconocimiento de cilindros). El animal trabaja con la Memoria Olfativa de Corto Plazo (MOCP) y el Registro Sensorial Odoroico (RSO), para realizar la identificación de las muestras odorantes. El protocolo de Pericias, promueve el uso de 3 caninos, con un juego de frascos de vidrio esterilizados para cada perro. La prueba se realiza a doble ciego. Antes hay una prueba control”.
“Uno de los fundamentos científicos sólido es que el perro es esencialmente, un cromatógrafo de gases biológico altamente sensible y especializado, cuyo sistema nervioso está diseñado para identificar y recordar perfiles químicos con una precisión y un umbral de detección inalcanzables para los humanos. Un perro tiene una cantidad masiva de “sensores” dedicados a la detección de olores, lo que le permite detectar concentraciones de moléculas volátiles a niveles de partes por billón (ppb)”, matiza el mayor exponente de odorología forense del mundo.

Asociación Argentina de Odorología Forense (AAOF), hito histórico
La Asociación se creó formalmente en noviembre de 2025 en un evento en la Universidad Siglo 21 en Santa Fe, marcando un hito en la ciencia forense argentina, impulsada por figuras como el doctor Mario Rosillo, un pionero en la materia, buscando unificar criterios y respaldar la técnica de identificación por olores, justo antes de que el gobierno nacional aprobara un protocolo unificado para esta disciplina en noviembre de 2025. La creación de la AAOF busca profesionalizar y estandarizar el uso de esta técnica en el país, que antes carecía de regulación común, promoviendo la trazabilidad y validez de estas pruebas científicas. Asimismo, busca afianzar la investigación criminalística mediante la recolección, procesamiento y comparación de estos indicios biológicos. Su presidente, Mario Rosillo, señala que “Esta creación se enmarca en un momento de gran avance para la disciplina, ya que en noviembre de 2025 el Ministerio de Seguridad aprobó el primer protocolo nacional de Odorología Forense, unificando procedimientos en las Fuerzas Federales.

 

 

(Páginas 36 y 37)

 

 

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