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Un total de 450 hectáreas andaluzas son fumigadas con drones contra la procesionaria

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La procesionaria del pino destaca por su capacidad defoliadora y por los efectos urticantes de sus orugas, que pueden afectar a personas y ser incluso letales para animales en zonas de uso público. La actuación se enmarca en un escenario forestal cada vez más condicionado por los cambios globales y climáticos, que alteran los equilibrios naturales y modifican el comportamiento de determinadas especies que pueden provocar plagas. 450 hectáreas de Cádiz, Huelva, Málaga y Sevilla de áreas recreativas, senderos, o zonas de barbacoas y de esparcimiento humano han sido fumigadas con drones

Texto y fotos: Emer IGLESIAS

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Es la primera vez que la administración andaluza realiza tratamientos aéreos mediante drones para el control de la procesionaria del pino, una plaga que año tras año aparece en los pinares y pone en riesgo la vida de miles de perros.
Las altas temperaturas adelantan cada año la presencia de la oruga del pino. Tu mascota solo con olfatearla puede sufrir necrosis en la lengua, esófago y estómago ya que las orugas del pino desarrollan unos pelos urticantes que desencadenan reacciones alérgicas que afectan a la piel, los ojos y el sistema respiratorio.
Entre enero y abril es la temporada en la que las orugas forman sus procesiones en los pinares, pero el cambio climático ha adelantado su presencia y ya es posible verlas incluso en diciembre.
Según señala la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente de la Junta de Andalucía a través de un comunicado, “El desarrollo de este tipo de actuaciones se enmarca en un escenario forestal cada vez más condicionado por los cambios globales y climáticos, que alteran los equilibrios naturales y modifican el comportamiento de determinadas especies que pueden provocar plagas. La Junta aborda esta realidad a través del Plan Forestal Andaluz 2030 que incluye programas específicos para la protección sanitaria de la vegetación. Asimismo, la futura Ley de Montes de Andalucía reforzará este marco, consolidando una gestión que integra la conservación del equilibrio ecológico, la protección del patrimonio forestal y la seguridad de las personas”.
Dentro de estos retos, la procesionaria del pino destaca por su capacidad defoliadora y por los efectos urticantes de sus orugas, que pueden afectar a personas y animales en zonas de uso público. Aunque no suele provocar la muerte del pinar por sí sola, sí reduce su vigor y lo hace más vulnerable a otros agentes, especialmente en masas sometidas a estrés climático. Estas características justifican la aplicación de tratamientos selectivos, especialmente en áreas recreativas, senderos, zonas de barbacoas o espacios donde se concentra la presencia humana, con el fin de preservar tanto el arbolado como la salud pública.
La Junta de Andalucía ha desarrollado durante los meses de noviembre y diciembre la campaña de tratamientos aéreos mediante drones para el control de la procesionaria del pino. Una técnica que por primera vez es utilizada por la Administración forestal andaluza para este fin. La actuación, aplicada en cerca de 450 hectáreas distribuidas por las provincias de Cádiz, Huelva, Málaga y Sevilla, forma parte del Plan de Aplicación Aérea aprobado por la Dirección General de Política Forestal y Biodiversidad en julio de 2025, que regula los trabajos contra la procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa Schiff.) y la lagarta peluda (Lymantria dispar L.) en Andalucía.
La Junta indica que “el uso de aeronaves pilotadas por control remoto se consolida como una herramienta especialmente precisa y respetuosa. La técnica empleada, de Ultra Bajo Volumen, permite una pulverización homogénea que optimiza la eficacia del tratamiento y reduce significativamente la cantidad de producto aplicado. El formulado utilizado, basado en cipermetrina al 0,35%, cuenta con registro oficial para el control de esta plaga y resulta adecuado para masas forestales donde se requiere una intervención selectiva y ajustada a la normativa vigente. Las fechas elegidas, entre noviembre y diciembre, coinciden con un momento en el que la procesionaria se encuentra en fases larvarias, lo que permite un control más efectivo mediante este tipo de aplicaciones aéreas, siguiendo criterios de sanidad forestal ampliamente establecidos.
Cada vuelo genera un registro técnico detallado que recoge datos como la anchura de las pasadas, la superficie cubierta o el volumen de caldo aplicado. Este sistema garantiza un seguimiento exhaustivo y refuerza tanto la precisión del tratamiento como la trazabilidad de todo el proceso. La metodología es especialmente útil en zonas donde la maquinaria convencional encuentra limitaciones por la densidad del arbolado o la propia presencia de visitantes. Las aplicaciones se iniciaron en Huelva el 6 de noviembre y han continuado por el resto de las provincias hasta completar todas las áreas programadas.
En la provincia de Cádiz, los tratamientos se han concentrado en dos grandes zonas forestales. Una de ellas es Huerta Grande, en Algeciras, donde se ha actuado sobre 0,86 hectáreas. La segunda se localiza en el espacio natural de Doñana, con aplicaciones en el pinar de La Algaida, en Sanlúcar de Barrameda, que se extiende por 47,56 hectáreas, así como en el monte de La Rocina, en Almonte, donde se han tratado 17,88 hectáreas.
Huelva reúne el mayor número de áreas incluidas en esta campaña. Se ha intervenido en la Dehesa de Aljaraque, con 5,15 hectáreas tratadas, y en distintas zonas del Campo Común de Abajo, en Cartaya, que suman 29,16 hectáreas. También se han realizado aplicaciones en el pinar de Hoyo de la Arena, en Rociana del Condado, con 3,55 hectáreas; en Madrona y Valpajosa, en Lucena del Puerto, con algo más de cuatro hectáreas; en el paraje Solano del Molino, en El Granado, con 3,23 hectáreas; y en dos zonas de Hinojos, Los Propios y Moreras, que superan en conjunto las 37,00 hectáreas. A todo ello se suma la intervención efectuada en El Ejido y La Sierra, en Higuera de la Sierra, donde se han tratado 20,01 hectáreas.
La provincia de Sevilla ha sido objeto de tratamiento en el pinar de Doña, en Utrera, donde se ha intervenido sobre 16,57 hectáreas. Málaga, por su parte, concentra algunos de los bloques de mayor extensión, como la Dehesa del Mercadillo, en Ronda, con 119,78 hectáreas. También se han tratado los pinares de El Pastor, El Cerrado y Lo Mota, en Málaga capital, que suman 43,96 hectáreas; Sierra Tejeda, en Sedella, con 28,13 hectáreas; y el Pinar del Hacho, en Antequera, con 72,10 hectáreas. En conjunto, la superficie ejecutada asciende a 449,21 hectáreas.

El desarrollo de estas actuaciones contribuye a consolidar una visión integral de la gestión forestal andaluza en la que la salud de los bosques se vincula directamente con la salud de las personas, la fauna y los ecosistemas. Este enfoque, alineado con los principios de One Health (Una Sola Salud), orienta muchas de las políticas impulsadas por la Consejería, que trabaja para adaptar los montes andaluces a un contexto climático cada vez más exigente y para asegurar su conservación y uso social en las mejores condiciones.

 

(Páginas 14-16)

 

 

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