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¿Desaparecerán los perros de rescate?

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Científicos de ETH Zurich, dirigidos por Sotiris Pratsinis, Profesor de Ingeniería de Procesos, han desarrollado un dispositivo minúsculo y económico dotado de sensores químicos que detectan los marcadores metabólicos emitidos por la respiración y la piel destinados a encontrar personas desaparecidas en catástrofes como terremotos o avalanchas. Aunque los investigadores reconocen que los perros de rescate entrenados son los mejores rastreadores en casos de desastre, lo cierto es que este avance, si se generaliza, puede hacer innecesaria su presencia. 

Por Carlos XESTAL

Según el investigador, “los recientes terremotos de México (2017), Italia (2017) y Nepal (2015) con miles de muertes demostraron una vez más el grave potencial destructivo de los desastres naturales. Causaron más de 780 000 muertes en la última década y, de manera alarmante, este número puede aumentar dado el avance de la urbanización y la vulnerabilidad de las ciudades más pobladas situadas en las líneas de falla (por ejemplo, Tokio, Los Ángeles o Delhi)”.
Después de un terremoto, muchas víctimas quedan atrapadas bajo edificios colapsados y necesitan ayuda rápida, ya que las tasas de supervivencia disminuyen drásticamente en las primeras horas. “Indispensable para la búsqueda y el rescate urbanos (USaR) son los caninos con su capacidad superior para olfatear a los humanos atrapados de su olor. Sin embargo, su disponibilidad y tiempo operacional son limitados y son bastante sensibles al estrés”, matiza, además de las polémicas y la reacción de la sociedad cuando uno de estos muere en una de sus misiones, como ocurrió en México.
En la actualidad los equipos de rescate usan una serie de georradares que se basan principalmente en sondas ópticas y acústicas, pero “pueden no ser adecuados para el barrido rápido de grandes áreas, especialmente con acceso visible limitado o con víctimas inconscientes incapaces de dar señales acústicas”.
Por este motivo, el reconocimiento químico de la firma volátil única de los humanos podría mejorar las herramientas de los servicios de rescate agregando un “tercer sentido”, similar a la nariz sofisticada de los perros. Estos nuevos sensores químicos a través de la detección combinada de trazadores metabólicos emitidos por la respiración y la piel como son acetona, amoníaco e isopreno procedentes de la lipólisis, del metabolismo de proteínas y de la biosíntesis de colesterol, respectivamente, marcarán signos de vida sepultadas.
Los nuevos dispositivos de gas son claramente selectivos para el seguimiento rápido de humanos atrapados. “Constan de tres sensores de gas hechos a medida previamente desarrollados, que ofrecen alta sensibilidad y selectividad a los marcadores metabólicos de acetona, amoníaco e isopreno. Estos sensores consisten en películas de óxido de metal altamente porosas y nanoestructuradas que son quimiosistivos y ofrecen un área de superficie alta para detectar trazadores incluso a las concentraciones más bajas de los indicadores”.
Cuando se probaron en seres humanos encerrados en cámaras de pletismografía para simular atrapamiento, este conjunto de sensores detectó rápidamente bajas concentraciones de acetona, amoníaco e isopreno inferiores con alta precisión, y como resultado los investigadores han diseñado “un conjunto de sensores de bajo costo que se puede integrar fácilmente en detectores de mano o incluso transportados por drones para que los primeros equipos de rescate puedan explorar rápidamente el terreno afectado”, matiza el equipo dirigido por Sotiris Pratsinis.
“Nuestra combinación de sensores fáciles de manejar es, de lejos, el dispositivo más pequeño y económico que es lo suficientemente sensible para detectar personas atrapadas. En un siguiente paso, nos gustaría probarlo en condiciones reales, para ver si es adecuado para su uso en búsquedas después de terremotos o avalanchas”.
Por el momento este dispositivo de sensores químicos se ha probado con nueve voluntarios que se encerraron individualmente en una cámara pletismográfica para imitar las condiciones de atrapamiento, por espacio de 120 minutos, primero con solo piel y luego con emisiones de aliento y piel. Uno de los voluntarios retiró por error la salida de la máscara después de 80 minutos (en lugar de 60 minutos), por lo que su fase de emisiones de piel solamente duró más. El conjunto de sensores “reconoció” correctamente las emisiones prolongadas de la piel. Este error demuestra, segun los investigadores, cómo la “nariz química” es efectiva en la búsqueda de personas vivas sepultadas tras catástrofes naturales como lo son los perros de rescate.

¿Y LOS CADÁVERES?

El nuevo dispositivo diseñado por la ETH Zurich es un buen mecanismo para la búsqueda de personas vivas sepultadas en avalanchas, ya que se basa en marcadores metabólicos de los individuos, marcadores que solo se emiten cuando hay vida. En todas las catástrofes naturales los primeros esfuerzos se centran en encontrar personas vivas bajos los escombros, pero en una segunda etapa el objetivo es descubrir cadáveres que se puedan recuperar, tanto por las familias como para evitar problemas de epidemias o propagación de enfermedades. Para estos casos los perros siguen siendo fundamentales y, por el momento, no hay nada que los sustituya.

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