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15 perros y 7 guías caninos vigilan por la seguridad de la base aérea de Morón 

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La unidad cinológica de Morón conformada por 15 perros (cinco pastor alemán, 9 malinois y un pastor belga) junto a siete guías caninos (un brigada responsable del grupo, cinco cabos y un soldado) está centrada en servicios de protección de la unidad de la Base aérea de Morón y Ala 11. En un terreno de 1.400 hectáreas con un total de 1.200 personas, mil de ellas militares, la Unidad Cinológica ha conseguido “arrebatar” una pequeña parte de este espacio para unos parques caninos donde los perros ganan en calidad de vida y se olvidan de sus estereotipas.

Texto: Emer IGLESIAS / Fotos: Miguel PELE

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Son las nueve y media de la mañana de un viernes cualquiera de otoño y la aproximación a la Base Aérea de Morón de la Frontera, que en realidad está ubicada en el término municipal de Arahal, Sevilla, está rodeada de estrictas medidas de seguridad.
En el puesto de identificación nos espera el brigada Portela, responsable de la Unidad Cinológica del Ala 11, ubicada en la Base. Tras entregar de manera minuciosa toda la documentación pertinente, tanto de los redactores como del vehículo en el que viajamos, pasamos por el control de seguridad sin problema y después de recorrer unos seiscientos metros se comienzan a oír ladridos de perros: hemos llegado al área del servicio cinológico.
Cinco guías caninos están inquietos por mostrar su trabajo diario con sus perros. Son los cabos Torre, Madroñal, Márquez y Velázquez y el soldado Romero. Cada uno tiene asignado más de un animal. “Hay falta de personal, por lo que en estos momentos tenemos dos perros operativos más sin guía fijo, espero que en octubre se incorporen dos personas más a la Unidad y lo solucionemos”, matiza el brigada Portela.

Experiencia
Aunque en el equipo reina la juventud, la experiencia es su carta de presentación. Desde los 16 años que llevan el brigada y la cabo Madroñal, a los tres del soldado Romero, pasando por los nueve de la cabo Márquez, los ocho del cabo Torre o los cinco del cabo Velázquez, dejan bien claro que aquí no queda nada al azar.
Los perros son su vida, dentro y fuera de la Base, y lo demuestran con su dedicación, miradas de complicidad entre los canes y los militares y, cómo no, con un trato y preocupación exquisitos por el bienestar animal.
Tras años de reivindicaciones y peticiones, uno de sus últimos logros es gestionar unos parques caninos donde sus compañeros de cuatro patas disfrutan de espacio desde primera hora de la mañana.
“En nuestro día a día, lo primero que hacemos es sacar a los perros de las perreras a los parques, donde los animales han ganado mucho en calidad de vida, los perros y nosotros, porque han perdido todas las estereotipas que pudiesen tener”, relata el brigada.

Controles
Su trabajo se centra en la protección de la Unidad, por lo que hacen controles en las entradas y salidas, en los despegues o aterrizajes de alguno de los 38 aviones de caza y ataque C.16 Eurofighter con los que cuenta esta unidad. También a los los diferentes vehículos del Ala11, como camiones de bomberos, de repostaje, de transporte de personas o material, vehículos de policía aérea, de remolque de aeronaves, ambulancias...
Y por supuesto en los numerosos edificios que hay dentro de los 23 km de perímetro que tiene la Base destinados a servicios como labores administrativas, hangares para aeronaves y vehículos para sus revisiones y reparaciones, alojamientos para el personal destinado, consultas sanitarias, capilla, instalaciones deportivas, restauración y alimentación, retenes de bomberos…
Vamos, que no queda nada en la Base sin someterse a la trufa de estos 16 perros que entrenan a diario.
“Si hay algo programado, algún servicio de semana, vamos con los perros y lo hacemos, si no, tras sacarlos a los parques y limpiar las perreras, nos centramos en la formación, en mantener su operatividad”, relata Portela.
En estos momentos, el cabo Torre tiene asignados tres perros de explosivos, ya que cuenta con un cachorrito pastor belga de ocho meses en formación destinado a sustituir a un mali de siete años que pronto se jubilará.
“Como los perros no van al mismo nivel, la formación la adaptamos a cada uno”, matiza el Cabo. También detección de explosivos es la especialidad de los dos perros que tienen asignados cada una de las dos mujeres de la unidad, las cabo Márquez y Madroñal.
El resto están preparados en seguridad y combate, también la jubilada Ruleta, una mestiza de mali de nueve años que busca familia.

Habilidades
Una vez conocidos todos, llega la hora de que los perros muestren al fotógrafo sus habilidades. El primero en salir es Zeus, un mali de tres años especializado en seguridad y combate con el cabo Velázquez, que lleva cinco años como guía en la Unidad Cinológica del Ala 11.
Su misión es impresionar a la cámara con su obediencia, soltura y equilibrio superando obstáculos. Responde en décimas de segundo a las órdenes de su guía esperando su juguete y se activa como una moto cuando ve una pasarela de madera donde subir. La velocidad es su aliada y antes de que dé tiempo casi ni a mirar ya está esperando su mordedor, que coge con fuerza y casi vuela jugando con el cabo.

Intruso
Pero aquí no acaba su demostración. El equipo descubre que hay un intruso en un vehículo y le pide que salga despacio. El sospechoso intenta escaparse corriendo y no responde a la petición de alto, por lo que, a la orden del cabo, Zeus lo inmoviliza sin problema utilizando su boca en el muslo del figurante. Un peligro menos para la Base.
Cambio de raza y de género. Gina, una preciosa pastor alemán de cinco años con su guía la cabo Márquez que lleva nueve años en la Unidad, está saltando junto a la militar. Sabe que es su hora y no quiere despistarse ni un milímetro de su trabajo. Márquez le indica un vehículo aparcado a unos 50 metros y sale como un cohete, lo rodea con su nariz concentrada en cualquier rincón de la furgoneta y para en seco marcando con su trufa una rueda. Tras el éxito, otro perro que va en busca de su juguete favorito.
Aunque el marcaje es claro, el sistema de trabajo utilizado exige que otro perro confirme si es correcto o no. Aparece en escena Arada, una malinois de tres años junto a su guía, el cabo Torre que lleva 8 años en la Unidad. Arada rodea la furgoneta y se coloca como una estatua prácticamente igual que Gina junto a la rueda trasera. La detección es clara, la perra se va en busca de su mordedor y el equipo debe llamar a los Tedax de la Guardia Civil para que se hagan cargo.
Los binomios perro-guía tienen que pasar cada dos años unos controles de calidad para comprobar que su operatividad sigue intacta. “Si estos exámenes están cerca, buena parte del entrenamiento está dirigido a prepararlos, en caso contrario a un mantenimiento de la formación de los perros”, concluye el brigada Portela.

EL EQUIPO
Explosivos:
Cabo Torre con Arada, malinois de 3 años; Shals, malinois de 7 años y Oreo, pastor belga de 8 meses en formación.
Cabo Márquez con Gina, pastor aleman de 5 años, y Ankel, malinois de 3 años.
Cabo Madroñal con Taco, pastor alemán de 6 años y Gitanatana, malinois de 1,5 años en formación.
Seguridad y combate:
Cabo Velázquez con Mike, pastor alemán de 5 años, y Zeus, malinois de 3 años.
Cabo Moreno con Sombra, pastor alemán de 6 años y Tango, malinois de 6 años.
Soldado Romero con Zendra, malinois de 3 años y Shisha, malinois de 7 años.
Sin militar asignado:
Verona, malinois de 4 años y Vans, pastor alemán de 4 años.
Ruleta, malinois de 9 años en adopción.

 

 

(Páginas 4-7)

 

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