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Konrad Lorenz, uno de los pioneros de la etología

 

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Al austriaco Konrad Zacharias Lorenz desde muy joven le apasionó la historia natural y la observación del comportamiento animal, tanto los aspectos heredados del comportamiento como los modificados por la experiencia. Reconocido como uno de los pioneros de la etología, influyó en los inicios de la historia del adiestramiento canino. Partía de la base de que los animales experimentan muchas emociones humanas y sus investigaciones se centraron en los comportamientos en su hábitat natural

Por ANACP

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El enfoque de Lorenz a la etología proviene del escepticismo hacia los estudios de comportamiento animal realizados en laboratorios. Consideraba que, para comprender los mecanismos del comportamiento animal era necesario observar toda una gama de comportamientos en su contexto natural, para ello empatizó con los animales usando la antropomorfización para imaginarse sus estados mentales, convencido de que los animales experimentan fácilmente muchas de las mismas emociones “humanas”.
Estudió Medicina en la Universidad de Columbia, especializándose en anatomía comparada, psicología y zoología. Al finalizar sus estudios reglados, Lorenz trabajó en el departamento de psicología comparada en Konigsberg, dirigió el Instituto de Psicología Comparada de Altenburg, el Instituto Max Planck, el departamento de sociología animal del Instituto de Etología comparada en la Academia Austríaca de Ciencias, fue miembro de la Royal Society, obtuvo el premio Kalinga de la Unesco y en 1973, junto a Nicholas Tinbergen y Karl Von Frisch, recibió el Premio Nobel de Medicina por sus descubrimientos sobre la organización y elicitación de patrones del comportamiento individual y social.
En 1940 se convirtió en profesor de psicología en la Universidad de Königsberg. Planteó junto con su maestro Oskar Heiroth, los patrones fijos de conducta en los animales como concepto fundamental de la etología, definiéndolos como respuestas instintivas y preprogramadas que se producen en respuesta a estímulos ambientales específicos.
Las aportaciones de Lorenz en torno al imprinting (impronta) y otros fenómenos similares se opusieron al conductismo, que rechazaba el papel de los instintos en la conducta. Lorenz también exploró el comportamiento agresivo en animales, observando que la agresión dentro de una misma especie tiene una función evolutiva y no siempre busca matar al otro, acuñando conceptos como territorialidad, jerarquía e inhibición. Todo ello le condujo a elaborar una moderna teoría de los instintos, entendidos como mecanismos desencadenantes innatos o comportamientos heredados que pueden desencadenarse incluso en ausencia de estímulos específicos exteriores, debido a una acumulación de energía de reacción.

Patrones de conducta
Los trabajos de Lorenz han servido para establecer una relación entre la zoología y las ciencias del comportamiento, han hecho posible el conocimiento y la comprensión de muchos patrones de conducta animal y nos ha ayudado a explicar por qué los perros tienen respuestas instintivas a ciertas señales como enterrar huesos, agruparse para dormir, ladrar a los extraños, etc.
En 1950 publicó su obra de obligada lectura para los amantes de los perros “Cuando el hombre encontró al perro” en la que nos conduce hasta los orígenes del encuentro entre el hombre y el perro, cuando se estableció la relación entre nuestros antepasados y el chacal y el lobo. Estos orígenes han influido en todas las formas complejas de comunicación, obediencia, odio y fidelidad, que ha ido configurando la historia entre el hombre y el perro.
Konrad Lorenz falleció el 27 de febrero de 1989 en Altenberg (Austria) un lugar en plena naturaleza rodeado de bosques, arroyos y muy cerca de animales domésticos y salvajes.

Lorenz nos dejó estas palabras, llenas de sabiduría de quien conoce la importancia entre la relación humano-perro: “La fidelidad de un perro es un don precioso que impone obligaciones morales no menos imperativas que la amistad con un ser humano. La vinculación afectiva con un perro fiel es tan ‘eterna’ como puede serlo cualquier otra entre seres vivos de esta tierra. Esta es una consideración que debería tener en cuenta todo aquel que se dispone a adquirir un perro”.

 

(Páginas 22 y 23)

 

 Turid Rugaas, pionera en las señales de calma

 

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