Un estilo de peluquería difícil de encontrar: peinar y cortar a los perros de agua
Las mascotas ya son parte de la familia en la mayoría de hogares en los que conviven con humanos. Hay servicios esenciales mucho más complicados en unas razas que en otras, como la peluquería en los perros de agua, con rastras, rizos y hasta perilla. La raza requiere un estilo de peluquería muy especializada que es difícil de encontrar
Por Emer IGLESIAS / Fotos: Miguel PELE
Son las 11 de la mañana de un viernes cualquiera y una peluquería de la localidad coruñesa de Pontedeume ya ha ‘aseado, cortado y peinado’ a varios perros de agua, unos de los más complicados de tratar.
Según la dueña de ‘EumeCan’, el servicio que se hace a los canes es lo que en verdad diferencia a una peluquería de otra. Y dentro de todas las razas destaca el perro de agua por sus rizos y rastas. “Es un trabajo totalmente artesanal, no se usan herramientas, tu herramienta son tus dedos a excepción de las tijeras”, señala Berta a LADRIDOS mientras trabaja con Xouba, una perrita de esta raza de cuatro años y de color marrón que todas las semanas va a la playa a jugar, por lo que tiene que tener el pelo corto para que seque rápido.
Cuando nosotros llegamos a las 11 de la mañana, Xouba ya había sido bañada y estaba en la cabina de secado toda tranquila.
“Los secamos muy despacio, para que no se inquieten, además los rizos quedan mucho más definidos y más bonitos así”.
Tras el baño se quedan muy relajados y permiten que se les haga de casi todo.
Es la hora de sacar a Xouba de la cabina de secado y subirla a una mesa de trabajo. Sale feliz, está viniendo a esta peluquería especializada en perros de agua desde que tenía cinco meses, y ya casi es como de casa.
Los dedos de Berta resbalan por los rizos de Xouba y va matizando el precorte que le hicieron antes de entrar a la bañera. “Los rizos necesitan mucha higiene, si están sucios huelen mal, hay que evitar que se hagan nudos”.
Pero no todas las peluquerías se atreven con esta entrañable raza. “Algunos ya ni lo intentan, cada perro tiene sus propias necesidades, no por ser perro de agua ya se cortan igual, cada uno exige un tipo de trabajo diferente con él, distintos acabados”. En general es el dueño el que pide lo que quiere que le hagan a su mascota, “si se puede conseguir lo intentamos o lo hacemos, pero tiene que haber un consenso entre los propietarios y nosotros que le explicamos las características específicas”, matiza Berta.
Por ejemplo, hoy una vez que acabó con Xouba tras unas dos horas de trabajo le toca el turno a Oli, un macho de agua de cuatro años que lleva rastas en la cabeza y en la cola y se ‘está’ dejando perilla como su dueño.
“Es muy amoroso, pero como tiene problemas en la piel sobre todo de picores, primero le dimos un baño de ozonoterapia que les calma mucho”.
Para estos perros utilizan exclusivamente un champú texturizante que aunque no es específico para perros de agua, les hidrata mucho el pelo, no reseca y les va muy bien.
Este centro de belleza canino tiene una configuración muy abierta, con cristalera al exterior en todo el local que contribuye a la calma de los perros. “Muchos se entretienen mirando fuera y no se ponen inquietos, entre cuatro paredes cerradas se estresan bastante”.
La peluquería lleva abierta menos de cinco años. Sus propietarios, Berta y su marido, optaron por dejar sus anteriores trabajos en los sectores de comercio y hostelería y montar esta pequeña peluquería que tiene citas a veces hasta con cuatro meses de antelación.
“Nuestros clientes vienen de muy lejos, de diferentes puntos de la geografía gallega, porque les gusta el servicio que les ofrecemos, unos hasta viene en autocaravana la noche anterior y duermen aquí cerca. Nosotros tenemos que valorar el trabajo que damos, sobre todo, por la economía, por el tiempo y por el propio perro”.
Cuando llega un pequeñajo de cuatro patas con rastas es lo que más alarga el servicio. Puede ser entre tres y cinco horas, depende de cómo llegue. Si tiene un buen mantenimiento y acude todos los meses, o cada mes y medio a la peluquería, con una hora y media es suficiente.
Oli con sus rastas a punto y su perilla recortadita ya espera la llegada de su dueño. En cuanto lo ve a través del cristal se pone todo contento ladrando, casi aullando, con sonido de felicidad. Este trabajo, con baño de ozonoterapia incluida, son 55 euros por un perro limpio y sano listo para presumir de sus rizos.
“CUALQUIERA PUEDE MONTAR UNA PELUQUERÍA”
Berta reivindica la formación en el sector, una formación con personas de referencia en la profesión. “Yo hice cursos, seminarios, me fui con un criador una semana a su casa, pero para perros de agua hay que empezar casi desde cero. En Galicia, por ejemplo, no hay nadie que te forme de manera específica para esta raza, los cursos son muy genéricos. Mi marido se fue a Gerona. Antes de abrir me formé mucho. Legalmente cualquiera puede abrir una peluquería, la diferencia es el servicio que das, es el paradigma de esta profesión, que hay gente trabajando sin formación y luego vienen los problemas.
(Páginas 20 y 21)
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